24 de agosto de 2016

Críticas de libros: Canción de Fuego y Hielo 1: Juego de Tronos, fantasía épica oscura

Juego de Tronos es una de las obras más destacables del panorama literario de los últimos años. En esta crítica, hablo del primer volumen, aprovechando que recientemente ha cumplido veinte años. Fuente.
“Cuando se juega al juego de tronos sólo se puede ganar o morir”- Cersei.

Canción de Fuego y Hielo es una saga que supone una serie de triunfos tanto para George R.R. Martin como para el propio género: acercar un tipo de literatura tan injustamente maltratado como la fantasía épica a todo el público y hacerle valer lo que se merece es todo un logro.

Y todo comenzó hace veinte años con la publicación de Juego de Tronos, el primer volumen de una ambiciosa historia que relataría el enfrentamiento entre los reinos de Poniente y lo que hay Más Allá del Muro, centrándose no solo en los hechos, sino desarrollando a una serie de interesantes personajes que nos hacen validar una vez más el talento de R.R. Martin (The Ice Dragon, La muerte de la luz, Sueño de Fevre...).

El encumbramiento en ventas y la llegada de la adaptación televisiva de HBO han transformado a Canción de Fuego y Hielo en todo un éxito de ventas y crítica, un fenómeno que ha enganchado a millones de seguidores de todo el mundo que, cual Annie Wilkes de Misery, le piden a George R.R. Martin que siga su historia incluso cuando la serie se ha adelantado.

Pero regresando a Poniente, todo comienza en Juego de Tronos con una peligrosa expedición de la Guardia de Noche y la recuperación de un temor sin nombre… Es el inicio de la partida.

“El bosque es el matadero de los dioses”- Varys.

La historia tras Poniente


Basándose en hechos reales como la Guerra de las Dos Rosas que enfrentó a la Casa Lancaster y la Casa de York y tomando la libertad de su preciado género fantástico, George R.R. Martin se embarcó en 1996 en la aventura de narrar la guerra entre diferentes dinastías por el Trono de Poniente y lo que supone para los personajes de este mundo de corte fantástico medieval.

En Poniente, hay poca cabida para la esperanza. Y aunque habita la magia, esta lo hace de una forma sutil y casi escalofriante; pocas veces, arregla la situación. Da la sensación de que la historia transcurre después del final feliz. Otros autores hubieran hecho su saga sobre la rebelión contra el Rey Loco y hubiese terminado con Robert en el trono y Ned en Invernalia, sin embargo, comienza con lo que ocurre años después de esa revuelta, sobre cómo estos personajes no saben vivir en paz y sobre cómo este mundo ha visto días mejores. Y Martin somete a la fantasía épica, a menudo, a una desconstrucción o humanización que, para los seguidores de los cómics, nos evoca a autores como Alan Moore y cómo sometió a juicio a los superhéroes con el clásico Watchmen, que también es una historia sobre perdedores que lo ganaron todo.

El talento narrativo de George R.R. Martin es loable; pocas novelas de su densidad y nivel de páginas llaman de la misma manera que lo hace la obra de este autor estadounidense que ha demostrado un apetito voraz a la hora de concebir grandes historias, colosales tragedias cuya envergadura hace divagar a la mente de cientos y cientos de seguidores en todo el mundo. No hablamos de un escritor cualquiera, hablamos de alguien que se forjó a sí mismo escribiendo relatos, novelas y guiones. Conoce su trabajo. Sabe construir su obra de un modo que parece simple (capítulos más o menos cortos, buenos diálogos, buena prosa…), pero que nos entrega a cada una de sus líneas. Cada uno de los capítulos, bien podría ser un relato corto dedicado a estos personajes. Y su lectura, pronto, se convierte en adictiva para cualquier lector que desee disfrutar de Poniente y lo que hay más allá.

“—En la batalla, sigue siempre al hombre más grande.
—¿Y eso por qué? —Tyrion lo miró con el ceño fruncido.
—Son un blanco magnífico”.
Bronn y Tyrion.

Todo esto sin descuidar el estilo. La prosa de George R.R. Martin (y basta ver todas las citas que rescato de la obra) nos honra con buenos diálogos, descripciones y fragmentos que el lector desea guardar consigo. Desde el amplio proceso de documentación para describir una justa hasta los adjetivos elegidos para definir uno de los copiosos banquetes de los personajes. A su vez, caracteriza a los personajes con un modo de hablar, desde el más refinado de personajes como Cersei pasando al talante brusco de Tywin, la estrategia de Tyrion, la humanidad de Eddard, la rabia de la Montaña, la humanidad del mercenario Bronn, la niñez de Bran

Por mucho que se critique el aire culebronesco de la saga (y que poco importa, ¿qué no es un culebrón hoy, en tiempo de sagas y héroes de numeración infinita?), hay talento en Martin, hay justificación para todo este fenómeno y es un placer vivir en los tiempos en los que se espera que este autor siga haciéndonos escuchar el sonido de las espadas, los llantos y la magia que rodean su mundo.

Como ya mencionaba, la trama argumental de Juego de Tronos podría considerarse un culebrón para muchos debido a las relaciones entre los personajes, los giros y demás, pero ¿qué saga no lo es? Acaso, ¿el formato de saga no requiere de ciertos hilos argumentales que se mueven entre sí? Esto es lo de menos. Lo importante es engancharse y disfrutar de las vicisitudes de personajes como Jon, Tyrion, Bran, Eddard, Catelyn y compañía.

Otra de las portadas de la saga, dedicada nuevamente a Jon y su fiel huargo, Fantasma. Fuente.

Personajes reales en la fantasía


Pocas cosas nuevas se pueden decir de una obra tan idolatrada como Juego de Tronos, pero me gustaría reivindicar el punto fuerte que hace que toda la saga se cimiente. Sí, tenemos grandes aventuras, sucesos y demás, pero lo que llama realmente son los personajes y sus relaciones. George R.R. Martin es un maestro a la hora de conjugar todas estas piezas.

Y es que la caracterización de los personajes es uno de los puntos más asombrosos de la serie y es lo que hace que leamos sin parar. Hay grandes sucesos y revelaciones: el encuentro de los huargos, el origen de los hijos de Cersei, la lucha contra los Otros… Y aunque todos esos instantes guardan magia por sí mismos, lo que más me complace es que los personajes que los protagonizan me parecen verdaderamente humanos y no guiñapos sin carácter.

Desde personajes en apariencia trágicos como Jon o Eddard pasando a ese personaje digno del teatro clásico, ese rey deconstruido que es Robert Baratheon, hasta llegar a seres más ambiguos como Meñique. Cada uno de ellos, incluso el mayor enemigo como Jaime o roles complicados como el de Daenerys, puede llegar a ganarse cierta empatía por parte del lector. Al final, no parecen haber buenos ni malos, porque podemos recriminarle a Catelyn lo que hace, por ejemplo, y también llegar a entenderla. Y todo esto aderezado con sorpresas que sacuden al lector. Muchos esperarían que tal personaje se salve o llegue hasta el final de la historia y no, George R.R. Martin decide dar un golpe en la mesa y hacer lo que le place. De ahí esa crueldad, como la denominan muchos, de ahí esa grandeza como la denominamos otros que posee la pluma de Martin.

Además, estamos ante una novela de fantasía donde se nota el proceso de creación del mundo: tribus, mitologías, reinos, leyendas, hechos históricos… Esto que se antoja para el insensato como algo tan simple, no lo es, porque hace que aprendamos lo que hay detrás de su obra sin que ni siquiera nos lo propongamos y nos convertimos en un habitante más de Poniente. Muchas obras de fantasía fracasan porque, por mucho que tengan una mitología detrás, tal vez esta no dice nada al lector (se me ocurre Elantris, en mi caso), pero no es así en Juego de Tronos, donde apreciamos la historia de los personajes del presente, pero también los del pasado: como Aegon el Conquistador o la rebelión contra el Rey Loco. ¿Y cómo lo consigue? Porque nos importan los personajes marcados por esos hechos y por un narrador que teje su telaraña con gran destreza.

“No hay criatura en la tierra tan aterradora como un hombre justo”- Varys.

Portada del primer volumen de la saga Canción de Fuego y Hielo,
donde vemos a Jon y Fantasma en el Muro. Fuente.

Rompiendo lanzas


La imaginación desmedida de George R.R. Martin puede resultar abrumadora para muchos cuya mente se reduzca a lo simple, a lo ya preparado… Pero, personalmente, opino que es uno de los grandes dones de este narrador a la hora de no solo crear un mundo, sino crear un mundo realista con personajes con los que empatizamos (la carencia de estos aspectos es lo que trae la pobreza a la fantasía épica). En serio, prefiero que me ofrezcan algo nuevo que requiera que me involucre en la historia al hecho de desconectar y leer el mismo libro cientos de veces, como parece que prefieren algunos acostumbrados al librito de moda, que parece redactado reemplazando nombres y un par de frases, pero donde nunca se detecta la ambición, la estrategia y la creación que hay en autores como Martin. Por favor, dadme más obras con el valor y la ambición de Juego de Tronos, El Señor de los Anillos, Eso (It) o similares, quedaos si queréis con la tontería banal de turno. Quiero vivir esos mundos donde noto la sangre y el sudor del escritor en cada muestra de tinta.

Y es que (pobre de mí, que me gusta el riesgo) he leído algunas críticas que no aceptan la extensión de Juego de Tronos, su ingente número de personajes o la calidad de Martin para no someterse a los veredictos más comerciales. Desdeñan la ambición de la creatividad, ¿qué mundo es este, por tanto? Sin duda, estupendo que cada uno tenga su opinión en este aspecto, aunque esta falta de implicación del lector en una novela me parece un signo de los tiempos. ¿Tan difícil es aceptar y pasarlo bien con la lectura de una novela gigantesca que es, más que un montón de papel, una puerta a otro mundo? ¿Por qué nos negamos a habitar en esos territorios amplios e inexplorados que nos abren autores de la talla de Martin a través de su fantasía? ¿Por qué no viajar por Poniente, visitar Desembarco del Rey, temblar de frío en el Muro, perderlo todo en Invernalia?

Juego de Tronos se ha convertido en un fenómeno editorial que ha marcado un antes y un después en el género de la fantasía épica. Fuente.
La pasión que ha levantado Juego de Tronos ha convertido esta obra en un fenómeno. Muchos lectores de género fantástico han encontrado un baluarte de un nuevo estilo más sucio y oscuro en muchos puntos. Otros lectores que jamás leían este tipo de obras se han iniciado gracias a Canción de Fuego y Hielo. Un fenómeno, como decía, y no solo por los múltiples premios como el Hugo o por la serie de televisión de la HBO, sino entre el fandom que siempre desea seguir descubriendo más y más. Una vez leído el primer volumen y revisitada la primera temporada, cabe destacar que la primera temporada de la serie, aún con ciertas licencias, fue bastante fiel a la obra original (quizás se omite una batalla, algún personaje muy secundario, el sexo no es tan directo, no hay sueños ni profecías al nivel del libro…), pero sigo considerándola una buena adaptación (al menos, en esa primera temporada).

Tal es el poder de Martin que muchos seguidores se convierten en ese salvaje marajá que amenazaba a Sherezade con la muerte a menos que le distrajesen. Muchos acusan a Martin de no escribir con la rapidez necesaria y, aunque puede ser hasta cierto punto comprensible, considero que es mejor que Martin se tome su tiempo, se centre y termine su historia a que lo haga mal.

A su vez, han surgido dignos herederos de este estilo de fantasía oscura como es el autor Joe Abercrombie, que, con sagas como la Primera Ley o la Trilogía del Mar Quebrado, ha calmado el hambre de esos lectores que siguen buscando la oscuridad dentro de la fantasía y la magia.

A la espera de que Canción de Hielo y Fuego finalice algún día, siempre es un placer volver al primer ejemplar, a Juego de Tronos, donde se colocaron las primeras piezas y recordamos que el invierno se acercaba. Y ahora, seguimos la partida. ¿Quién ganará? ¿Quién perderá?
“Se Acerca del Invierno”- Lema de la Casa Stark.

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