La perfección de Futurama

 

Esa maravillosa serie que vimos y que no nos dimos cuenta de su grandeza hasta tiempo después: Futurama. Fuente.

Recuerdo ver Futurama cuando era un crío. Siempre pensé que era una serie de animación divertida y con algunos capítulos muy buenos. Y poco más. No ha sido hasta ahora, que la he redescubierto casi una década después (y puede que desde la óptica de alguien que le gustan las historias), cuando me he dado cuenta de la perfección de sus tramas, la fuerza de sus gags y la inteligencia a la hora de utilizar a sus personajes y expandir su mundo su universo.

Fry, Bender, Leela… y cada uno de los secundarios de Futurama acaban siendo como parte de nuestra familia en este viaje delirante al año 3000. Desde cabinas telefónicas para el suicidio (que empezaron a ser comercializadas en 2008, algo se imaginaban de la crisis económica) pasando por apartamentos robots, desde ese Fry huyendo de su patético pasado hasta ese viaje a la luna que se ha convertido en un parque de atracciones, Futurama fue una serie pionera al incorporar al humor una buena dosis de ciencia ficción cuando esta era más “minoritaria” y sin abandonar su capacidad para que cada uno de nosotros conecte con sus personajes.

Si bien las primeras temporadas de Los Simpson se basaban hasta cierto punto en la experimentación de la trama (Lisa tardó como tres temporadas en ser Lisa), creo que Futurama tenía un plan más hábil y evidente a la hora de realizar su genial homenaje a la ciencia ficción y al humor. ¡Y qué humor! Para mí, es más fácil centrarse en lo horrible de este mundo y crear dramas lacrimógenos que encontrar motivos por los que sonreír o reír sin caer en lo pueril o burdo. Es más, sé que la mayoría de los premios se va para los dramones, pero considero que hay comedias que son auténticos mecanismos de relojería que funcionan a las mil maravillas… y, como autor, sé que eso no es fácil y es casi un milagro.

Futurama siempre llevaba la serie a una magnífica hipérbole. Fuente.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que los guionistas son brillantes. Esto se demuestra por cómo no ha envejecido en estas dos décadas y cada capítulo puede ser revisitado sin que temamos que ya no nos haga gracia. Magistral. ¿Y qué más decir de su guion? Hay frases delirantes, personajes geniales y un nivel de sátira hacia el futuro que no he visto en otras series de animación tan populares como Rick y Morty, de la que solo he podido ver unos tres episodios y nunca me ha dicho mucho (puede que el humor más cínico o sobre distinto tipo de secreciones no sea mi fuerte).

Uno de los puntos fuertes de los primeros episodios es la habilidad con la que se van colocando cada una de las piezas a lo largo de la historia, logrando que en ningún momento haya una trama más floja o algún elemento que no venga a cuento. Un mecanismo de relojería, como decía antes, y la clave está en la búsqueda de unas tramas con un humor capaz de ser muy mundano, pero también muy dedicado a todos aquellos que hemos soñado con la ciencia ficción.

El infierno robot, viajes en el tiempo, el doloroso capítulo del perro de Fry, el episodio de la nostalgia (con sus anchoas), la mezcla de Charlie y la Fábrica de Chocolate y Soylent Green, la invasión alienígena porque los aliens no pudieron terminar de ver su culebrón sobre la abogada soltera, la aparición de Mordisquitos, las deliciosas crías de Popplers, el cruce con Star Trek… Hay muchísimos capítulos, personajes y gags míticos en esta serie como para no verla una vez más y apreciarla desde una óptica de contar historias o, simplemente, por pasarlo bien.

Me temo que en su día no acabé Futurama ni vi las películas que se hicieron, así que es el momento más que adecuado para redescubrir aquel atroz año 3000, que no dejaba de ser un espejo de nuestro día a día. Sirva este post como juramento de dar la tabarra con Futurama, de vez en cuando por el blog.

Bender, esa gran maravilla de personaje. Fuente.

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