10 de mayo de 2015

El premio de aquello que odias hacia aquello que amas

Esta columna de El Juntaletras contra el Mundo la escribí en su día por el premio que se le concedió al creador de Mafalda y creo una de esas breves y estúpidas trifulcas a las que nos hemos acostumbrado en el mundo del cómic. La recupero porque creo que nunca está de más el hecho de reconocer el cómic como cultura, lejos del premio de turno.

Opinemos pues... Fuente.

¿Recuerdas cuando hacías el idiota de pequeño y le decías a tu madre, padre o dios primigenio: “mira, mira, ¡mira lo que he hecho! ¿Por qué no miras lo que he hecho? ¡Mira!”? Eso lo llevamos haciendo los seres humanos y demás seres abominables desde que el mundo es mundo. 

Este arrebato, esta llamada de atención infantil, proviene desde que al primer ancestro de nuestra especie se le ocurrió vivir en sociedad. Así decidimos que teníamos que ser aceptados por el resto del grupo y le dábamos algo de lo que hablar a los filósofos griegos (imaginen que filosofan como Bob Dylan en el anuncio ese del banco, ¿a que es divertido?). Si eras igual al resto de la sociedad, estaba bien; mamá sociedad te acogía y te ahogaba en su mullido seno. Si eras diferente, era de esperar que alguien te partiese el cuello, te quemase, te lapidase o llevase a cabo alguna de estas medidas drásticas de socialización. Así vamos desde entonces. 

Situémonos: esta semana se ha anunciado que Quino se lleva uno de los Príncipes de Asturias gracias a su trabajo en Mafalda. Enhorabuena al autor, seguro que su respondona niña tendría mucho que decirle. Por supuesto, hay muchos aficionados a sus tiras contentos. Y habrá mucho que nunca haya leído un tebeo, pero admira la capacidad de Quino y su mordacidad. Y con razón. También habrá mucho hipster compartiendo como loco viñetas ahora para intentar demostrar que es muy moderno, muy fan y... muy tonto. Nada nuevo bajo nuestro sol. 

En cuanto a los típicos aficionados al cómic, ¿qué podemos decir de cómo se han tomado la noticia? Desde la alegría hasta el “deberían haber reconocido antes a otro autor [inserte el nombre]”. Y es aquí donde me he quedado fuera de juego con algunos aficionados. Por suerte o desgracia, llevo algún tiempo entre esa especie de comunidad formada por periodistas culturales, propietarios de tiendas especializadas, autores… y veo sus opiniones diarias sobre diversos temas, como la política. No suelo intervenir, simplemente a veces los leo y sigo con mis cosas. Ya se sabe que estamos en esa era de la opinión para todos y del eterno adiós a la atención sobre algo que realmente es valioso. Por ciertas reacciones entre los grandes “radicales” de turno, me alucina ver cómo una mayoría de ellos odia a la Casa Real y a los políticos (corruptos, inútiles, imbéciles, asquerosos, ratas… complete el juego), pero luego unos señores otorgan el Príncipe de Asturias (con todo lo que representan, recuerden esa palabra “Príncipe” si no les queda claro) a un autor de cómic y, de repente, esos galardones se convierten en los más importantes y prestigiosos, además de una especie de suceso histórico: ¡España reconoce el cómic! ¡Paren las rotativas! ¡Salten a la comba y córtense en pedazos a sí mismos! [Sí, mis juegos infantiles fueron raros]. 

Sí, ahora parece que la alcurnia política y monárquica reconoce la valía de los tebeos. Políticos, esos elegidos por nosotros, y monarcas, esos reconocidos por… Eh, hurm, ¿nadie salvo un pueblo que no ha sabido cuando decirles “fuera de aquí, estorbáis”? 

Y todo en el mismo sitio: esa misma España que sube el IVA de los libros y cómics. 
Esa misma España que sigue sin defender su patrimonio en el mundo del cómic o cualquier arte (matar a un toro dudo de que sea arte, a menos que empecemos a desfilar por el frágil camino de que el asesinato salvaje es un arte). 

Esa misma España que continúa pensando rumiando que los tebeos son para niños. 

Esa misma España que entiende el mundo de las viñetas como algo pueril. 

Esa misma España que cree que un lector habitual de cómics es alguien incapaz de leer algo que no tenga dibujitos. 

Esa misma España que estigmatiza no solo el cómic sino a la propia cultura. 

Mafalda lo resume muy bien. Fuente.
Esa España donde hemos nacido y donde, pese a todo, algunos siguen luchando por cambiar todo esto, por lo que son dignos de admiración para mí, desde lectores a investigadores pasando por autores, vendedores y mucho más. 

No toda esa España es tan oscura ni tan penosa gracias a la esperanza que suponen, pero la defensa de estos premios supone algo claro: defender el modelo rancio en el que nos hemos internado. No obstante, parece ahora como si algunos autores cómiqueros necesitasen el reconocimiento “real” o un premio para que algunos aficionados puedan aceptar que la lectura del cómic es algo normal y poder fardar de “yo conocía a ese autor antes que nadie, ahora lo reconoce la sociedad, qué bien. Él es aceptado, yo soy aceptado”, que es simplemente una modernización del “mira, mira, mira lo que he hecho. ¿Por qué no miras lo que he hecho? ¡Mira!”. Pero luego son los mismos aficionados se alegran cuando un autor rechaza uno de estos premios o va contra la “Marca España” (no hablemos de algo tan absurdo como esto...) que les estaba explotando. ¿En qué quedamos? ¿Es bueno pertenecer a la sociedad rancia que odiamos? 

Si necesitamos la aceptación de una sociedad absolutamente tan vacua como la nuestra para sentirnos satisfechos de nuestra lectura de cómics… eso es algo completamente estúpido por nuestra parte. 
Si cambiamos la balanza cada dos por tres, somos contradictorios y nos perdemos en ese camino tan peligroso de las opiniones. 
El cómic es cultura y arte.
Obras como From Hell lo demuestran.
Fuente.
Vivimos en la época de las contradicciones, de subirse al carro cuando sea necesario, de reír las gracias a unos y a otros… Y creo que quedamos unos cuantos que ya poco nos hace gracia en este mundillo. No hace falta premios de fundaciones y similares, lo que se necesita es incentivar la cultura y que el mundo del cómic sea tomado en serio, cosas que muchas veces no es por los comportamientos infantiloides de autores, editoriales y público. 

Quien haya leído a autores como Will Eisner, Alan Moore y muchos otros, sabe que el cómic vale la pena por sí mismo, no porque lo reconozca un estamento anticuado e innecesario. 

No creo en políticos, no creo en reyes, no creo en fundaciones, creo en muy pocos autores y creo solamente por completo en el arte y, sobre todo, en la novela, el relato y el cómic, que es lo que más he creado. Pero si hablamos de reconocimientos (y acepto que haya premios especializados y que tengan dinero para el autor), ¿no se puede reconocer a los buenos autores con el mejor premio de todos? ¿Qué? ¿Que cuál es? Simple: leerlos. 
En conclusión, ya tengo mi pasaje para exiliarme a Marte cual Doctor Manhattan comprado. Que nadie me acompañe. Gracias.

6 comentarios:

  1. Leí esta columna en su día y me ha gustado tanto como entonces.
    La mayor parte de la gente no aprecia los cómics por ignorancia, muchos creen que son infantiles, otros piensan que son siempre acerca de superhéroes (esta fue mi cara O.O), pero en fin...

    Tiene gracia que justo la hayas publicado ahora, ayer terminé un trabajo para la asignatura "Historia y estética de las artes" y nos dieron a elegir la temática. Yo me he centrado en Moebius (Jean Giraud), de su obra analicé "El garaje hermético", El incal (que escribió con Jodorowsky) y el mítico "Teniente Blueberry". Seguro que has leído algo suyo, si no lo has hecho te lo recomiendo :)
    Es una de mis últimas obsesiones je, je.

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    1. Siempre vuelto a las viejas columnas para enfadarme un poco más con el mundo.

      No, ahora en serio, muchas gracias por leerla de nuevo y por comentar. Siempre es un placer que se pase gente por aquí.

      Sobre los prejuicios... Ah, ¡recuerdo una chica que decía que todo el cómic americano era de superhéroes! Al principio sentí cierta rabia, pero luego, como siempre pasa con la gente que me decepciona, sentí lástima. ¡Cuántas buenas historias se debe estar perdiendo! Miles...

      Hey, esa asignatura que mencionas tiene buena pinta :) De Moebius disfruté bastante su Parábola, junto a Stan Lee, una pequeña reinvención de Silver Surfer que me gustó bastante. Genial que hayas elegido a un autor tan potente (y sí, reconozco que yo también debería ponerme a indagar sobre las obras que mencionas).

      Muchísimas gracias por las recomendaciones y por el comentario. Al final, me alegra que después de tener un arrebato de recuperar una de mis columnas "enfadadas" al final salga algo bueno como más recomendaciones geniales. :)

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  2. Creo que hay dos prejuicios. Que los comics son algo infantil y que los géneros infantiles son algo menor, despreciable. Cuando se trata de un público dificil, que no tiene la influencia de los críticos, para dejarse engañar leyendo algo que no les gusta. Y posiblemente sean en esas edades donde se plantean cierta inquietudes metafisicas, que tal vez algunos continuén teniendo al tener.
    En ese doble prejuicio, se suele olvidar que Los viajes de Gulliver no fueron escritos como una obra infantil, sino como una feroz sátira a la humanidad. Y el que el tercer viaje hay una mención a inmortales que no dejan de envejecer, perdiendo hasta el placer de la lectura, por no poder recordar lo leído.
    Y el cuarto viaje habla de una isla donde los caballos son tan virtuosos que su idioma, por que son civilizados, no incluye un termino para la mentira.

    Habría que recordar que los comics anteriores a los superheroes, tenían personajes como Sally The Sleuth, una detective policial y rubia, que frecuentemente estaba a punto de ser víctima de los delincuentes que estaba a punto de atrapar. Y que tenían malas intenciones con ella, ya que siempre estaba perdidendo ropa. Nada infantil.

    En en el comic JLA Tierra 2, uno de los más logrados, se encuentran con sus contrapartes malvadas, que tiene su centra de operaciones en un satelite llamado Panopticon, un concepto nada infantil.
    Y los comics incluyen intertextualidad que algunos lectores reconocen. Como alusión al Quijote de Pierre Menard en la serie animada JL Unlimited, una referencia a Borges. Y el lector es un villano llamado Felix...Fausto. Otra referencia literaria.

    Tengo la opinión de que Mat Groening ha leído a Quino, como ha leído Wacthmen, aludido en un capítulo en que Alan Moore aparece. Sospecho que Lisa Simpson es una heredera de Mafalda. Y su pelo triangular se parece al de Miguelito.
    Y el minimercado de Apu tiene puntos de contacto con el almacén de Manolito.

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    1. Estoy de acuerdo con lo que dices en tu comentario. Hay que luchar contra los prejuicios siempre y no olvidar lo importante que es disfrutar de todo aquello que hagamos y una de las cosas que más podemos disfrutar es leer un buen cómic.

      Gracias por tu comentario y por todas las referencias que señalas en él, un placer leerte. Un saludo.

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  3. Once upon on time reune a los personajes en una gran serie, con interesantes de vueltas de tuerca. Donde los heroes y los villanos tienen los papeles intercambiados, por obra de El Autor, que es de temer. Otra vez el tema del autor y los personajes.
    Regina Mills, la Reina Malvada, un personaje fascinante. Me casaría con ella.

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    1. Solo vi algunos episodios, pero no descarto seguir viéndola en el futuro. No obstante, como señalas, hay una gran riqueza de personajes, provenientes de los cuentos clásicos.

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