6 de enero de 2016

Sherlock, temporada 3, contra la caída



Ocurre desde la literatura clásica, desde el viejo Homero y sus camaradas, que siempre los autores intentan dejar a los lectores con los dientes largos, deseosos de seguir descubriendo la ficción que les ha envuelto. La literatura se convierte así en una droga necesaria para vivir: el lector quiere saber qué pasó con su personaje favorito tras un final que nos pide que sigamos enganchados. Lo exige, lo necesita. Así nació el cliffhanger, que alimentó la tradición oral y sin ir más lejos, se adaptó también a otros medios como la literatura o los cómics. 

 La serie de la BBC Sherlock se convirtió, con dos temporadas y solo seis capítulos (que bien podrían ser seis películas), en la serie de los cliffhangers imposibles. Si ya en la primera temporada nos preguntábamos cómo se arreglaría el explosivo desaguisado final al comienzo de la siguiente, en la segunda nos ocurrió lo mismo, pero a una escala todavía mayor, de altura. ¿Cómo conseguirían sus creadores solucionar todo esto en la tercera?

Sucedió entonces que sus dos protagonistas: Benedict Cumberbatch (Sherlock) y Martin Freeman (Watson) se transformaron en estrellas del celuloide y los compromisos con nuevas películas harían que los dos tardasen en regresar para una tercera tanda de tres capítulos. Cumberbatch se convirtió en el villano de Star Trek (fíjese que no digo quién es, por si aún queda gente a quien no se lo haya spoileado), en uno de los capitanes de War Horse, en Julian Assange en El quinto poder y en uno de los esclavistas de 12 años de esclavitud (por solo poner unos ejemplos), mientras que Freeman viajaría a la Tierra Media como Bilbo Bolsón en la trilogía de El Hobbit, cruzándose curiosamente con un enemigo Smaug cuya voz sería puesta por nada más y nada menos que el propio Benedict. Como en una buddy movie, los actores estaban condenados a encontrarse. 

Así, tras dos años, Sherlock volvió a principios de 2014 con su esperada tercera temporada para ¿resolver? cuestiones y formular otras, aprovechando los deseos de los fans y las teorías de estos. ¿Estaría la serie a la altura de las peticiones del cruel y caprichoso público o éste querría terminar imitando a Sherlock Holmes y dar su salto del ángel desde ciertas cataratas?

Imagen de la campaña promocional #Sherlocklives
#SHERLOCKLIVES, la ingeniosa promoción de la BBC. Fuente.

Regresando de la muerte


Decir que Benedict Cumberbatch y Martin Freeman cumplen sobradamente con sus papeles de Sherlock y Watson ya no es una sorpresa para ninguno de los espectadores de Sherlock o los lectores de la inmortal obra de Conan Doyle.

En esta tercera temporada deben enfrentarse a la evolución de sus personajes. Sherlock se vuelve más humano en algunos casos (aunque sin perder su frialdad a veces), aprovechándose de que también se presentan a los personajes de su entorno: Mycroft aparece más y sus padres hacen acto de presencia.

Mientras, Freeman encarna al compañero de Holmes, Watson, pasando de la tristeza de la pérdida de un amigo hasta las aventuras que vendrán tras la boda y las ansias de seguir resolviendo casos que le impulsan a llevar armas. La relación entre ambos “hermanos” hace en parte soportable esta temporada que supone, en algunos aspectos, solamente un tránsito.

 Como en los cómics de superhéroes, en Sherlock la importancia de estos grandes héroes radica en sus secundarios que son con los que interactúan y con los que empatiza el lector (aquí espectador, claro). Ahí está una correcta Louise Brealey como Molly Hooper (qué ojo para los novios…), Rupert Graves como Lestrade (quizás menos importante que en las anteriores temporadas), Jonathan Aris reivindicándose como fan de Sherlock y no como detractor (síndrome de Flash Thompson, ¿no?), Una Stubbs en el rol de la "adorable" abuelita Ms. Hudson… Pero sobre todo, cumple Amanda Abbington como Mary Watson, sabiendo desde el principio que oculta algo más que estalla en el tercer capítulo y que, por suerte, pese a seguir los esquemas de femme fatale del showrunner Steven Moffat, no se convierte (por ahora) en una River Song de Doctor Who.

El reparto de la tercera temporada de Sherlock. Fuente.

S de Sherlock


El primer capítulo de esta nueva tanda se tituló The empty hearse (El coche fúnebre vacío). No olvidemos los juegos de palabras que hacen los creadores de la serie al poner nombres a los episodios que recuerdan a los relatos o novelas originales. ¡Qué difícil tuvo que ser para Mark Gatiss abrir esta temporada! 

No obstante, el guionista y cocreador de la serie logra un capítulo entretenido que se permite incluso burlarse de los fans y sus teorías (véase el club de fans y ese momento fanservice entre Moriarty y Sherlock). En este inicio, de ritmo frenético, se busca la recuperación de la figura de Sherlock Holmes, pero ¿cómo? Todos sabemos que los superhéroes no pueden morir y siempre vuelven de la tumba, y Sherlock, ese protosuperhéroe, tuvo que hacerlo también tras que Sir Arthur Conan Doyle lo matase en su obra literaria. Ahora, la serie también lo "devuelve a la vida" y juega con los espectadores para saber cómo, utilizando tretas imposibles (pero ¿ciertas?). Y uno se acaba preguntando si realmente es así, pero es lo que menos nos importa en comparación a cómo Sherlock se relaciona con su hermano Mycroft (el propio Gatiss), la señora Hudson, Molly Cooper y, sobre todo, el propio Watson, que en dos años, sigue intentando superar la muerte de su mejor amigo.

Mientras “la pareja” intenta reconciliarse, asistimos al aviso de una célula terrorista que pretende cometer un gran atentado en Londres. Sabiamente, no sabemos el día hasta el momento justo, aunque la figura de Guy Fawkes aparezca en una idea lo suficientemente macabra (¿son cosas mías o hay algo de V de Vendetta?). Lejos del misterio, como comentaba, es el capítulo de la reconciliación y devolvernos a la aventura.

¿Sherlock rozando la sitcom? Fuente.

La Maldición del Segundo Capítulo


El capítulo que vino a continuación cumple para muchos con La Maldición de Sherlock, que es como llamo a lo que ocurre en los segundos capítulos de Sherlock: suelen ser los más flojos o aburridos. Ocurrió sobre todo con El banquero ciego de la primera temporada, pasó dentro de lo que cabe con Los sabuesos de los Baskerville y ocurre con The sign of three (El signo de los tres), que podríamos catalogarlo de una especie de comedia sobre una boda, con detectives y misterios de por medio (un asesinato para los postres), pero que no avanza en muchos puntos (aunque luego empieza a hilar partes). Demasiado tarde todo lo bueno que sale, pese a los puntos cómicos (ese Sherlock que se emborracha con una frialdad técnica a estudiar), que alivian un episodio donde lo de menos es el crimen y lo que está de más es la propia boda y el avance de Sherlock, que regresó esta temporada con un enfoque más humano (¿hacia dónde lo quieren llevar los guionistas?).

Lars Mikkelsen como el gran villano, Charles Augustus Magnussen. Fuente.

Sherlock y la información


El tercer episodio más que El último voto (The last vow) debería llamarse Charles Augustus Magnussen, que es como se llama el gran enemigo de este capítulo, encarnado por Lars Mikkelsen (hermano del famoso Mads Mikkelsen, protagonista de La caza). El villano reivindica la temporada al aparecer desde las sombras para convertirse en un ser frío a la vez que salvaje y asqueroso. Buen trabajo del actor y los guionistas al presentar a una mezcla de Rupert Murdoch y el Elliot Carver de Jonathan Pryce, el villano de El mañana nunca muere, que a su vez estaba inspirado en el propio magnate de la información. Como curiosidad, el hermano de Mikkelsen ya encarnó a un villano de Bond en la gran pantalla (Le Chiffren en Casino Royale). 

Es curioso cómo Sherlock se enfrenta a este poseedor de la información de todos y cómo este supervillano aterroriza al mundo gracias a la información y su residencia donde guarda todos sus secretos, al estilo del personaje de Orson Welles en Ciudadano Kane. Admirable cómo Magnussen evoluciona entre lo inteligente, lo repulsivo y lo demente durante todo el metraje. 

La historia obliga a que el detective consultor dé un paso más allá de la línea, que se enfrente por sus seres queridos a este monstruo que no le deja escapatoria, y de ahí una de las decisiones más duras de la serie y un punto seguramente de inflexión. 

En este cierre de temporada se nos confirma la habilidad de Steven Moffat para contar siempre la misma historia y da demasiadas explicaciones por el camino. Si bien en Doctor Who ha dejado de funcionar (al menos para un servidor), en Sherlock ha colado en esta tercera temporada. 

Por otra parte, se agradecen los cameos como el de Irene Adler "la Mujer" (siempre en los pensamiento de Sherlock) o más allá de lo que vemos: Lindsay Duncan como Lady Smallwood ya encarnó a alguien cercano al poder en Black Mirror, o el código Lazarus de cierta misión no es solo por el personaje bíblico, sino el personaje que Gatiss encarnó en Doctor Who. También tenemos al hijo de Steven Moffat interpretando a un joven Sherlock… y una curiosidad mejor: Timothy Carlton y Wanda Ventham interpretan al padre y la madre respectivamente de Sherlock y en la vida real son los padres del actor Benedict Cumberbatch. Ya se sabe cómo somos los espectadores actuales, buscando el homenaje, la curiosidad, el guiño. 

 Y, en fin, la tercera temporada termina como ya nos acostumbra Sherlock: con una sorpresa, que reafirma que estos tres capítulos solo han sido una transición, y con un cliffhanger claro: él ha vuelto y nos pregunta si le echamos de menos. Cuando veamos la cuarta temporada, lo sabremos. O no. Vaya, miren, ¡ya me salen los cliffhangers hasta a mí!

Sherlock frente a Londres. Fuente.
P.D.: Quiero que me regalen un “palacio mental”.

2 comentarios:

  1. Sherlock es uno de los grandes personajes de la literatura, a quien Borges, admirador del policial de enigma, le dedicó una poesía.

    Y es un gran personaje innovador, por presentar Irene Adler, quien logra vencer al detective, mereciendo hacerlo. También es en gran detective del policial de enigma. Y tal vez del policial negro, por elementos como que el detective no se limita a deducciones magistrales, sino que frecuenta lugares realmente peligrosos, marginales.

    Sin ánimo de planter antinomias, creo que Elementary es una mejor adaptación del personaje. No me convenció la revelación del pasado de Mary Watson. Y el villano tiene un plan con fallas.
    Lo del palacio mental es un gran hallazgo.

    Saludos.

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    Respuestas
    1. Borges era el hombre que siempre decía que él debía fardar de los autores que había leído y no de las obras que había escrito, si mal no recuerdo.

      En cuanto a Irene Adler... Exactamente igual que en el relato donde aparece.

      Con relación a Elementary, solo he visto fragmentos y no puedo sacar una opinión fundamentada al respecto.

      Gracias por tu comentario.

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