24 de enero de 2016

Joy Division, Ian Curtis, Control, Love will tear us apart

Joy-Division-banda
Una de las imágenes que resume a la banda Joy DivisionFuente.
Tenían nombre de burdel de la Segunda Guerra Mundial, pero en el fondo eran los chicos sentimentales que esperan que la chica guapa se fije en ellos. Se llamaban Joy Division, era un grupo de música que prefería el anonimato a la fama desmedida. Su alma era el cantante Ian Curtis, un joven fan de David Bowie e Iggy Pop, que encontró un escape a la angustia de su vida en la música, la poesía y la literatura. La vida de Curtis estaba en las letras, por eso en su chaqueta se había escrito la palabra "HATE" ("ODIO"). 


Joy Division se convirtió así en un reflejo de su líder maldito, en una de esas bandas que golpeaban con letras pesimistas y oscuras. Su voz, siempre marcada por un tono frío, era acompañada por una música que buscaba incluso la experimentación y que sería reconocida más si cabe años después de que empezase a sonar. No obstante, la tristeza y la melancolía son dos fundamentos del ser humano. 

Pero aquí viene la pregunta fundamental que algunos nos hacemos: ¿cómo un grupo de música se convierte en leyenda? En una época donde por desgracia se premia la banalidad, que una banda como Joy Division, tenebrosa y potente, llegase al éxito parece una ilusión, como las mejores cosas del pasado.

El amor nos destruirá

Love will tear us apart es, seguramente, la canción más conocida de Joy Division. La hemos escuchado en mil sitios diferentes: con forma de cover (ahora mismo escucho uno de ellos, elaborados por esos chavales distraídos de Fall Out Boy), en la radio mientras volvía en coche y en series como (mi reverenciada) Doctor Who o la película de culto Donnie Darko. Para ser realistas, si he terminado escribiendo esto es porque durante días se pegó a mi mente y no supe de otra forma de dejarla escapar que no fuese escribiendo, quería convertir cada sensación y emoción en tinta, quería captar ese sentimiento que heredamos de esta canción. Sin embargo, escúchenme cuando digo que nada de eso importa frente a la auténtica canción, frente al tema que da razón de ser a esta entrada. 

Nos hallamos ante una canción pegadiza y un título perfecto como profecía de lo que pasará, unas estrofas que golpean como el sonido de la batería y una voz dura como la de Curtis, que se enraíza con tantos poetas malditos del rock inglés. Fue el mayor éxito de Joy Divison, nunca llegarían más lejos de eso, pero este tema glorificaría toda la carrera de la banda y su destino como influyente grupo de antihéroes. 

 Ian Curtis tomaría su propia vida como base para esta canción. Se casó muy joven con Deborah, con la que tendría una hija, Natalie, pero, entre gira y fama, se acabaría enamorando de una chica belga que trabajaba en un fanzine, Annik Honoré. Nos encontramos con un Curtis dividido entre el chico que le robó la novia a su mejor amigo y el Curtis convertido en fugaz estrella del rock. Y lo sabía, se enfrentaba a esa realidad desde su comportamiento pesimista, su enfermedad y su desgana. 

No es raro que cualquiera empatice con un Ian Curtis que nunca fue perfecto y que, jamás, consiguió romper con la dualidad del tormento y el deseo de vivir feliz. Si se me permite, era un hombre roto y todo eso está en esta canción, de ahí su fuerza, su alma incapaz de hacerse añicos pese a que ya esté quebrada. Ian Curtis, entre el alcohol, los fármacos, el tabaco, la depresión y la falta de medicación para la epilepsia, se encontró cegado. 

Sintiendo que no había más caminos que tomar, tras haberlo intentado ya en una ocasión con fármacos, decidió ahorcarse en la cocina de la casa de su esposa. Algunos dicen que bajo el sonido de una canción de Iggy Pop: "Idiot". Solamente tenía veintitrés años. 

Si existe una vida marcada por el arte, desde su principio y su fin, es la de Ian Curtis, cuya lápida reza: "Love will tear us apart". El fin de la vida de Curtis llegó veloz, como el éxito o la decisión de ser cantante, pero siempre nos quedará esos años de escritura y trabajo que lo convierten en uno de esos artistas fascinantes para arqueólogos musicales que también buscan la historia detrás de estos eventos trágicos, la vida tras una música que sigue volviéndose poderosa más de treinta años después de su creación. 

Desde hace un tiempo se habla de la publicación de un libro con las notas personales de Curtis, esperaremos para saber qué encontramos en ellas.

  

Joy Division, rozando el gran estrellato, murió con Ian Curtis. El resto de los componentes: Bernard Summer, Stephen Morris y Peter Hook formarían New Order, añadiendo a Gilliam Gilbert en la primera encarnación de este grupo. New Order se mueve desde las estela post punk pasando por el sonido más alternativo y olvidando muchas veces su pasado. Aún así, Joy Division se convirtió en una leyenda. 

Como homenaje a la figura de Curtis, se estrenaría la película injustamente desconocida Control (Anton Corbijn, 2007). Nos recuerda a la canción She's lost control, Curtis la dedicó a una chica que conoció con epilepsia y que moriría poco después de un ataque del que él fue testigo. El cantante, que padecía dicha enfermedad, a veces confundida con su baile en el escenario, quedaría irremediablemente marcado por tal hecho. En la película nos encontramos ante un biopic en blanco y negro, opresivo, donde se nos hermana con la oscura existencia de estos músicos de principios de los ´80 y, sobre todo, con Ian Curtis. 

La influencia de la banda en los grupos que vendrían después queda remarcada con el cover de Shadowplay a cargo de The Killers que suena durante lo créditos.

  

El guion de Control busca que el espectador comprenda todas estas emociones que para alguien que nunca las ha sentido, jamás comprendería cómo se pueden dar en otro ser humano. Es como asumir la importancia de los sentimientos de películas como Cinco centímetros por segundo (Byôsoku go Senchimêtoru, Makoto Shinkai, 2007), donde también las emociones jugaban para ganar y que el espectador tenía que buscar cómo entender. Regresando a Control, además de una fotografía maravillosa y un director que sabe lo que busca contar, también tenemos a un reparto donde se luce cada uno de los actores, sobre todo un espléndido Sam Riley como Ian Curtis. Véanla si pueden.

Imágenes del biopic de Joy Division. Fuente

Escribir: "Joy Division, Ian Curtis, Control, Love will tear us apart" es casi magia como lo es la música y rememorar esa época. Si conoces la historia, de forma secuencial, vislumbrando cada palabra, entiendes la importancia del grupo y el drama, del rock y el sentimiento, del arte y los artistas. Uno encuentra riqueza y tristeza en cada una de esas palabras una vez que conoce el destino de aquellos que las hicieron relacionarse con un Reino Unido de finales de los ´70. Cuando Curtis se suicidó eran principio de los años ´80. El punk más siniestro, el nuevo metal, el goth… estaban por llegar, pero aquí encontramos los primeros indicios de esa ola oscura que nunca terminó de romperse, que sobrevive aún como una figura oscura que capta el espíritu humano, trágico y, a veces, sin sentido… pero el amor seguirá destruyéndonos, aunque, seamos sinceros, qué afortunados somos si nos destruyen así.

Ian Curtis, frente a la sombra de sí mismo. FUENTE.

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