13 de abril de 2020

La Edad del Deseo de Clive Barker: al final, todos nos consumimos


Al final, todas las luces se apagan... Imagen libre de derechos.

“Todos nos estamos muriendo, Jerome. La vida es una lenta enfermedad, ni más ni menos. Pero, menuda luz, ¿eh?, mientras vives”- Welles.


Cuando Jerome aceptó trabajar de cobaya humana en un laboratorio, no se esperaba que comprendiese el nivel de sensaciones que mueve el mundo sin que el resto de los mortales sean conscientes. El experimento secreto le llevó a unos límites que sobrepasaron todo lo imaginado, le llevaron a convertirse en un poseso sexual en busca de constante estímulo con todo aquello que le rodeaba: personas, coches, paredes, etc. ¿Su destino? Acabar consumiéndose y, mientras, disfrutar de todo lo que le proponía el mundo.

La Edad del Deseo es uno de los relatos más conocidos del escritor Clive Barker. Forma parte de uno de sus Libros de Sangre, colecciones de cuatro relatos recopilados en volúmenes que se han unificado en la estupenda edición de Valdemar en dos tomos. Si partimos de la premisa grotesca de un joven que se convierte en un terrible sátiro, en un adicto sexual sin mesura, que es capaz de mantener relaciones con todo lo que haya a su alrededor, pensaremos que seguramente estamos ante un esperpento. Ni Garth Ennis en sus tiempos de Predicador

Pero nos equivocamos, Barker plantea con el Chico Ciego, cual Cupido, la auténtica historia. Durante su lectura, encontramos que el escritor de Liverpool se centra más en los policías como el cansado Carnegie que investigan el crimen y en cómo Jerome comienza a ver el mundo a otros niveles, donde todas las canciones de amor parecen que hablan de él. Y de ahí llegamos a una curiosa propuesta: frente a otros que ven el apocalipsis con la guerra, en este cuento se vislumbra mediante el sexo. El viejo grito de «haz el amor y no la guerra» se completa de otra manera a lo largo de estas páginas. Eros y Tánatos, figuras divinas que suelen cruzarse en la obra del inglés. Al final, ¿de qué sirve todos lo demás? Todo seremos sometidos a la danza de la muerte, una danza sensual o sexual de la que nadie sale vivo.

Segundo volumen de los cuentos de Clive Barker. En él aparece La Edad del Deseo. Fuente.
Por supuesto, hay momentos grotescos, como el encontronazo en el laboratorio, la descripción de lo que hacen los monos que tienen la inyección que ha transformado a Jerome en un monstruo sexual (que recuerdan a aquellos simios enloquecidos del comienzo de El ansia de Tony Scott) o los ataques que el propio Jerome lleva a cabo. Y todo ello con la escritura de Barker, un autor capaz de describir de un modo que mueve nuestro subconsciente y con habilidad para tramar originalísimas tramas más allá de un arranque que podría hacer que muchos levanten la ceja y piensen en la serie b. Por supuesto, hay todo un armamento de palabras incómodas en el relato, pero también hay literatura notable. Es un buen escritor dentro de un género, el fantástico, donde, a menudo, no hay demasiados. Aparte de por los recursos estilísticos que utiliza, es un buen escritor por cómo se sirve de este punto de partida para hablar de muchos otros temas que trascienden la situación inicial: la vida, el amor, la muerte, la violencia, el sexo, el paso del tiempo, etc. 

Muchos citan que Barker es amoral cuando, en realidad, lo que hace es plantear situaciones donde el ser humano se debe hermanar con lo monstruoso. En este caso, Barker reflexiona sobre la vida, la pasión y la búsqueda de sensaciones sin límites, tres temas en los que ha profundizado a lo largo de su carrera, ya sea en relatos o en novelas. Todo ello queda bien reflejado en La Edad del Deseo, donde Jerome comprenderá cómo la vida se consume ante el deseo y cómo este es, en el fondo, el que gobierna todo. Al final, logramos lo que buscamos... Deseo, como decían Gene Loves Jezebel con su famoso tema. Una perfecta metáfora de la existencia. Recordemos aquella frase de Kurt Cobain: «Es mejor arder que apagarse lentamente».

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