23 de abril de 2020

Crítica de: "Crisis en tierras infinitas" de Marv Wolman y George Pérez, la épica y la elefantitis del superhéroe


Fuente.
«Mundos vivirán. Mundos morirán. Y el universo nunca será igual».
La épica se compone de historias increíbles sobre hazañas de personajes únicos, que representan a la clase aristocrática y que toman raíces nacionales o vinculadas a un pueblo para ilustrar una obra colosal, en la cual se vislumbra el origen y destino de un pueblo. Sin embargo, si se toman los elementos fantásticos, las gestas y las aventuras, pero no se cuenta con la índole sentimental (que influye más en el corazón que en el seso), es una épica carente de su principal motor.

Crisis en tierras infinitas es un cómic histórico y uno de esos ejemplos a los que siempre se alude cuando se habla de grandes crossovers superheroicos, esos ejemplos de elefantitis épica y comercial, con el que la industria de cómics de personajes empijamados intentan atraer a nuevos y antiguos lectores. Aunque el cruce del que estamos hablando se publicara entre 1985 y 1986, la idea nació realmente en 1956, cuando se planteaba la idea de los universos paralelos en DC. Por tanto, el lector parece que tiene que ser docto en estos menesteres para descifrar esta obra.

En esta serie tenemos a dos de los autores más importantes de la historia del cómic: Marv Wolfman y George Pérez, dos gigantes que, mediante la historia y el dibujo, nos embarcan en una historia de dimensiones colosales… e incluso abrumadora. Demasiado abrumadora. Llega un momento en que, más allá de lo que nos están contando, se siente como un enorme avance editorial y no como una historia de por sí. Falta alma y sobra mercadotecnia o decisión editorial. De esto nos percatamos con todas esas historias que no concluyen, sino que se nos pide que leamos otra serie para saber qué pasa. También con ese ingente número de cameos, que convierte a los superhéroes en una especie de objetos de un catálogo y no en auténticos personajes. Si a eso sumamos el mar de confusión (que, para un servidor -y es una mera opinión-, siempre puebla el universo DC y sus ingentes tierras paralelas), nos lleva a que muchas veces no nos enteremos exactamente de qué está pasando y por qué.

Recientemente, los shows del llamado Arrowverse rindieron homenaje a esta aventura con un gran crossover televisivo que incluía cameos y guiños a otras series, películas, etc. Fuente.
Uno contra cientos
 
La idea principal del crossover parte de cómo el Antimonitor está destruyendo los diferentes universos paralelos y cómo estos empiezan a fundirse. El Monitor, su némesis, busca a los superhéroes de las diferentes tierras y épocas para hacer frente a su hermano. Y, durante páginas y páginas, viñetas y viñetas, vemos desfilar a todos los personajes del Universo DC: desde diversas encarnaciones de Superman hasta Batman, Wonder Woman, Flash con sus varios herederos… y personajes más oscuros que ocupan algunas páginas y nos hacen pensar en quién es, teniendo que acudir al handbook o el libro de personajes necesario para descifrar una trama que, a menudo, cae en una especie de galimatías rocambolesco, cuyo final parece cada vez más lejano, e, incluso, peca repetitivo; donde varios hechos parecen ocurrir más por las ideas con vistas a las futuras series que por la propia historia.

Pese a todo esto, como cómic de valor histórico (a la hora de representar a la industria del momento), incluye grandes momentos como el sacrificio de Flash, la muerte de Supergirl… tan famosos que son destripados incluso en su portada; mientras que la muerte de una de las versiones de Wonder Woman ocupa viñetas y no tiene un auténtico efecto sobre un lector sobresaturado de personajes. Destellos en medio del oscurantismo de culteranismo digno de un Góngora superheroico.

Marv Wolfman, un gran autor del cómic, escribe este crossover que surge de su propia propuesta para explicar el Universo DC del que demuestra ser fan, frente a otros guionistas que sí, escriben superhéroes, pero se olvidan de su continuidad. Wolfman se propuso dar orden al Universo DC en una misión ambiciosa, pero que, a menudo, tropieza en lo inteligible (al menos, hoy, tanto tiempo después). Su labor es la de un arquitecto intentando construir una enorme obra. Tenemos catástrofes, batallas, personajes como ese hijo de Luthor y Lois Lane convertido en héroe, el maléfico charlatán Psicopirata y tantas y tantas subtramas que podrían brillar en solitario, pero que juntas, se eclipsan entre sí, impidiéndonos ver algo claro. Llega al punto de que, para disfrutar de la obra, es casi una obligación haberse leído una ingente cantidad de cómics de DC para entender todo lo que sucede.

El sacrificio de Flash. Fuente.
Ventas sobre alma

Todo ello porque nace de un intento de la editorial DC de relanzar sus series y dar orden a un universo cada vez más longevo, eliminando líneas temporales, personajes, cambiando orígenes… La historia es solo un armatoste para explicar cómo la industria intenta adaptarse al público. Y, desgraciadamente, sentimos que es una historia nacida en su época cuyos ecos suenan cada vez más débiles en nuestro presente.

Si bien el trabajo de Marv Wolfman palidece por el mero conjunto de ideas comerciales, el trabajo de George Pérez es más que loable con esta enorme galería de personajes que se dan cita en este cómic y, a menudo, deja momentos impactantes, aunque la narratividad sufra debido a esa multitud de viñetas que pueblan el cómic. Pérez es uno de los grandes del panteón del cómic y aquí da su versión de un sinfín de personajes y una versión de George Pérez bien vale la pena.

Indudablemente, esto, como toda reseña, es una opinión. Aquellos que crecieron con esta serie, disfrutarán todavía de ver a todos sus superhéroes unidos. Aquellos que adoran el Universo DC, amarán esta piedra angular de su multiverso. Aquellos que se han acercado fuera de tiempo y buscaban una historia lo suficientemente interesante, se encontrarán con buenas ideas deshilvanadas por el mar de subtramas y guiños que deberían hacerle feliz, pero que, a menudo, caen en un quién es quién de licra y capa (notable afición para muchos y completamente legítima y respetable; creo que todos la hemos sentido cuando leemos superhéroes).

No cabe duda de que Crisis en tierras infinitas es una historia épica, colosal y enorme, pero que también carece del nivel de conexión con un lector que no pertenezca a la nación de DC. Mientras que La Ilíada parece una obra capaz de tocar temas universales, no es extraño que los cantares de gesta más nacionales (como La canción de Roldán o El cantar de Mio Cid) dejen indiferentes al lector actual por mucho que busque extrapolar los valores universales. En el caso de Crisis en tierras infinitas, vemos un universo y una aventura colosal, pero si no se entra en la historia, no la sentimos.

Y es que ahora que el Universo DC ha pasado por tantas crisis y los cómics de superhéroes siempre están condenados a un ciclo de principio, fin, principio, fin… digno del uróboros, Crisis en tierras infinitas se siente como una especie de piedra de Sísifo, donde los guionistas intentan empujar una trama para realizar un gran cómic, pero la pesadez de las imposiciones comerciales y el océano de personajes, hace que el lector más alejado de DC no se sume del todo a este viaje o acabe aplastado por él.

El fin del multiverso. Fuente.

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