18 de diciembre de 2016

¿Qué hacer cuando terminas de escribir un libro?

¿Qué ocurre tras terminar una novela? Imagen de dominio público.
Durante este año, en el Reto del Juntaletras (así, con letras mayúsculas, para que parezca que ha sido algo), he intentado definir algunos de los puntos más interesantes de la escritura, desde antes de ponernos a crear mundos hasta después, sin dejar de lado el dificultoso mientras. Ha sido una experiencia curiosa, pero como este desafío se acerca al final (guardad las lágrimas, mis viejos amigos), quería tratar brevemente la pregunta que encabeza esta entrada: ¿qué hacer cuando terminas de escribir un libro? Y sí, la respuesta suele ser: escribir otro (pero no es tan fácil) y es algo que me recuerda a ¿qué hacer tras el vacío existencial que te deja la lectura de un buen libro? Leer otro, pero...

Puedo ponerme bohemio y hablar de escritores que se echan a llorar, se largan a dar un paseo o acaban buscando de nuevo a las musas. Hay cientos de ejemplos así, incluso más frívolos, como el típico autor que se pilla una buena borrachera como celebración o deja escrito en una pared que ahí fue donde terminó su novela. También están esos juntaletras que ponen al final: terminado tal día a tal hora. Como si así pudiesen celebrar el cumpleaños de la criatura (o conmemorar su funeral).

Y es que no todas las historias son fáciles de escribir. Hace poco, leí este interesante y recomendable trabajo de Cultura colectiva sobre las obras más difíciles de escribir de la historia: desde ensayos que necesitan guías para ser entendidas o novelas escritas por una cría de nueve años, pasando por monumentales libros con cientos y cientos de personajes con nombre y personalidad o novelas que tardaron en concebirse diecisiete años, sin dejar de lado a presidentes que escribieron una historia de misterio (junto a un comité de juntaletras para ver si le daban sentido a aquella cosa) o la más impresionante: un autor que tras despertar del coma, teniendo solo movilidad en el parpadeo de uno de sus ojos dictó mediante un complicado proceso su nueva novela.

Personalmente, cada uno vive su pequeño caos al concebir su novela (¿o soy solo yo?), pero cuando consigo terminar algo (¡sí, a veces termino las cosas!), suelo meter las historias en el cajón y olvidarme de ellas para, cuando las corrija, sentir que no estoy corrigiendo algo en caliente y que puede que me haya separado del autor. Es como intentar hacer una pequeña lobotomía en mi cabecita y así esperar que corrija sin estar pensando que las cosas son así porque sí. Busco frases que no entienda ya, por ejemplo, porque ya no tengo el contexto de cuando las escribí por primera vez. ¿Me pilláis?

Hora de hacerse algunas preguntas como ¿de qué modo venderás esto? Fuente
Lo complicado es ¿cuándo la historia sale del cajón para pasar la corrección? En el caso de Devon Crawford y los Guardianes del Infinito se pasó un año en busca de editorial, lo que considero que es estar en el cajón. En el caso de Hollow Hallows, no hubo tiempo en el cajón y quizás lo lamento un poco, pero luego pienso que quizás haya una nueva edición cuando sea su aniversario, puliendo cosillas, arreglando otras y me quedo algo más tranquilo (si Stephen King puede revisar y ampliar sus obras, ¿por qué yo no? Porque no soy Stephen King, pero... ¡dejadme!). También tengo el ejemplo de una novela young adult que se ha quedado esperando casi tres años en el cajón y ahí sigue, para cuando haya algún año en blanco o sienta que debe salir a jugar con el resto de los niños. Sea como sea, no soy un escritor de ponerme fechas. No puedo. Y así me va...

Otra cosa que podéis hacer con vuestra historia terminada es olvidarla por un tiempo, pensar en otras cosas y no vender esa historia el resto de vuestros días. Uno de mis pecados como autor es que si termino una historia, estoy pensando en la siguiente. No me paso años vendiendo la última historia escrita. Paso página demasiado rápido y eso, monetariamente, es triste, pese a que me implico mucho en el proceso de corrección (mi infierno del que siempre escapan cosas y, en ocasiones, peores que demonios), la realización de la portada, la maquetación, la sinopsis...

Porque también podéis optar por presentar la novela en algún encuentro con lectores y dar a conocer vuestra obra y sé que es muy importante y, alguna vez, lo he hecho, pero no dejo de sentir que hay una voz en mi interior que me dice: lo tuyo es escribir. Y así vivo, como alguien que solo quiere juntar palabras sin que el mundo se fije en demasía en la persona que se encuentra tras esas palabras. Por mucho que haya ego, siempre he sentido que lo importante son las historias, yo solo soy el que las escribe. Nada más. Nada en mi vida es más fascinante ni quiero que lo sea.

Haced caso a Yoda, él sabe. Fuente.
Siempre he sentido que queda otra idea vacilando por el camino (quizás, porque solo la encuentra quien termina su obra) y es que podemos quedarnos con todo lo aprendido. Una novela es un cúmulo de enseñanzas: esto se escribe así o de otro modo, los personajes deben hacer esto, debes tener cuidado al meter referencias, debes saber qué supone esto cuando lo lea alguien... Siempre he pensado que lo bueno de terminar historias es que no eres el mismo que la empezó: sabes qué temas has tocado (y sabes cómo no repetirte o deberías saberlo), puedes pensar en otro proyecto, tienes algunos trucos...

Y es que las historias, las novelas, los relatos o microrrelatos no dejan de ser fragmentos de nosotros donde dejamos nuestra alma y, a veces, del alma debemos aprender, presentarla, olvidarla o dejar que parta hacia donde más nadie puede ir.

4 comentarios:

  1. Narciso (a través de las RRSS)18 de diciembre de 2016, 11:13

    Yo terminé de corregir antes de ayer. Ahora estoy en fase de maquetación (menudo infierno), y mientras maqueto aprovecho para revisar por segunda vez.
    Al menos he logrado lo que me propuse el día 1 del 2016: acabar la novela antes de que terminase el año. Aunque en la propuesta también incluí empezar una segunda novela, pero eso no ha podido ser jajaja

    Cuando un par de mis lectores cero la hayan catado y masacrado, tocará hacer nuevos apaños, y entonces empezaré a surfear el mundo editorial.
    Y mientras eso ocurre, iré escribiendo la escaleta de la próxima novela. Aún no sé cuál será, pero tengo varias ideas que quiero ir desarrollando.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Me alegro de la noticia, Narciso! La maquetación es un infierno, pero mucho ánimo con ella y con la corrección. La corrección suele ser mi verdadero tormento.

      Sobre los objetivos, bueno, ahí está 2017 para poner esa idea de comenzar otra sin problemas... :) Mientras lo consigamos, tarde o temprano... Mucha suerte con esa escaleta que me comentas y también con el mundo editorial. Espero que esa novela siga adelante (y también las que están por llegar).

      ¡Muchísimo ánimo y gracias por el comentario!

      Eliminar
  2. Rebeka (a través de RRSS)18 de diciembre de 2016, 11:21

    Un gran artículo. Yo la dejo reposar, paso a la siguiente y después de un tiempo o a ratos libres, corrijo. La dejó ahí, en el fondo del pc y de un usb, esperando su momento!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que somos igual en ese aspecto. Ay, si esos PC, USB o cajones hablasen... Las historias que contar ya las tienen en sí. ¡Gracias por tu comentario!

      Eliminar

¡Muchas gracias por tu comentario!

Los textos pertenecen a Carlos J. Eguren salvo cita expresa de los autores (frases de libros, comentarios de artistas...), siempre identificados en el post. El diseño de la imagen de portada pertenecen a Elsbeth Silsby.

Si deseas compartir un texto, ponte en contacto con nosotros para hablarlo. Si quieres citar un fragmento, incluye la autoría.

El propietario de este blog no se hace responsable de los comentarios o los contenidos alojados por terceros.

Plantilla: Impreza Blogger Template.

Cabecera realizada con vectores de Freepik.

Muchas gracias.

Con la tecnología de Blogger.