15 de marzo de 2016

Terry Pratchett no ha muerto

Recientemente, se ha cumplido un año de la pérdida de Terry Pratchett y he decidido recuperar este texto que escribí en su momento, como homenaje a uno de mis autores favoritos.
"Algunos piratas conseguían la inmortalidad por sus grandes crueldades o proezas. Otros conseguían la inmortalidad gracias a la gran riqueza amasada. Pero el capitán había decidido mucho tiempo antes que quería alcanzar la inmortalidad por no haber muerto”.
Terry Pratchett es inmortal. Sí, ha decidido marcharse a dar una vuelta con su viejo amigo Muerte (llevaba queriendo hacerlo desde hace tiempo), pero lo más importante es que sigue vivo porque su espíritu y su sabiduría permanecen en cada uno de sus libros y su obra ha alcanzado la inmortalidad al ligarse al alma humana en un ejercicio de creatividad único. Él no es una moda que se desinfle, él no es una historia vacua, él no es algo que se lea en una época y se olvide para siempre… Él es un extraordinario escritor y no podemos dejar de leerle, por eso es tan extraordinario, tan sobresaliente, en un mundo como el nuestro, tan caótico como Ankh-Morpork.


Mundodisco, una muestra de la originalidad de PratchettFuente.

La primera persona que me informó de que Terry Pratchett había muerto ayer fue también la primera persona que me recomendó leer un libro de Mundodisco cuando terminábamos nuestros años de bachiller, allá por 2008. Ese amigo se llama Jorge y es ese tipo de amigos con los que te puedes reír de las mayores estupideces, quejarte de un mundo sinsentido y encontrar obras artísticas que valen la pena, como ese mundo con forma de disco que flota por el espacio sobre el caparazón de una tortuga y cuatro elefantes como columnas…

Y es que para mí la obra de Terry Pratchett era como tener a una amiga, inmortal e infinita, con la que puedes reírte, criticar y hallar nuevos sentidos. Terry Pratchett es nuestro amigo. Nunca lo conocí más allá de la lectura de sus libros, pero leer a Terry Pratchett es como encontrarse con ese viejo camarada. Es pasarlo bien en todo momento, hallar sentidos profundos en los comentarios aparentemente fugaces e incluso acabar en algún lío; recuerdo que me gané a algunos "enemigos" que jamás entendieron que escribiese un relato al estilo Pratchett (algo imposible, por cierto) en una antología de fantasía (nota mental: nunca satirices un género en una antología de ese género, puede que al público le guste, a los otros autores casi seguro que no). Me remonto al origen de esa amistad

Carpe Jugulum fue el primer libro que leí de Pratchett, y me gustó, pero fueron sus siguientes obras como El color de la magia, La Luz Fantástica, El asombroso Mauricio y sus roedores sabios, Mort o Buenos Presagios (junto a Neil Gaiman) las que cambiaron mi manera de ver este mundo, comprender la literatura y vagar por el arte de escribir. Si bien podía reírme (y me he reído tanto leyendo a Pratchett en, por ejemplo, paradas de autobuses como para que la gente pensase que tenía cierto desorden), también podía hacerme pensar con el mismo cinismo con el que alguien envuelto en llamas iría corriendo hasta la estación de bomberos para solo descubrir que esta también se quema. Cuando, por ejemplo, me tocaba cubrir alguna rueda de prensa o una sesión de políticos que se dedicaban a jugar con el móvil en vez de hacer su trabajo (léase aquí "trabajo" con total, completa y absoluta ironía), no me enfurecía sin más, sino que pensaba en todos los sarcasmos que Pratchett hubiese dedicado a esa bazofia “humana” y aceptaba el motivo por el que Pratchett se alejó del periodismo y se centró en la literatura.

La mente de Rincewind, el gran personaje de Pratchett,
al estilo Inside Out. Fuente.

Creedme, si no se estudia a Terry Pratchett dentro de cien años será porque dentro de cien años no se estudiará nada… Pratchett era un gran escritor, un gran creador y un gran filósofo... ¡Ups! No creo que esto le gustase mucho. ¡Cuánto se reía de ellos! Por ejemplo:
“Se dice que en una fiesta alguien preguntó al famoso filósofo Ly Tin Malahierb “¿Qué hace aquí”, y que la respuesta duró tres años” (La Luz Fantástica). 
Pese a eso, algunos fragmentos de sus obras nos transportan a extensos pensamientos que alcanzan la esencia humana de cada uno de nosotros (sí, espero que todos tengamos esa esencia, aunque tampoco es que el término “humano” nos haga mejores, ya se sabe). 

“—No le gustan mucho los hechiceros y las brujas– le informó Mort. —A nadie le caen bien los sabelotodos– dijo ella [GOODIE] no sin cierta satisfacción–. Les causamos problemas, ¿sabes? Los sacerdotes no, por eso le gustan los sacerdotes. —Nunca me lo ha dicho– comentó Mort. —Ah, se pasan la vida diciéndole a la gente lo bien que van a estar cuando se mueran. Y nosotros lo que hacemos es decirles que aquí también se lo pueden pasar muy bien si se lo proponen”.
La construcción del mundo de Pratchett. Fuente.

O… 

“No, lo que no le gustaba de los héroes es que resultaban suicidamente sombríos cuando estaban sobrios, y homicidamente locos cuando se emborrachaban. Además, había demasiados”. 

Sin olvidar consejos vitales como: 

“—Habla como un tonto y sé listo. Así es como se hace– dijo Cazarratas 1. 
  —Lo siento, me había olvidado. 
  —Tú sueles hacerlo justo al revés”.

Una de las grandes verdades de PratchettFuente.
Mientras escribo este lo que sea, me sumerjo en la relectura de las reseñas que hice hace cuatro años de varias obras de Pratchett y naufrago con placer en un océano de emociones y recuerdos. ¿Y sabéis qué? Eso solo lo consiguen los excelentes libros y los magníficos escritores. Encuentro diversión y un poderío crítico que muchos escritores solo sueñan con alcanzar y lo mejor es que Pratchett hace que parezca sencillo cuando no lo es ni de lejos. Todavía recuerdo a sus dioses y sus gigantes de hielo.

“En realidad, los dioses estaban tan asombrados por todo aquello como los magos, pero no podían hacer nada, y en cualquier caso estaban enzarzados en una batalla milenaria contra los Gigantes del Hielo, que se negaban a devolverles el cortacésped”. “…Pero los Dioses no tienen la costumbre de mirar hacia el cielo, y además estaban enzarzados en un litigio contra los Gigantes del Hielo, que ponían la radio muy alta”.

Cada obra de Terry Pratchett posee una habilidad quirúrgica para llegar a la raíz de las cosas, para centrarse en la clave del mundo. No era un mero experto en sátira, ironía y humor (que también). Es cierto lo que decía Neil Gaiman sobre él, Terry Pratchett no es alguien gracioso, sino alguien que está enfadado.

Muerte, el gran personaje de Pratchett. Fuente.
Cuando comencé a leerle, pensé “es humor”, pero no, poco a poco, me di cuenta de que Pratchett había visto el mundo durante toda su vida, disfrutando y sufriendo, hasta llegar al momento en que al conocer el corazón de cada persona, sabía que cuando estaba ante una decepción, no podía hacer otra cosa que soltar un comentario sarcástico que haría que muchos se riesen, pero que él había pronunciado o escrito sin pretender solo la carcajada, él deseaba que pensáramos.

Y en esta época de lavados de cerebros en masa, hemos de agradecer que exista su legado y que podamos reír y pensar con él. Me niego a creer que sus libros fueran solo "fantasía", vista de la forma despectiva de algunos idiotas. Me niego porque en este mundo muchos piensan que la fantasía es algo banal, un mero escape sin razón de ser, cuando es más. Pratchett nunca despreció el género fantástico para narrarnos la realidad de nuestro mundo. Solo por eso, merece un reconocimiento (o más de uno), mientras que muchos academistas trasnochados merecen vergüenza, mucha vergüenza.

Pratchett, rodeado de algunos de sus personajes. Fuente.

Pratchett no deja huérfanos a Rincewind, Muerte, Tata Ogg, Cohen el Bárbaro, Mauricio… sino que nos los ha entregado a cada uno de los lectores para que cuidemos de ellos. ¿Puede haber algún regalo mejor? Puede, seguir leyéndolos, seguir descubriéndolos y apreciándolos.

 En El Color de la Magia, escribió:

[…] la única razón para caminar hasta las fauces de la Muerte es para poder robar sus dientes de oro”. 

Pratchett los robó muchas veces y los convirtió en algo más valioso que oro, en historias que entregarnos a todos. Nos encontraremos algún día, por ahora, siempre que devoremos sus libros o recordemos a sus personajes. Que Gran A'Tuin sea generosa en tu viaje más allá de la eterna noche. No dudamos de que así será. Gracias por ser nuestro amigo.

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