6 de marzo de 2016

El extraño caso del doctor Jekyll y Míster Hyde; la melancolía del pecador

"En aquel tiempo, mi virtud adormecía a mi maldad, que su propia ambición mantenía despierta y estaba al acecho y pronta para aprovechar la ocasión; y lo que afloraba era Edward Hyde. De aquí que, si bien tenía yo ahora dos caracteres, así como dos apariencias, uno era pura maldad y el otro seguía siendo el antiguo Henry Jekyll, aquella mezcla incongruente de cuya reforma y mejora estaba cansado. La tendencia era, pues, claramente hacia peor”.
De esta manera describe el doctor Jekyll su tormento en la última carta donde confiesa su pecado, una monstruosidad que ha traspasado los años desde que se viera publicada por primera vez en 1886 y se convirtiese en un secreto ya conocido por cada uno de nosotros, pero pocas veces expresado en voz alta: los seres humanos tenemos monstruos y son reales, como los fantasmas, viven en nuestro interior y, a veces, ellos vencen, como diría el célebre escritor Stephen King.

  El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde es una de esas novelas cortas que marcan un hito y crean una base en torno a la cual giran docenas y docenas de historias, pero aquí está la indudable base que merece ser descubierta de primera mano por el lector, pese a las notables adaptaciones que han habido en el teatro, el cine (la primera es de 1912, y hay otras conocidas como Mary Reilly, a cargo de Stephen Frears), el cómic (The League of Extraordinary Gentlemen de Alan Moore y Kevin O´Neill) o la inspiración que está vigente en personajes tan populares como Hulk.

 

Monstruos e inocentes


El escritor Robert Louis Stevenson, un genio que fue una llama que crepitó veloz en vez de consumirse lentamente, encontró en esta obra de misterio, que se dice que fue fruto de una pesadilla, un tema fundamental para el espíritu malogrado del ser humano: su dualidad entre el bien y el mal. ¿Qué somos? ¿Buenos o malos? ¿Podría la ciencia albergar una poción capaz de separar el lado malo del bueno, crear a un monstruo que destruir para que nosotros permanezcamos puros y sin mácula? Si somos santos y destruimos un demonio, ¿seguiremos siendo dignos de la gracia del cielo o por el acto de matar pasaremos a ser siervos de Mefistófeles también? Y si separásemos el mal de nosotros, ¿seguiríamos siendo nosotros lo que quedase, acaso? ¿Y si la bestia venciera en este juicio final que afrontamos cada día? 

 En El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, la división en el ser humano se remarca en las decisiones de los personajes donde el bien y el mal se confunden en un digno debate, en el que el doctor Jekyll se convierte en el espejo de todos nosotros: podemos ser honorables y decentes, pero quizás solo lo seamos por cobardía y no por convencimiento. Tal vez elegimos ofrecer nuestra mano al prójimo en vez de apalearlo porque tememos las consecuencias de nuestros actos y no por nuestra moralidad. Si fuéramos libres de pecar, de hundirnos en las tinieblas trémulas de nuestros sentidos, ¿lo haríamos? Si escapásemos del castigo, la mala fama y los remordimientos, ¿apalearíamos a alguien? ¿Robaríamos? ¿Nos daríamos al exceso como fieles herederos de Baco? ¿Somos buenos porque queremos serlos o lo somos porque tememos lo que podríamos ser si fuéramos villanos? ¿En qué lugar nos deja eso, cuando somos bondadosos solo por temor y no por nuestra verdadera naturaleza? ¿Nos ocurre a todos? Docenas y docenas de preguntas, como ven, que llegan a cualquier lector que emprende este misterio a medianoche y donde cada uno elige las respuestas.

Stevenson murió joven, pero su legado ha perdurado hasta nuestros días. Fuente.

A través de sus capítulos, donde nos hallamos con algunas muestras epistolares, Robert Louis Stevenson nos conduce por las desventuras del abogado Utterson en busca de saber porqué el apocado doctor Jekyll, que siempre ha tenido fama de buen hombre, quiere dejar sus bienes a un ser extravagante y mezquino como el enigmático míster Hyde. ¿Qué lleva a un ángel a proteger a un diablo? 

 Y el lector también lo descubre, aunque ya todos conozcamos el desenlace (porque los spoilers en la historia de la literatura ya son parte del todo, como el destino de Romeo y Julieta, el destino de Ahab o el culpable de Estudio en escarlata), pero no podemos renunciar a uno de los primeros libros donde surgió de forma clara el carácter disociativo de la personalidad, adelantándose a investigadores en los campos de la mente como el mismísimo Sigmund Freud.

Julia Roberts y John Malkovich en una de las adaptaciones cinematográficas de la novela. Fuente.

El legado del extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde


Si valoramos El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde incluso con un carácter desmitificador o posmodernista (¿cabría la deconstrucción?), la descripción de la pócima, a partir de sales, bien podría recordarnos por sus efectos sobre el doctor Jekyll a la cocaína y más con la dependencia que crea hacia su terrible mejunje. Pero al final, ya sea la droga, el alcohol, el sexo, el arte... Cualquier placer puede generar a una bestia a partir del hedonismo y pronto el truco de Jekyll para ensuciarse las manos como Hyde, pierde el control cuando es Edward Hyde el que comienza a tomar posesión de su alma cuando así lo desea. 

Y progresivamente el héroe que pudo ser Jekyll se descubre como un ser temeroso de su propia naturaleza, incapaz de ser el ángel que siempre quiso ser y nunca fue, porque ha pecado al jugar a ser Dios y desear ser perfecto, y el lado malvado de su ser ya no encuentra ese límite en la moral del lado bueno. Y el mal siempre gana en esos duelos. 

 A todo esto, y si nos centramos más en otros aspectos literarios, añadimos que la novela bien podría pertenecer a la noble tradición de la literatura gótica, con ese Londres plagado de calles difuminadas por el misterio neblinoso y esas descripciones del amanecer y el anochecer con una calidad poética que ya desearían muchos, y que hermanan con la exteriorización de los sentimientos en el aspecto del tiempo y el paisaje que manejasen los autores del romanticismo. Por citados motivos, la prosa de Stevenson es irremediablemente célebre gracias a aportaciones como esta novela u otros clásicos como La flecha negra o La isla del tesoro. Queda volver pues al autor. 

Enfermo durante gran parte de su corta vida, Stevenson halló en sus sueños una forma de retratar a la perfección al ser humano y El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde es, sin discusión alguna, una obra digna de ser leída, porque a veces es importante recordar que todos albergamos monstruos y fantasmas en los áticos del alma, pero también demonios capaces de vencer en nuestro corazón y como poción solo nos queda la esperanza y la buena literatura. Tomemos un buen sorbo y emborrachémonos con ella.
"Y si soy el mayor de los pecadores, soy también la mayor de las víctimas".

4 comentarios:

  1. Hay historia detrás de la historias, tal vez más de una. Stevenson cuenta que le fue inspirada por unos brownies, duendes domesticos a quienes había entrenado para que lo ayudaran a escribir.
    También está la idea de que fue inspirado por alguien conocido de Stevenson, un amigo de doble vida, de delincuente, asesino, con una apariencia respetable, con interés por la literatura.
    Y lo que se conoce no es la primera versión, destruida por el consejo de la esposa de Stevenson. ¿Cómo sería esa primera versión?

    Se trata de un libro conocido pero no necesariamente entendido. No se trata de que Jeckill es bueno y Hyde es malo. El protagonista ha tenido una vida no tan respetable, de la que no se habla. Extraña esa vida y ala vez quiere seguir siendo respetado. Por eso es que libera a una parte de si mismo, que es pura maldad, para que actué como un esbirro de si mismo. Como un villano con doble identidad. Su tragedia es que el otro se sale de su control.
    Curiosamente, esa historia se revela por los testimonios de dos hombres muertos. Que podrían no ser exactos. Hasta esa historia de la transformación podría ser falsa.
    Ha habido un critico de cine, que ha denostado alguna adaptación, por explorar las posibilidades del maquillaje, más que las indagaciones de la novela, el haber reducido el bien y el mal al noviazgo con una mujer y la convivencia con otra. Cuando se trata de la hipocresia. Ese crítico no es otro que Borges, la gran influencia de Neil Gaiman.
    Tal vez hubiera aprobado la versión de Mary Really, donde toda esa historia aparece contada desde otro personaje, Que conoce a Jeckill y a Hyde, como dos distintos hombres. Hasta que llega la revelación.
    Lo curioso es que se trata de una adaptación de Mary Really, una novela de Valerie Martin, basada en la novela de Stevenson.

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    1. El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde siempre asombrará por cómo en tan pocas páginas, se pueden abordar tantos temas y se pueden sacar tantas lecturas, acertadas, aproximadas, tomadas como se puede... Es una de las cosas que hacen grande a la obra de Stevenson y queda para la Biblioteca del Sueño, ese lugar donde yacen los libros imaginados y jamás escritos, saber cómo fue el primer manuscrito de Stevenson y lo que ha supuesto.

      En cuanto al tema de las adaptaciones, creo que hoy, con una buena historia y un buen actor, se pueden plantear las dos posibilidades sin necesidad de maquillaje. Un buen ejemplo es la dualidad del personaje de Walter White en Breaking Bad.

      Un saludo y gracias por tu comentario y tus reflexiones.

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  2. Leí este libro hace unos años y cometí el error de devorarlo sin detenerme a saborear las frases y reflexionar sobre los temas presentados (gran error en este tipo de libros), así que me cuesta bastante recordar lo que leí, aunque obviamente conozco el desenlace de esta obra.

    Creo que presenta una pregunta muy interesante y alrededor de la cual he intentado escribir alguna que otra historia: "podemos ser honorables y decentes, pero quizás solo lo seamos por cobardía y no por convencimiento".
    ¿Qué haríamos si no existieran las leyes? ¿Si nada tuviera consecuencias? Siempre me ha parecido un tema muy interesante para debatir.

    La dualidad el ser humano también es un tema fascinante: ¿qué pasaría si todos sacáramos nuestro Hyde?

    Leyendo tu reseña me he dado cuenta de que tengo que releer este gran clásico. Hace unos días terminé de leer Frankestein y disfruté también con el planteamiento de ciertos temas polémicos y esas frases que te hacen parar para volverlas a leer y decir "amén".

    ¡Saludos y feliz comienzo de semana!

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    1. Lo bueno de este tipo de libros es que siempre esperan una relectura. A veces, la magia de la literatura está en que un libro que lees con diez años no es el mismo que lees con veinte, aunque quizás lo que ha cambiado es la persona y no el propio libro.

      Considero que es un buen tema el que planteas: ¿qué haríamos si no existieran las leyes ni hubiera consecuencias? Creo que daría a Stephen King para escribir una novela, ¿no crees? :) ¿Y si todos sacásemos nuestro Hyde? Bueno, conozco a gente que lo tiene poco escondido... Pero vaya, esto da para una buena historia.

      Tengo que comentar Frankenstein. Espero poder hacerlo este año, que merece mucho la pena, como bien señalas, y está esperando en mi estantería al lado de este escritorio.

      Muchas gracias y que pases una gran semana :)

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