26 de julio de 2013

Crítica de Exit through the gift shop, el arte es un chiste


Todos hemos tenido un grupo de amigos donde había uno que le caía bien a todo el mundo, pero a nosotros, a saber por qué, no del todo (o nada, seamos sinceros). Ese es el sentimiento que le ha quedado a un servidor tras ver Exit through the gift shop de Banksy, un documental que no es malo, pero con el que tampoco he podido “conectar”.
Es admirable cómo el reportaje nos hace creer en la historia de Thierry Guetta, el Brainwash, con su obsesión por grabarlo todo, ver cómo empieza a introducirse en el mundo del arte urbano y acaba siendo un ejemplo de cómo el arte se convierte en algo vulgar, en un chiste.

Porque sí, esta es la historia de Guetta y no tanto de Banksy, pese a que tantas veces se ha dicho “ese es el documental de Banksy”. Pues no, aunque habría que ser ingenuo para pensar que un artista callejero como Banksy iba a mostrar tan fácilmente no solo su rostro (siempre con imagen y voz distorsionada) sino sus métodos o su arte (muy bien alguno, otros simplemente tontorrones: ese elefante).
El gran Lavador de Cerebros.
Nadie sabe tampoco hasta qué punto es real este documental, pero tampoco importa demasiado saber si Mr. Brainwash hizo esas miles de cintas de vídeo o rodó ese experimento de Life Remote Control (Warhol estaría orgulloso). Lo importante es que se plantean preguntas como ¿cuándo el arte pasa de ser arte a puro mercantilismo vacuo?
La película encuentra alguna entrevista y comentario jocoso, alguna escena impagable y descubre un poco más de estos artistas de la calle, pero en el fondo no deja de ser una propuesta resultona, no tan buena como lo esperado.
No obstante,  podemos disfrutar de las obras de Banksy y otros de sus camaradas, encontrar ironía en cada escena y tener alguna moraleja de lo más sarcástica… Pero falta más para convertirse en una película documental digna de recordar y no ser solo un film curioso, que ver cuando vamos a una exposición de arte.

Exit through the gift shop no es suficiente, como dice uno de sus personajes es “simplemente, una broma” y yo soy siempre de los que pasa de las tiendas de regalos de los museos.
¿No sería gracioso que todo el documental sea una broma más
para demostrar que el público no sabe nada de arte?

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