18 de julio de 2017

Pesadillas (Domu) de Katsuhiro Ōtomo, las preguntas de los sueños infantiles

Pesadillas de Katsuhiro Otomo. Fuente.
"No entiendo por qué has hecho eso..."

¿Qué es un hogar? ¿Tienen los sitios memoria? ¿Existen los fantasmas? ¿Quién tiene poder en un mundo donde se ha perdido la magia? ¿Qué supone el terror? ¿Cuál es la responsabilidad de aquellos que están por encima de nosotros? Preguntas que nos vienen a la cabeza mientras leemos el manga Pesadillas, obra emblemática del creador Katsuhiro Ōtomo.

Pese al título que ha recibido en España, Pesadillas (en japonés Domu, “sueños infantiles”) está más cerca del género de la ciencia ficción que el del terror. Sí, hay ciertos elementos macabros o una ambientación lúgubre, pero lo principal es la reflexión sobre el poder. Para todos los seguidores de la obra de Katsuhiro Ōtomo, ciertos rasgos de la obra del creador de Roujin Z quedan claros y evidentes: la vejez, la juventud, la consideración del poder y la contraposición clara de la moral frente a este, tal y como ya vimos en la famosa obra Akira que lo consagró como uno de los grandes del género.
Pesadillas arranca con una escena espeluznante, pero va más allá del terror. Fuente.
Pesadillas cuenta la historia de unos personajes ligados a un siniestro bloque de pisos donde se están repitiendo una serie de extraños hechos; la muerte de varias personas son el desencadenante de una investigación policial que llevará a varios sucesos aún más inquietantes, como suicidios o asesinatos. Este microcosmos y su destino queda representando con el villano que el lector no puede esperar y una pequeña heroína que se contraponen igual que las generaciones a las que pertenecen (pese a cierta doble lectura que tiene que ver con el bebé muerto de una de las vecinas).

Este cómic japonés es una obra muy particular que puede llegar a resultar una “marcianada” para todos aquellos que nunca han disfrutado del manga ni de la obra de Katsuhiro Ōtomo, pero aquellos que partan de un pensamiento más libre o que ya conozcan al autor lo disfrutarán (pese al caos que puebla sus páginas, donde vemos críticas hacia el desempleo, la pobreza, los alcohólicos, la discriminación, la veneración de la vejez, el olvido de los sobrenatural...).

Es indudable que el potencial argumental, subyugado por la fuerza visual de Katsuhiro Ōtomo, está ahí a lo largo de cada uno de los momentos de la historia, pese a que se resuelve mediante una batalla que da pie, a modo de epílogo, a un duelo en un parque infantil que llega a recordarnos a un western urbano muy particular y, sobre todo, original. 

Un punto importante para entender la obra es la visión del autor sobre la ciudad y lo que supone para sus habitantes. Está clara a lo largo del manga. En el material extra de la edición de Norma aparece un epílogo firmado por Alfons Moliné y que toma las siguientes palabras de Katsuhiro Ōtomo:

“Cuando vivía en la zona, llevaron a cabo un nuevo proyecto de viviendas públicas. En poco tiempo, se llenó de parejas con salarios bajos y bebés recién nacidos. Parecía que nunca iban a adaptarse a esta especie de vida urbana congestionada, pero se encontraron atrapados en este mundo”.
La protagonista infantil de Pesadillas. El blanco y negro aporta una fuerza visual, como veréis, muy interesante. Fuente.
Pese a que no sea una de las obras más redondas del autor (aunque sí una de las más conocidas), esta historia ganó en 1983 el Premio a la Mejor Obra de Ciencia Ficción de Japón, siendo el primer manga que consiguió tamaña distinción. Y es que este manga da lugar a una serie de preguntas, como lo hace la ciencia ficción buena, y que cada uno de los lectores puede resolver, ya que Katsuhiro Ōtomo está más empeñado en formularlas que en contestarlas en una obra que se lee con avidez y premura para saber qué clase de mundo podemos esperar tras los eventos que en él se suceden. 

¿Cuál es nuestra responsabilidad en cuanto a nuestro poder en el mundo? ¿Hay futuro para la memoria de la niñez y los fantasmas del pasado? ¿Qué es real y qué no? Preguntas dignas de una pesadilla o, sin duda, de un sueño infantil.

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