14 de abril de 2017

The Magicians: The Rattening, porque la muerte viaja deprisa

El dragón de The Magicians, con su toque de demonio japonés y su herencia smaugiana. Fuente.
Sí, otro post de The Magicians (denunciadme). Voy a hablar de una idea que me ha gustado de este capítulo (The Rattening) que quizás ha pecado de ser un poco de tránsito. Lo lamento, pero ya sabéis que desde hace un tiempo he renunciado a hacer críticas sesudas sobre aquello que veo. ¿Para qué? Mejor centrarme en algo que me gusta.

Julia perdió su sombra, es decir, sus remordimientos, su bondad, su moral... Y en su camino para recuperarla, cuenta con su mejor amigo, Quentin. Bueno, mejores amigos que, como los mejores amigos de la vida real, se han hecho la vida imposible de vez en cuando. Aún así, ahí siguen, juntos, pase lo que pase.


Para recuperar la sombra de Julia, ambos deben viajar hasta el inframundo, el hades, pero olvidaos de esas cavernas oscuras y profundas. Imaginadlo más bien como una de esas salas donde los funcionarios sellan papeles, un enorme vestíbulo donde tienes que pedir número para ir de un sitio a otro, ya sea al infierno, el Eliseo o donde sea. La burrocracia... perdón, la burocracia llega a todas partes.

No obstante, para "morir" y poder regresar debes contar con encontrarte con un guardián ¿y qué son los guardianes? Pues criaturas como dragones... ¡dragones! Debilidad personal, lo sé, pero a mí ya me ponéis un dragón y soy el tío más feliz del mundo.

Y es así como los personajes, Quentin y Julia, terminan en las alcantarillas donde se encuentran con una dragona cuyo carácter bien evoca a un Smaug, pero no al Smaug ladino que ha vivido en la Tierra Media, sino uno criado bajo Nueva York, donde no le importa soltar palabrotas o hacer tratos con los idiotas que buscan su sombra en el hades.

Al fin y al cabo, The Magicians siempre ha sido para mí un ejercicio de coger ideas de obras fantásticas como cuentos de hadas, leyendas, El Señor de los Anillos, Harry Potter, Las Crónicas de Narnia... y convertirlas en su versión perversa, terrorífica, manchada por el cinismo de nuestra triste realidad. Y sigue funcionando, no había visto a una dragona reconociendo su poder de la manera tan espléndida que usa esta reina de todos los gusanos alados.

Una idea muy interesante que sueltan como si nada en los primeros diez minutos del episodio y que ha sido suficiente para que un servidor escriba este post, aunque no sepa si habrá alguien que lo lea, que siga soñando con dragones o piense que hay inframundos que nos esperan.

Al final, solo quedará el sacrificio que aceptemos dar.

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