22 de enero de 2020

Jojo Rabbit, el gran dictador de Waititi


Jojo Rabbit o cómo Waititi sigue siendo uno de mis directores favoritos. Fuente.
Me he pasado la tarde llorando y riendo. ¿Por qué?

Dicen que Charles Chaplin se arrepintió de haber hecho El gran dictador tras saber lo que ocurrió en los campos de exterminio y concentración nazis hasta que le recordaron lo valiente que fue al satirizar a un monstruo como Hitler en su propia época y con una fuerza que hacen que esta maravillosa película sea inolvidable. Imagino que dentro de muchos, muchos años, recordaremos a Taika Waititi como otro valiente que, en estos tiempos donde la intolerancia y las viejas heridas que parecían cerradas vuelven a abrirse, se atrevió a crear una comedia dramática sobre el nazismo o, quizá, sobre el odio, la infancia y lo que supone, como es Jojo Rabbit.

Que el cine es una maravilla y posee una fuerza sin igual es un hecho indudable, pero, de vez en cuando, hay películas que te lo recuerdan y Jojo Rabbit es el caso. Pocos filmes recientes han conectado tanto y a tantos niveles conmigo. He reído, he llorado... Esta es la historia sobre un niño de las juventudes hitlerianas cuyo amigo imaginario es Hitler, y el film se las arregla para mezclar comedia y drama con la creatividad de un director al que hace tiempo que hay que seguirle la pista. Taika Waititi, como toda persona con una auténtica cualidad cómica, es sumamente inteligente no solo a la hora de meter un gag sino a la hora de retratar la sinrazón de la guerra o la muerte de la infancia con planos únicos como unos zapatos desatados.

Y para ello cuenta con un reparto magnífico, donde todos están impecables: Roman Griffin Davis como Jojo es una auténtica revelación, Thomasin McKenzie es hipnótica como la valiente Elsa, Sam Rockwell como Klezendorf y Alfie Allen como Finkel son una pareja estupenda, igual que secundarios como Rebel Wilson o un Stephen Merchant escalofriante y no olvidemos a una actriz portentosa: Scarlett Johansson, que se come cada escena, incluso aquellas en las que decide rescatar al Charles Chaplin de la magnífica El gran dictador. Y hablando de dictadores chaplinescos, el propio Waitiki da vida a la fantasía de un niño sobre Hitler y lo hace formidablemente. Es un tipo listo, no nos cabe duda. Y valiente, porque hoy, cuando se resucitan tantos viejos fantasmas y caemos en una larguísima noche que nos hace rogar ser héroes como los de David Bowie (qué genialidad recuperar su versión del Heroes en alemán) es más necesario que nunca un film como Jojo Rabbit, una película que te recuerde los versos de Rilke que se citan al final:

"Let everything happen to you
Beauty and terror
Just keep going
No feeling is final".

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