26 de abril de 2015

No dejes de escribir

Recupero esta columna de El Juntaletras contra el Mundo que hice hace mucho tiempo. Junto a la corrección de rigor, he intentado actualizar la fecha de mi "juntaletras no more", pero el contenido es lo que debe ser: un homenaje a Ray Bradbury, sus reflexiones, la verdadera meta del escritor y el deseo inspirador de seguir escribiendo. Seamos sinceros, Bradbury siempre merece un homenaje, aquí va el mío...

Ray Bradbury decía en su ensayo El zen en el arte de escribir que existen dos tipos de escritores mentirosos. Si bien todos los juntaletras contamos mentiras con el deseo de que sean tan conmovedoras como reales, otros tienen un comportamiento claramente falso: 
 «El mentiroso de vanguardia piensa que será recordado por una mentira pedante. A la vez el mentiroso comercial, en su nivel, piensa que si él se tuerce, es porque el mundo está inclinado; ¡todo el mundo camina así!». 

Temo que, a veces, en el pasado, cedí a una de estas dos vertientes, pero si me di cuenta y he huido, creo que es un logro (o, al menos, un consuelo). Si reconoces tu pecado, a lo mejor algún dios te perdona.

Pienso que en muchas ocasiones he intentado más trabajar pensando en los falsos objetivos que en lo que hacía para ganármelos. Podemos pensar que la gloria o el dinero son la meta, pero realmente no es así. El fin del camino es cuando escribimos algo que le guste a alguien. Y ojalá le guste a muchos y llegue lo más lejos posible, porque si te conformas ganando dinero o ganándote el favor de un grupo de snobs, dándote igual si tu novela o relato es un bodrio o una joya, algo va mal. No creo que seas escritor. 
 «¿Cuál es la mayor recompensa para un escritor? ¿No es que un día alguien se le abalance, con la cara estallando de franqueza y los ojos ardientes de admiración y exclame: “¡Su último cuento era buenísimo realmente maravilloso!”? Entonces sí vale la pena escribir, solo entonces. De golpe las pomposidades de los intelectuales desvaídos se desvanecen en el polvo. De pronto, los agradables billetes obtenidos de revistas gordas de publicidad pierden toda la importancia». 
¿No os parece que Bradbury es una de las personas más motivadoras que existe? ¿No os da ganas de coger e ir corriendo a la página en blanco para teclear nuevas historias que nazcan de uno mismo? Solo por eso, todos los escritores jóvenes que nos dedicamos al género fantástico deberíamos apreciar a Ray Bradbury y su obra. No podemos dejarnos llevar por un mal vendaval. Por el camino no podemos olvidarnos de que nos guste a nosotros, que seamos sinceros. No tenemos que escribir las obras que pide el mercado, debemos escribir las obras que realmente nos gusten. Cortas o largas, sobre monstruos o sobre nuestra realidad, tristes o alegres… Escribir debería ser un arte puro guiado por el sentimiento de creatividad y el goce de escribir y leer. Marketing y demás vendrán después, no cuando hacemos un acto tan puro como escribir. Nunca deberíamos ceder a lo que quiera el mercado o a lo que quiera un grupito de escritores que piensan que masturbar su ego es lo mejor que se puede hacer. Escribimos para nosotros y los demás, pero los demás que valen la pena. 

Bradbury estaba en lo cierto, no tenemos que ser meros escritores comerciales ni meros intelectualoides que imitan a viejos clásicos a través de frases e historias que en realidad no dicen nada, que escriben para satisfacer su estatus como escritores de tal o cual generación. Leo a mucha gente que ama a Borges y desprecia a Bradbury, quizás porque ni siquiera saben que Borges apreciaba a Bradbury (basta con leer el prefacio que hizo Borges de Crónicas marcianas). Todo este tema de las camarillas también lo tocó el autor de Fahrenheit 451
“Se habla mucho de los que se someten al mercado, pero no lo suficiente de los que se someten a las camarillas”. 
Ahí está una de las claves.
Pero no quiero que este texto vaya solo sobre lo que vendrá después: el éxito o el fracaso, huir o unirse a grupillos. No, este texto quiero que también sea un homenaje a Ray Bradbury, a su incansable optimismo y calidad como escritor, y también una forma de recordar que tengo que escribir incluso cuando parezca que no sirve para nada. Porque sí, ya fuera por a o por b, hace dos años pensé en dejar de escribir. ¿Por qué? Es difícil responderlo y, cuando lo he intentado, no creo que los demás lleguen a comprender esa sensación amarga de no saber por qué se teclea algo. No parezco que llegue a ningún lado y siento que todo lo que hago es puramente mediocre, que no vale la pena. Por eso, dejé de escribir en pleno acto de frustración. Hace un mes. Hasta que esta semana no terminé de leer El zen en al arte de escribir no me di cuenta de la barbaridad que había realizado, el tiempo que he perdido y el retroceso que he dado. Siempre he pensado que prefiero ser alguien optimista, pensar que todo mejorará pase lo que pase… pero, a veces, el otro lado te vence (ese que te dice que nunca llegarás a nada). Y necesitas ayuda. Por suerte, cuentas con gente como Bradbury que te ayuda a que esos sueños no se queden en eso y se hagan realidad. 
Hay que trabajar, esforzarse. Bradbury propone que hagamos un cuento cada semana durante cinco años hasta aprender casi una especie de mecánica para el ingenio. Suma a esto lo que decía Stephen King de leer cuatro horas y escribir otras cuatro (entre otras cosas realmente importantes que dice en Mientras escribo). Consejos que he intentado tomar a rajatabla. 
Hace unos años, un servidor lo hacía diariamente: relato y microrrelato. Recuerdo lo que costaba, pero… al final, encontré el camino. Era casi automático. Ir en aquel autobús a la facultad me daba ideas, estar en clase, salir con amigos, pensar en un juego de palabras… 
 «Por eso no deberíamos desdeñar el trabajo ni desdeñar los cuarenta y cinco o cincuenta y dos cuentos escritos en nuestro primer año de fracasos. Fracasar es rendirse. Pero uno está en medio de un proceso móvil. Entonces no hay nada que fracase. Todo continúa. Se ha hecho el trabajo. Si está bien, uno aprende. Si está mal, aprende todavía más. El único fracaso es detenerse. No trabajar es apagarse, endurecerse, ponerse nervioso; no trabajar daña el proceso creativo». 
Ahora, ¿se entiende por qué me gusta tanto Ray Bradbury? No solo es uno de los mejores escritores que he leído en cuanto a ficción, sino también como ensayista. Todo este aprecio que siento por Bradbury se podría resumir brevemente en una anécdota que tengo con él aunque nunca lo conocí en persona (por desgracia): suelo doblar las esquinas de las páginas que contienen frases que me gustan en los libros. Con el bueno de Bradbury tuve que parar: había demasiadas frases buenas por página y el libro empezaba a parecerse peligrosamente a un acordeón. 
Gracias, Ray. Saluda a Marte por nosotros. 

6 comentarios:

  1. Justo ahora me estoy leyendo el Zen el Arte de Escirbir y no puedo estar más de acuerdo contigo. No he leído libro más motivador que el suyo y después de una de esas épocas malas de dejar de escribir y no saber para dónde tirar, Bradbury es como una brisa fresca, acciona el resorte que te impulsa a escribir de nuevo y hace que quieras ir corriendo hacia el ordenador (o el cuaderno).

    No se pierde en explicaciones grandilocuentes ni en frases tópicas, da consejos útiles de verdad y hace que creas un poco más en ti mismo.
    Ojalá hubiera topado antes con este libro porque me está pareciendo de lo más inspirador que he leído nunca.

    El Zen en el Arte de Escribir junto a Mientras Escribo me parecen indispensables para todo aquel que quiera dedicarse a escribir, no solo por lo que enseñan sino también por la fuerza de la que te llenan.

    Gracias por compartir aquí esta columna.

    Saludos :)

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    1. Me alegro muchísimo de que te esté sirviendo, Chari. Nunca me canso de recomendar lo suficiente El zen en el arte de escribir ni Mientras escribo, dos obras que siempre me consiguen animar y que creo que a cualquier juntaletras también.

      Espero que esta obra te siga inspirando y crees todas esas historias que ya tu mente está trazando para sorprender a un público al que seguro que también inspirarás como lo hizo Bradbury o King. Esa es la magia del arte y pienso que el mundo sería un lugar mejor si tuviéramos más de ese embrujo en cada uno de nosotros.

      Me alegro de que te haya gustado este columna. Cada vez estoy más convencido de que hoy era el momento perfecto para compartirla de nuevo.

      Muchísimas gracias por tu comentario y a seguir escribiendo.

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  2. Mi única objeción es la de escribir un cuento cada tanto tiempo, en forma sistematica. A veces lo que se tiene son ideas sueltas e incompatibles entre sí.
    Está bien lo de desconfiar de los intelectualoides que critican libros, a veces parecen no entender lo que critican o parece que analizaran ideas previas.
    Borges ha leído a Brabury y la vez es leído por guionistas de comics. En el capítulo El equlibrio, de la serie animada JL Unlimited hay una breve alusión a El Quijote de Pierre Menard, hecha por un villano llamado Felix...Fausto.

    Bradbury y Borges han leído a Lovecraft y lo han homenajeado. Es interesante un cuento de Crónicas marcianas, Usher II, ideal para ser adaptado como película de terror, y un homenaje a los libros, tanto como el cine. Y un repudio a obligación de realismo.

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    1. Sobre los cuentos cada semana, más que un sistema de eterno acierto, consiste en una forma de ejercitar los músculos de la imaginación a pesar de que hayan relatos mejores y peores. De todas formas, si es un cuento cada dos semanas, por ejemplo, en un año te puede quedar una gran antología si escoges los mejores (sería complicado que todos no tuviesen el nivel deseado)... O incluso un cuento cada mes. Lo que pretende Bradbury es que hagamos ese ejercicio con la imaginación y dejemos fluir las ideas. Siempre se puede probar, aunque todos tenemos nuestros propios métodos y, si funcionan, no hay nada mejor.

      Los verdaderos y grandes escritores como Bradbury o Borges suelen rehuir a las camarillas de intelectualoides que los rechazan en vida y un par de décadas después, dicen adorarles. Por eso, creo que Bradbury nos enseña algo muy importante al respecto.

      Muchas gracias por tu comentario, muy interesante como siempre.

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  3. A día de hoy no he conseguido "El Zen el Arte de Escribir", a ver si hay suerte y tarde o temprano lo encuentro, porque como ya te dije hace algún tiempo me encantaría leerlo. Como poco parece inspirador.

    Yo también he tenido épocas llenas de dudas, no es fácil perseguir un sueño. Creo que lo importante es seguir adelante pase lo que pase, reinventarse y nunca permanecer estático.

    ¡Un abrazo lleno de palabras!

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    1. Por desgracia, vivimos en uno de esos países donde se reedita mucha porquería y pocas veces obras tan fundamentales a la hora de escribir como esta colección de ensayos de Bradbury. Acabo de echar un vistazo y sigue descatalogada. Una pena, pero también Mientras escribo estuvo descatalogado hace unos años, cuando lo empecé a buscar... A ver si esto se arregla, de todas formas siempre nos quedarán las bibliotecas.

      Estoy de acuerdo en lo que dices. Hay que seguir ese sueño hasta que sea una realidad donde quedan aún un montón de cosas que hacer.

      Muchísimas gracias por tu comentario y a seguir escribiendo :)

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