31 de mayo de 2011

Relato: Caso: terrícola contra el universo

Os dije en esta entrada que colgaría este cuento por aquí tarde o temprano. Ha llegado el momento. Recalcar que este relato fue originalmente escrito y publicado en la revista Más Literatura (podéis verla pinchando sobre el título). Gracias y espero que os guste.
“Caso: terrícola contra el universo”
Imagen libre de derechos.
Comenzaba el juicio. La inmensa sala del Tribunal Multiversal se puso en marcha. Rápidamente, las gradas fueron ocupadas por diferentes criaturas o, mejor dicho, sus representaciones gráficas (hologramas, las llamaban). Nadie había asistido físicamente, excepto el demandante, al que todos miraron mal, entre ellos el aguacil. Este era un kioniano de piel escamosa y diez ojos. Saludó a la sala con su linterna láser, haciendo unas señales en Código Litpuniano que podían traducirse como: "El honorable juez Toks preside la sala. Que dé comienzo el caso: “Terrícola contra el universo"
El humano estaba nervioso. Parecía una causa perdida, pero iba a luchar. Miró con temor al enorme gangasiano, con su exoesqueleto de temporada, ocupando su asiento de juez. Toks, un gangasiano duro de la vieja escuela.
—Buenas interhoras, señores en holograma– olvidó al terrícola e incluso el propio proceso–. Este caso es el de los insoportables poetas de Bisnber IV y…
— ¡No!– clamó el terrícola indignado. Estaba llorando. Era patéticamente cómico.
— ¿No? Eh… Ah, vale… Había traspapelado el caso– gruñó Toks y soltó algo similar a una risotada, mientras sacaba una pantalla digital–. ¡Aquí está! En fin… Vaya, esto enfrenta al universo, es decir, todos nosotros– sonaron vítores del público– y a un… terrícola– sonaron abucheos–. Debo ser imparcial, pero ¡qué pérdida de tiempo! Hasta para encender el generador holográfico…– muchos asintieron.
—No lo-o cre-creo– tartamudeó el sudoroso humano–. Me llamo Jeremías, no terrícola, por cierto. Prefiero que-que me llamen Je-Jeremías.
—Nosotros preferimos llamarlo terrícola– contestó Toks–. ¿Pasa algo, Je-Jeremías?
—Pero es que…– farfulló el humano, pero fue interrumpido:
—Ni es que ni es que nada– se quejó el juez con el tono de una madre enfadada con su crío–. Hable de nuevo fuera de su turno y será acusado de desacato y será lobotomizado– y se regañó–: ¡Terrícolas! ¿No se da cuenta de que los abducimos para que aprendan modales? Y sí, ya veo que una vez denunció por eso de abducirle y meterle sondas… ¿No ha consultado la definición de “modales” en la Multienciclopedia Mromrinricra? En fin, el abogado universal, Ciri´uk Dal´eq, comience.
La respuesta del pequeño ser peludo mitad cibernético fue un grandilocuente:
—¡¡¡BUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUAAAARRR!!!
Todo el público del juicio, porque era eso, público en calidad de jurado, empezó a aplaudir. Hubo hasta lágrimas ante las emotivas ¿palabras?
—No he entendido nada– masculló el humano, reconociendo su ignorancia.
—Qué poca sensibilidad– gruñó Toks, secándose con un aspirador de disco alguna lágrimilla de plata–. Señor Dal´eq, conecte, si quiere, el traductor para que ese cabeza de lunaiaaou entienda algo– eso era un insulto muy feo, pero la mayoría de los asistentes asintieron, viéndolo justo. Tras unos nanosegundos acompañados de unos sonidos extraños, Dal´eq puso su traductor y mirando al mamífero dijo:
—Perdone, no recordábamos los impedimentos de su mínima capacidad interpretativa, así que seré breve: el Universo no salvará a la Tierra. Ya está– dijo Dal´eq y los aplausos no se hicieron esperar. El humano no podía creerse aquello, aunque desde la abducción, creía en cosas increíbles y gritó:
—Pero ¡hay precedentes! ¡Ustedes han salvado a varios planetas que no consiguieron salvarse a sí mismos de su destrucción! ¡Aceptaron refugiados!– y hubo toses, como si todos quisiesen disimular aquel hecho.
—Está sacando un tema especialmente incómodo, terrícola– dijo Dal´eq–. Seamos sinceros: sólo salvamos dos planetas. Uno fue porque tenía monofantasmas– y sonó un “ooooh” que se traduce como “qué adorables”–. El otro, fue porque nos gustaba su comida, ¡hasta nos comimos a ellos! Cosas que pasan– a todos, menos el homo sapiens, se les hizo la boca agua. Algunos literalmente–. Ahora bien, ¿salvar la Tierra? ¿Es una broma? ¿Qué tiene para que la salvemos de su inminente destrucción? Ni siquiera están amenazados por cabezones belicosos de otra dimensión, ¡se van a destruir por ustedes mismos! ¿Les salvaremos de ustedes? ¡Es ridículo! Hagan el favor y… ¡Maduren!
— ¡No pueden entenderlo!– musitó el demandante, su propio abogado–. ¡No han visto la Tierra!– y empezaron los abucheos–. ¡No somos chatarra espacial!– hubo risas que no sentaron nada bien al humano. Había hecho un chiste involuntario.
—Sí que la hemos visto, terrícola. No nos subestime con su “superioridad” terrícola, que es supuesta (si no, se habrían salvado). Hemos visto la Tierra y sabemos que sí es chatarra, como la que ustedes han vertido al espacio. Hubo una especie de espectáculo de holorealidad, el Miserable Humano, pero no tuvo éxito, ¡como los dinosaurios! Por eso, cancelamos su emisión. No merecen ni entretenernos. Los bufones galácticos son los pringulos, ¡de toda la vida!– y la exclamación dio paso a los aplausos y las ondas sónicas de los pringulos hicieron que la habitación y los propios hologramas temblasen. El juicio iba mal para el homo sapiens. El humano tenía que jugar sus últimas cartas:
— ¡Los paisajes! ¡Los paisajes de la Tierra! ¡Son hermosísimos!
La primera respuesta fue una carcajada al unísono, atronadora, seguida de una mirada de indignación, ¿decía el mortal aquello en serio? Dal´eq habló:
— Ni siquiera en su esplendor, la Tierra era superior a un tour por los montes de Marte, y hablo de ese planeta no por su belleza, sino porque ustedes sabían algo de él.
>>Quitando ciertas construcciones de escaso interés, ¿cree que todos esas cosas de cemento que pusieron donde habían bosques son mejores que nuestras maravillas galácticas? Su decoración es, sin ofender, ¡horrible!
— Pero era nuestro…
—De ahí, las expresiones: “egoísmo humano” o “estupidez humana”. “Era nuestro”. Sí, tanto que decidisteis destruirlo– increpó Dal´eq–. ¡Ni los borbunos harían eso!
— ¡No me refiero a eso! Yo sé que ustedes no han mirado nunca a la Tierra como yo.
— Evidente, no somos seres inferiores– susurró el juez, para hacerse notar.
—Pero ¿y el arte? ¿Y los descubrimientos científicos? ¿Y nuestro afán de superación? Y… Y… ¡Sí… Y eso y lo otro y aquello de más allá! ¿Dónde está eso?
— Asfixiado por sus atrocidades: guerras, extinción de animales inocentes, cargarse una atmósfera…– respondió Dal´eq y diez minutos después, término la primera parte de su enumeración–. Resumamos: ustedes se han suicidado y…
— Pero ¿y el arte?– insistió el mamífero. No se le ocurría nada más.
— ¿Sabe que la mayoría de sus artistas fueron alienígenas que decidieron que la Tierra merecía una oportunidad?– preguntó el abogado–. Sus descubrimientos científicos son chistes y su afán de superación es sinónimo de afán por cuando las cosas no pueden ser peores, hacer que pasen a ser malas porque han hecho algo peor.
— Entonces…– susurró el ser humano, que empezó a comprender la verdad.
— Acéptelo, señor terrícola– intervino el juez Toks–. Cuanto antes lo acepte, será mejor (porque nos iremos a comer antes): la Tierra no merece ser salvada. Y ¿Tierra? ¡Qué ironía de nombre! La mayoría es agua, no tierra. ¿Nunca lo pensaron?
— Oh…– lloró el humano–. Es que estábamos ocupados…
— Ocupados siendo irrelevantes para el resto del universo– habló Dal´eq, solemne.
— Bien, es lo primero sensato que escucho en todo este espaciotiempo– juzgó Toks, intentando levantarse–. Terminamos la sesión para irnos a comer, porque la victoria sabe bien, pero no alimenta– hubo un  cuchicheo–. ¿Qué? Ah, ¡¡el veredicto! Fácil: la Tierra no merece ser salvada y el egocentrismo de los terrícolas es horripilante. Piensan que la destrucción de su simple planeta y todas sus vidas significa algo. No se dan cuenta de que si la Tierra desapareciese, nadie la echaría de menos. En fin, quédense con eso. ¿Algo más que decir? No, pues…
— Yo tengo algo que decir…– dijo el hombre y se llevó las manos al rostro.
—¿Otra vez, terrícola? Vaya… Dígalo, pero ¡a la velocidad de la luz!
— Todo el mundo sabe la respuesta a: “¿merece la Tierra ser salvada?”. Es sólo una pregunta irónica, graciosa, más si pensamos en los costes y en que estamos en una crisis macroeconómicaeléctrica y…– el humano se arrancó su cara. Era una máscara. Mostró su verdadero rostro: verde y con cien ojos. ¡Era la superestrella universal Kox´akl!–. Este ha sido el primer y último sketche serio de este astroprogama… ¡Esto es LA HORA ALIENÍGENA! ¡BIENVENIDOS!– y empezó la sintonía, las carcajadas y el bailoteo de los actores: desde el que interpretaba a Toks hasta el robot peludo Dal´eq.
El programa de entretenimiento intergaláctico había empezado con su típico teatrillo, riéndose de la última noticia: la confirmación de ese planeta lejano y vulgar, la Tierra, iba a destruirse por sus propios habitantes. Algo insólito en el universo civilizado, pero que causó muchísimas risas en todas las galaxias. Tantas que a la Tierra llegaron como extrañas señales de radio que no supieron interpretarse.
El universo se reía de la Tierra y los humanos ni siquiera descifraron el lema del astroprograma: “Que les sea leve la existencia”. Suele ocurrir.

6 comentarios:

  1. Me quedé con cara de boba cuando derrepente se quitó la máscara y se descubrió TODO!! jajaj XD glub ......
    Me rio pero .... suena tan real la posibilidad de que otros "seres" en el quicio del espacio se estén riendo de la manera en la que estamos acabando con nuestro planeta..ufffff(OO)
    MUY BUENO CHICO!!

    ResponderEliminar
  2. Muy divertido, sobre todo la última vuelta de tuerca.

    Curiosamente yo mismo escribí un relato que bien podría llamarse "Caso: el universo contra la Tierra" con algunos elementos en común.
    Lo tengo comprometido con una revista que no sé ni siquiera si va a salir, pero bueno... si no lo sacaré por mi blog.

    Salu2.

    ResponderEliminar
  3. Hola, RaTa... (0ó)

    Me alegro de que te haya sorprendido ese final. Era, realmente, lo que pretendía.

    También quería hacer reír, pero que hubiera patetismo y unas gotas de tristeza. Creo que más o menos, quedó bien.

    Muchísimas gracias por tu comentario y un saludo, hasta la próxima visita =)

    ResponderEliminar
  4. Hola, Pedro López Manzano.

    Me alegro de que te haya gustado. Como comenté anteriormente, pretendía ambas cosas y me siento bien sabiendo que, más o menos, lo he conseguido.

    Estaré atento a ver si aparece ese relato. Es bastante curioso. En mi caso, el origen está en pensar si alguien juzgase a la humanidad cómo lo haría. Lo hice porque no me gustó que en el relato de una amiga, el narrador fuese una especie de juez por encima del bien y del mal. Creo que lo removí demasiado, lo distorsioné y jugué con ello hasta que quedó esto.

    En definitiva, estaré pendiente de tu blog.

    Un saludo y muchísimas gracias por tu comentario.

    ResponderEliminar
  5. Oh! me ha gustado mucho tu relato y me gusto mucho eso de que la Tierra es la burla del Universo.. por cierto me gustaria estar en sintonia con ese programa ! quede muy sorpendida cuando el abogado se quito al mascara.. ha sido espectacular!, por cierto un saludo y es muy fascinante tu relato, sobra decir, Saludos ! Att: Eliana P.

    Pos: qué navegador sujieres qué use ? el mismo problema jejeje

    ResponderEliminar
  6. Hola, Eliana P.

    Muchísimas gracias por tu comentario, me ha hecho mucha ilusión poder leerlo. Gracias =)

    Me alegro de que haya resultado sorprende cuando ese pobre humano que ha intentado poner contra las cuerdas a un tribunal compuesto por la mayoría de los seres del universo resulta ser un alien más y todo una burla. Era lo que buscaba y me alegro de haberlo conseguido con varios de los lectores que han comentado por aquí.

    Muchísimas gracias nuevamente, un saludo y hasta la próxima visita.

    PD: Suele usar el Google Chrome, aunque últimamente ha dado problemas, como Blogger, a la hora de visualizar cosas, como los Seguidores, pero creo que se ha ido solucionando. Cualquier problema que tengas a la hora de visualizar este blog, me dices. Gracias =)

    ResponderEliminar

¡Muchas gracias por tu comentario!

Los textos pertenecen a Carlos J. Eguren salvo cita expresa de los autores (frases de libros, comentarios de artistas...), siempre identificados en el post. El diseño de la imagen de portada pertenecen a Elsbeth Silsby.

Si deseas compartir un texto, ponte en contacto con nosotros para hablarlo. Si quieres citar un fragmento, incluye la autoría.

El propietario de este blog no se hace responsable de los comentarios o los contenidos alojados por terceros.

Plantilla: Impreza Blogger Template.

Cabecera realizada con vectores de Freepik.

Muchas gracias.

Con la tecnología de Blogger.