7 de enero de 2011

Críticas de cine: Miedo y asco en Las Vegas (Terry Gilliam, 1998)

Los años ´70, la psicodelia de los ´60 se aleja, pero deja resaca. Raoul Duke es el seudónimo de Hunter S. Thompson, “doctor” en periodismo, y su abogado samoano, el Dr. Gonzo, se dirigen en un descapotable hacia Las Vegas. Duke debe cubrir una carrera, pero cuando llevas un coche que parece una farmacia (marihuana, mescalina, ácidos, etc.), nada es demasiado importante excepto las alucinaciones con lagartos gigantes y murciélagos.
Críticas de cine:
Miedo y asco en Las Vegas 
Imagen de Miedo y asco en Las Vegas. Fuente.
“Es culpa del puto éter”
Si somos unas personas que vemos lo básico, veremos en Miedo y asco en Las Vegas las aventuras y las desventuras de dos drogadictos puestos a las cejas. Si somos un poco filosóficos, vemos el camino hacia la destrucción del sueño americano. Tanto si lo somos como si no, sirve para conocer a Hunter S. Thompson, el padre del periodismo gonzo. Me hubiera gustado hacerle un homenaje escribiendo esta crítica como una de sus crónicas, pero va a ser que no tengo suficientes sustancias psicodélicas o, simplemente, y más cierto, su talento.

Es miércoles 5 de enero de 2011 o algo así. Antes de ponerme a estudiar Literatura, decido documentarme de Hunter S. Thompson. Eso me lleva básicamente a ver Miedo y asco en Las Vegas. Es un día algo frío, pero no importa. Estoy en casa, con el ordenador comiéndome la cabeza y me pongo unos cascos para escuchar mejor la película. Empieza. Me encanta documentarme así para los exámenes.
—Pero ¡tienes que estudiar!– me dice mi lado bueno.
—Vete por ahí– le dice mi lado malo.
A lo que yo respondo:
—Iros por ahí.
Empieza la película.
La veo.
Hago la reseña, la colgaré pronto en el blog. Pronto se convierte en dos días después. Cosas que pasan.
Pero...
La sabiduría. Fuente.
Vayamos al grano, en 1998, al exMonty Phyton Terry Gilliam se le ocurre adaptar uno de los libros de Hunter S. Thompson. La jugada no le sale del todo mal, aunque para gran parte de la crítica y para el público no sea una gran película. Desde mi punto de vista, las rarezas de Gilliam son perfectas para esta historia hilarante, salvaje y trasgresora. Por los dioses, si hasta el cartel nos deja claro que vamos a ver algo diferente, para bien o para mal... 
Es decir, Gilliam quiere que, como los protagonista, lo flipemos durante una hora y cincuenta minutos. Habrá que hacerle caso al realizador de 12 monos.
¿Qué tal el reparto? Por él vemos circular a gente como Tobey McGuire (quien fuera el Spiderman de Raimi) haciendo de autoestopista idiota (qué bien lo hace), Christina Ricci de chica aniñada que hace cuadros de Barbra Streisand y a Cameron Díaz haciendo de chica en un ascensor (qué bien lo hace), pero sobre todo vemos a los dos protagonistas (irreconocibles) de esta locura: Hunter S. Thompson, un genial Johnny Depp donde ya empezaba a aflorar su vena Jack Sparrow, y Dr. Gonzo, un increíble Benicio del Toro. Ambos se pasan casi toda la película drogados. Lo hacen muy bien. Que los mal pensados piensen lo que quieran.


El argumento adapta la novela de Hunter S. Thompson. Los personajes van de un lado para otro y buscar el inicio y el final no es algo que nos garantice que lo haya, no sabemos muy bien qué pasa, pero si eres de los míos, puedes a llegar a disfrutar de un viaje psicotrópico que finalmente se vuelve algo tedioso. Quizás, si te metes bastante, verla sea la mejor forma de colocarte sin colocarte.
La historia no juzga las drogas, tenemos desde aspectos tan grotescos como ver a los personajes puestos de Éter hasta cosas más dramáticas como la escena de la camarera o el intento de suicidio. Finalmente, sólo nos queda una gran reflexión de Thompson sobre los sueños e ilusiones de los años ´60 y cómo se vinieron abajo en los ´70, al igual que el Sueño Americano está más que acabado en esa cumbre de la decadencia y el consumismo, de la alegría desenfadada y venenosa de Las Vegas. Genial la escena donde creen que tienen alucinaciones cuando más sobrios están (Depp en el ascensor junto a la anciana).
¡Ah! La banda sonora es la hostia. Genial las apariciones de Somebody to love y White Rabbit, dos canciones interpretadas por el grupo Jefferson Airplane. Genial por cierto la reflexión del abogado samoano de que quiere suicidarse escuchando White Rabbit. Lewis Carrol, cuánto daño has hecho.
En definitiva, una película donde se mezcla entre éter y cannabis un poco de humor, locura, amistad, psicodelia, disparate, bizarradas y salvajadas. ¡Es tan inclasificable!..., que no le voy a poner nota. 
Hay que verla, luego ya decides si la amas o la odias. 
A mí me ha gustado.
Experimentación ante todo. Fuente.
"No tiene sentido pelear ni de nuestro lado ni del de ellos. Teníamos todo el momentum; navegábamos en la cresta de una inmensa y bellísima ola. Y ahora, menos de cinco años después, puedes ir hasta la cumbre de alguna colina en Las Vegas y mirar al Oeste, y, con la mirada apropiada, casi podrás ver el lugar donde finalmente la ola rompió contra la tierra y comenzó a retroceder".

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