Crítica de Yo, vampiro: un fiasco vampírico

John Constantine será uno de los invitados habituales a la fallida serie Yo, vampiro. Fuente.

«Me llamo Mary Seward. Ahora me llaman Mary, la Reina de Sangre. Y es increíble ser yo».

Los New 52 fue un intento de DC por reiniciar gran parte de su franquicia superheroica y dar oportunidades a nuevas series o conceptos a través del relanzamiento. De ahí que surgiese la serie Yo, vampiro, a partir de la escrita originalmente por J. M. DeMatteis. El encargado de darle una nueva capa de pintura fue el guionista Joshua Hale Fialkov y el dibujante Andrea Sorrentino, que contaron con colaboraciones de Peter Milligan, Admira Wijaya, Daniel Sampere, Dennis Calero, Scott Clark, Fernando Blanco y Szymon Kudranski. Lamentablemente, con Yo, vampiro estamos ante uno de esos cómics donde el apartado visual de Sorrentino es estupendo, mientras que el guion de Joshua Hale Fialkov deja muchísimo que desear.

El apartado gráfico de Yo, vampiro me parece lo mejor de la serie. Fuente.

Vampiros arrepentidos

Andrew Bennet es un vampiro que intenta evitar que su exnovia, Mary, destruya a toda la humanidad. Para ello, se une a un profesor y una joven cazavampiros en un viaje que lo enfrentará con Mary, los cazadores de noctívagos y otros seres de la oscuridad, pero también con el lado oscuro del propio Bennet: Caín. Y ya estarían resumidas las 480 páginas que conforman el tomo global de la serie (que ha sido publicado hace unos meses en España).

La idea de escribir una serie de cómics sobre vampiros en una época en que por un motivo u otro estaban en auge en el cine, podría haber resultado ser muy interesante. No pedíamos una obra que nos cambiase la concepción sobre ellos, nos hubiéramos entretenido con algo como el Crimson de Humberto Ramos, pero lo que obtenemos con Yo, vampiro es… sencillamente, un sinfín de peleítas sin el más mínimo interés. Si alguien espera algún atisbo de profundidad, que lo busque en otra parte.

Más allá de tomar un poco del lore de Vampiro: la Mascarada, el principal problema de la serie está en que sus personajes no nos dicen nada. Hay un batiburrillo de magia y monstruos, pero de poco nos importan sus batallas a lo Dragon Ball si los mindundis que se están peleando no significan nada para nosotros. Ni Bennet emociona ni tampoco Mary ni sus secuaces, son personajes escritos en piloto automático, que por mucho que intenten llegarnos, se quedan calados a medio camino. A esto se añade el arranque que hace Fialkov, que resulta ser uno de los más confusos que recuerdo de una serie mensual de DC. En serio, ¿hacía falta destrozar tanto una estructura para contar una historia? ¿Así iban a enganchar a nuevos lectores? En vez de presentarnos a los personajes como debe ser, Fialkov se crece para jugar con una estructura que no domina y hacer un inicio difícil de seguir. Fialkov está muy lejos de ser el Alan Moore de una Lección de anatomía.

¿Quién no echaba de menos a los perros vampíricos de Blade Trinity? Fuente.

Llega un punto en que hay un crossover con la Liga de la Justicia Oscura de Constantine, Deadman, Zatanna y compañía, y lo escribe el veterano Peter Milligan… Y quizá sea triste decirlo, pero es lo mejor de la serie (justamente lo que no ha escrito un Fialkov, que intenta hacer su propio Underworld, olvidando las capas de drama que acompaña a una criatura como el vampiro).

Por suerte, como ya he dicho, está el trabajo de Andrea Sorrentino, un autor cuya popularidad ha crecido gracias a Gideon falls y Joker: Sonrisa asesina. Muchos de sus detractores sostienen que su estilo recuerda a fotografías desvaídas y que sacrifica toda la narratividad del cómic; yo no llego a tanto y lo prefiero a otros dibujantes que se quedan sin fuerza en medio de una colección. O será que el guion es tan anodino que el dibujo de Sorrentino resalta, aunque nos hace pensar que quizá está perdiendo el tiempo dibujando una serie que no llega a nada y que, cerca del final, se vuelve un caos porque los editores están obligando a cerrar esta atracción de baratillo.

Sin duda, Yo, vampiro es, ante todo, una serie para los acérrimos del género vampírico que no tengan demasiadas expectativas y para aquellos que disfruten del trabajo de Sorrentino; lástima que todo el potencial naufrague por culpa de un poco inspirado Fialkov, que parece que no se da cuenta de que los vampiros requieren algo más que simples explosiones: requieren sangre y, sobre todo, vida.

Fialkov retoma la idea de los vampiros capaces de convertirse en lobos, tal y como describía Bram Stoker en Drácula. Fuente.

 

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