17 de noviembre de 2018

Crítica de la película: "Animales fantásticos 2: Los crímenes de Grindelwald", el imperio contraataca

Los personajes de la nueva entrega de la saga. Fuente.
"You're too good, Newt. You never met a monster you couldn't love".

Una de las palabras que más temo de la ficción es “retrocontinuidad”. Siempre que un escritor viaja al pasado de su historia y cambia ciertos elementos para hacer que encajen otros, el efecto sobre el lector puede ser de admiración por cómo hace que las piezas funcionen o de animadversión al ver cómo el escritor está inventando sobre la marcha y destrozando cosas que dábamos por sentadas hasta el momento. Es así como el artista se arriesga a mostrar el gran artificio de su creación.

Es indudable: Animales fantásticos 2: Los crímenes de Grindelwald se convertirá en una de esas películas que dividen al fandom entre sectores que la aman o la detestan profundamente. Si bien venimos de un debate similar con Los últimos Jedi de Star Wars, en la nueva cinta de David Yates, el papel que posee como film de transición y, a la vez, emblema de una nueva retrocontinuidad, puede fascinar o enfadar a los seguidores más acérrimos de la saga.

La idea de que es una película de transición hacia las otras tres restantes de la saga Animales fantásticos está clara, con un ir y venir de los personajes que siempre apunta hacia un capítulo más y nunca hacia un cierto talante autoconclusivo, que parecía poseer la original: Animales fantásticos y dónde encontrarlos (pese a ser el inicio de una saga). Esto puede resultar frustrante cuando quedan años hasta la siguiente entrega y uno se pregunta cuánta evolución hay en los arcos de los personajes (que lo hay, echen un ojo al propio Newt). No obstante, un servidor prefiere esperar y ver cómo el rompecabezas creado por Rowling toma forma. Por mucho que algunas señales que hay un nulo desarrollo de los personajes, yo encuentro que los personajes dan un paso más y no acaban la cinta igual que como la empezaron y eso, en estos tiempos de secuelas que se desenvuelven sobre seguro, es más que suficiente.

En cuanto a la retrocontinuidad (la tan temida retrocontinuidad, que no reboot), muchos nos cuestionamos cómo encajan ciertos descubrimientos sobre Lestrange, Grindelwald, Dumbledore y compañía con lo que ya sabíamos de los libros. Puede que ciertos descubrimientos suenen (hasta cierto punto) a culebrón, mientras otros parecen más logrados. Sin embargo, la mayoría se presentan interesantes para las próximas entregas. Más allá de la aparición de ciertos personajes que tienen ahora una nueva fecha de nacimiento (véase McGonagall), quedan elementos dados a la duda más vacuos como el cambio de estética de personajes como Dumbledore (¿cuándo comenzó a llevar túnicas? ¿Gafas de media luna?). De todos modos, es un film tremendamente disfrutable (siempre y cuando el espectador acepte la cinta sin entrar en discusiones estériles o retorcidas).

No negaré que puede que si uno se detiene a ver con lupa el plan de Grindelwald, encuentre algunos agujeros en la trama o se pregunte por qué el pérfido villano no opta también por llevar a cabo su estrategia más allá de Dumbledore (la respuesta es clara: Dumbledore es su mayor adversario y ya ha encontrado un modo de vencerlo). Lo que sí considero es que tantos hechos a tanta velocidad dejan anonadado o aburren al espectador, pero aquel seguidor que logra engancharse desde la primera escena, no abandona la cinta en ningún momento (y eso me ha sucedido).

Es una certeza: J. K. Rowling (con ayuda del guionista de la saga original salvo La Orden del Fénix, Steve Kloves) ha arriesgado más que el director, David Yates, quien juega sobre seguro con todos los aspectos del film (excepto, cinematográficamente, por algunos arriesgados primeros planos del comienzo del film). Yates es un artista correcto, cumplidor y parece que su fiabilidad hace que Rowling y sus productores confíen en él, sin jugar al azar con otros directores que pudieran estar interesados.

Más allá de que la película vaya de un lugar a otro con los chistes justos y grandes momentos espectaculares (donde disfrutamos de docenas de criaturas, nuevas y antiguas), la historia destaca, sobre todo, por un reparto que logra que nos creamos un guion que solo es una pieza más en una historia mayor. Destaca como siempre el fantástico Eddie Redmayne como Newt. Para algunos espectadores, puede que Newt quede en un lugar menos primordial, pero también juega un papel crucial frente a sus compañeros. Junto a Newt también tenemos a Leta Lestrange, que deja de ser un misterio para convertirse en otro personaje dañado por las vicisitudes de su pasado y que marca alguno de los giros más dramáticos de la saga. Sobre otras incorporaciones, como la de Callum Turner dando vida a Theseus, el hermano de Newt, agrega nuevos dilemas en una trama atiborrada de personajes. Por su parte, Dan Folgler continúa con el proceso de quijotización (o newtización) de su Jacob, mientras que Katherin Waterson, con su Tina Goldstein, se dirige a otra subtrama, a favor de Queenie, su hermana, una Allison Sudol que otorga explicación a todos aquellos que sienten que quizás la magia no deba esconderse.


Grindelwald haciendo amigos. Fuente.

No olvidemos a Jude Law como Albus Dumbledore, que resulta de lo más interesante; estamos ante un actor carismático y en plena forma (recordemos su gran papel en la serie The Young Pope) y aquí juega de nuevo con ese toque astuto y algo manipulador del Dumbledore original. Frente al futuro director de Hogwarts tenemos al gran villano Gellert Grindewald, con un carismático y sosegado Johnny Depp, que brilla a la hora de crear a un oscuro mago, que se apoya en argumentos supuestamente legítimos para defender su “utopía”. De nuevo resulta clave Ezra Miller, que, por su parte, retorna con un Credence dañado terriblemente, pero cuyo papel va adquiriendo sentido en la obra. Acompañando a Credence, está la maledictus a la que da vida Claudia Kim y que se acabará convirtiendo en una fiel sirvienta de Lord Voldemort: Nagini. Atentos al breve papel del que goza un personaje que conocíamos de oídas hasta el momento: Nicolas Flamel, creador de la Piedra Filosofal.

Por su parte, los efectos especiales y el diseño de producción son impecables en la mayoría de los casos, mostrando, en otros puntos, un uso del vestuario más que loable y concibiendo un mundo digno de la imaginación de J. K. Rowling. En esta segunda parte visitamos Reino Unido (¡volvemos a Hogwarts!), París (con ese circo mágico y ese cementerio fascinante) y Estados Unidos, todo ello bajo la batuta de unos creadores dispuestos a ampliar el mundo mágico en todos los sentidos. Como se vislumbra por mi comentario, el diseño vuelve a ser magistral, colmado de grandes muestras del trabajo de cada uno de los departamentos implicados. En relación a estos campos, todos ellos quedan realzados por la maravillosa banda sonora de James Newton Howard que, en algunos compases, recuerda, nada más y nada menos, que a John Williams, el primer compositor del mundo mágico de J. K.

En conclusión, puede que Los crímenes de Grindewald intente ser El imperio contraataca de J. K. y su universo (y aunque no lo logra), sí es una digna crítica al populismo político, el miedo a lo diferente y el avance de fuerzas tiránicas en el mundo. Si bien muchos críticos en Estados Unidos desechan la película, porque la consideran un vehículo ideológico contra la tiranía de Trump (ya por eso es una mala película… cuando, en realidad, ese ataque de la prensa debe estar motivado más bien por las críticas de Rowling hacia ese individuo en redes sociales), Harry Potter siempre ha satirizado y rechazado a los villanos con ecos reales. Si Voldemort y su obsesión con la sangre limpia recuerda a Hitler, en Grindelwald vemos muchas aristas de los políticos actuales; eso sí, sin caer en la mera alegoría.

Nos quedan varios meses o años donde los fanáticos y el resto de espectadores pueden que aviven el debate sobre las revelaciones de esta película. Y como bien decía Oscar Wilde, cada uno debe asegurarse de que hablen bien o mal sobre él, la indiferencia es el mayor insulto. Sin duda alguna, Los crímenes de Grindelwald cumple con ello: no dejará indiferente a nadie.

¿Quién cambiará el futuro? Fuente.

1 comentario:

  1. La verdad es que la disfruté. Sin embargo me faltó como un hiloprincipal de la historia, me dio la impresión de que no ocurría nada.
    Besos!!

    ResponderEliminar

Puedes comentar mediante nick, anónimamente o con tu cuenta de correo o similar. No almacenamos ninguna información.

¡Muchas gracias por tu comentario!

Los textos pertenecen a Carlos J. Eguren salvo cita expresa de los autores (frases de libros, comentarios de artistas...), siempre identificados en el post. El diseño de la imagen de portada pertenecen a Elsbeth Silsby.

Si deseas compartir un texto, ponte en contacto con nosotros para hablarlo. Si quieres citar un fragmento, incluye la autoría.

Plantilla: Impreza Blogger Template.

Cabecera realizada con vectores de Freepik.

Muchas gracias.

El propietario de este blog no se hace responsable de los comentarios o los contenidos alojados por terceros.

No se recopilan datos de los usuarios. En el formulario de contacto y Newsletter se pide el correo electrónico del usuario solo como forma útil de enviarles una respuesta o el e-mail. Para darse de baja, escriba a elantrodelosvampiros@gmail.com.

Con la tecnología de Blogger.