2 de febrero de 2018

Crítica de "Nosferatu: Phantom der Nacht", el aleteo del murciélago

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Nosferatu frente a su aciago destino y la joven Lucy bajo las garras de la muerte: así es el Nosferatu de Werner HerzogFuente.
Death is not the worst. There are things more horrible than death.
Decía Lon Chaney Jr. que al hombre lobo lo mató su necesidad de amor, de ser humano, y es una definición que también es aceptada para el Nosferatu de Murnau y el remake que realizó Herzog en 1979. No es sencillo adaptar Drácula de Bram Stoker una vez más, menos incluso si lo que se hace es tomar un film icónico, uno de los pilares del expresionismo alemán, y crear una nueva película a partir de él. No obstante, Herzog logra con Nosferatu: Phantom der Nacht (Nosferatu the Vampyre) su objetivo: hablar de la muerte, el vampirismo, la peste y la fe.

Hay pocas películas sobre vampiros que nos trasladen al terreno de la pesadilla o, al menos, con el poderío con el que lo hace Herzog con duras imágenes, como esas plazas llenas de moribundos, esos ataúdes saliendo sin parar, esas ratas apoderándose de los banquetes y las últimas cenas... La peste, la epidemia, la muerte y la violencia son los corceles del carruaje del infame conde Drácula, heredero de aquel macabro Orlok de Murnau. Para muestra, los gitanos advierten en la película que el castillo no es real, que no existe, y nosotros solo vemos ruinas antes de que Harker caiga en la locura y vea también un castillo donde cada mañana toca el violín un niño. Puro horror onírico, pura confirmación de que el miedo nace en nuestros sueños (¿o nuestros sueños del miedo?).

El horror del vampiro

La cinta de Werner Herzog aprovecha la libertad del copyright sobre Drácula para restaurar el mito del vampiro tal y como lo imaginó Murnau (hasta que tuvieron que cambiar nombres por los problemas con Florence Stoker, viuda de Bram y los derechos). Herzog, que reconoce su deuda con Murnau, realiza un interesante homenaje, muy disfrutable para todo paladar que quiera algo distinto y todavía esté dispuesto a sufrir bajo el aleteo de un murciélago. No se limita a ofrecernos la misma historia que el film original ni a contarnos lo mismo que en el libro. Y es su carisma lo que supera, en todo momento, el presupuesto, las limitaciones de la época y otros problemas.

Uno de los triunfos es que el temperamental Klaus Kinski aporta una imagen de patetismo y cierta humanidad a su vampiro. No ha elegido ser el monstruo que es y, si lo eligió, se arrepiente de ello. No puede morir y esa es su condena, porque tampoco puede vivir. Está en la barrera entre ambos mundos y el único consuelo que le queda no es la sangre como la adicción de un drogadicto, sino el consuelo del amor que jamás podrá recibir por su detestable condición. El maquillaje y la fotografía son dos puntos más que apoyan a este personaje salido de las sombras del expresionismo alemán, renacido bajo la figura de Kinski como uno de los mejores vampiros de la historia del cine.

Mención también para el resto del reparto, encabezado por una maravillosa y aguerrida Lucy (aquí no es Mina) Isabelle Adjani, capaz de dejar de lado a Van Helsing y convertirse en la auténtica heroína mediante el sacrificio. Bruno Ganz sorprende como un siniestro Jonathan Harker, Roland Topor (autor del libro El quimérico inquilino, trasladado al cine por Polanski y con Adjani en uno de los papeles) es un excéntrico y risueño Renfield y Walter Landegast interpreta a un frágil Van Helsing.

En definitiva, no esperaba que, tantos años después de haber visto el clásico de Murnau, hubiese un remake que me devolviese la sensación de maravilla ante la sombra del vampiro y aquí está Herzog, Kinski y el señor de las ratas, el fantasma de la noche que no podrá hacer frente ni al amor ni a la luz. No lo olvidemos cada vez que nos encontremos solos en la oscuridad.
Time is an abyss... profound as a thousand nights... Centuries come and go... To be unable to grow old is terrible... Death is not the worst... Can you imagine enduring centuries, experiencing each day the same futilities...
Klaus Kinski como el Nosferatu
Kinski como el conde Drácula de NosferatuFuente.

4 comentarios:

  1. Parece que tiene un muy buen manejo de la estética por lo que cuentas. ¿De dónde sacas tantas películas interesantes? jajajaja Otra más que me pienso ver. ¡Saludos!

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    1. ¡Hola, Alan!

      Disculpa por tardar en responder. Últimamente, me he dedicado a ver muchas películas de vampiros. Nosferatu fue una de las primeras que vi del expresionismo alemán. Este "remake" me encantó también, aunque hay que tener la mente abierta y disponerse a disfrutar del aura onírica que propone.

      Muchas gracias por tu comentario y espero que te guste.

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  2. puffff... una obra maestra en mi opinión totalmente subjetiva.

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    1. Me alegro de que no sea el único que lo piensa, ¡un saludo enorme y gracias por el comentario!

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