18 de enero de 2018

Crítica de "Victor Frankenstein", un híbrido moribundo

Otra adaptación de Frankenstein de Mary Shelley... Y van... Fuente.
"You know this story. The crack if lightning. A mad genius. An unholy creation. The world, of course, remembers the monster, not the man. But sometimes, when you look closely, there's more to a tale. Sometimes the monster is the man". 

Frankenstein es un mito que tiene la capacidad de reinventarse desde su origen en la pluma de Mary Shelley hasta adaptaciones como la estrenada en 2015, dirigida por Paul McGuigan y protagonizada por James McAvoy como Víctor Frankenstein y Daniel Radcliffe como Igor. Y no, se parece bien poco a aquel dramón dirigido por Kenneth Branagh. Más bien toma elementos nimios de la novela para construir una especie de "historia jamás contada", que se alimenta más de los mitos del cine (Igor no aparece en la novela) y decide hacer un híbrido entre película fantástica y de acción, con toques de aquel Sherlock Holmes de Robert Downey Jr. (alguien tuvo que decir: "puestos a imitar, imitamos a Guy Ritchie" y pasa lo que pasa).


¿Reviviendo al monstruo?

Con el excelente ejemplo del Frankenstein y la criatura, el John Clare, de la serie Penny Dreadful demasiado reciente (cosa que, quizás, juega en su contra), la película escrita por Max Landis (hijo de quien ya sabemos, polémico por tantas cosas) se articula en un misterio que no es misterio, con unas escenas de acción un poco a calzador y una relación entre los personajes que parece más un esquema que otra cuestión. Es más, queda la sensación de que hubiera funcionado mejor como una miniserie que como una película.

Al final, queda más la curiosidad de ver a los actores que salen en Sherlock: Andrew Scott (Moriarty), Mark Gatiss (Mycroft), Louise Brealey (Molly) y Alistair Petrie (Sholto), que ver una adaptación de Frankenstein que nos cuente algo nuevo, porque se reservan el origen de la bestia para el final y todo queda tan apresurado, que el largo (y, a veces, tedioso) recorrido que lleva a la nada. El director y el reparto hacen lo que pueden en todo momento, pero el guion y el montaje (que obvia los misterios) hacen zozobrar este experimento, donde quizás lo más destacable es la intención de los autores y la recreación del Londres victoriano.

El final de la película amenaza con una segunda parte que nunca se hará (¿una Novia para Frankenstein?) y, por esa manía de los finales abiertos y las franquicias, creo que se estropea el arco de evolución de Víctor. Durante toda la película quiere crear vida, se da cuenta de su error en dos segundos (mal hecho, muy precipitado) y, tras armar la de Dios (lo siento, Vic), para librarse del monstruo, decide que va a crear otro. ¿Otro? ¡¿OTRO?! Vic, estimado colega, dedícate a otra cosa.

En fin, Victor Frankenstein podría haber sido algo mucho mejor y la sensación que nos deja al final es esa: que sin ser una maravilla, tampoco es un bodrio, simplemente es una cinta cinematográfica indecisa, a la que le falta que le caiga un rayo para darle un poco más de vida.

Sí, sí, tienen que decir el "it's alive" unas treinta mil veces en la peli. Fuente.
P.D.: ¿Son cosas mías o también hay alguna alusión a Los crímenes de la calle Morgue, incluso con ese detective Turpin que recuerda por su apellido vagamente a Chevalier Auguste Dupin y el engendro a partir de simio? Nada, cosas mías...

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