3 de diciembre de 2017

Alicia y el fin de la infancia o por qué es importante releer un libro

Las ilustraciones de Tenniel son inseparables de Alicia en el País de las Maravillas, un cuento que merece una relectura. Fuente.

Lo bueno de releer un libro es que, a menudo, no somos la misma persona que se acercó y leyó (o intentó leer) ese volumen por primera vez. Y, extrañamente, el texto tampoco parece ser el mismo. Las circunstancias, los cambios, las experiencias... la vida, al fin y al cabo, del lector, influye en la comprensión y el entendimiento del mensaje de una obra.

Decía Neil Gaiman que si un niño leía El océano al final del camino lo haría desde una perspectiva que sería muy diferente cuando fuese adulto y es una realidad. Los miedos y terrores de la infancia, muchas veces acallados por los adultos, resuenan cuando somos conscientes de que nosotros mismos tuvimos esos horrores que también fueron silenciados.

Esta semana, mientras escribía Devon Crawford y los Hacedores de la Aniquilación, tuve la oportunidad de releer Alicia en el País de las Maravillas, obra de Lewis Caroll que ya había leído hace más de siete años. A menudo, intento leer obras que pueden ayudarme a escribir las mías y sentía ciertos paralelismos entre la nueva historia de Devon y los viajes de Alicia.

En su día, quizás llevado por la opinión de Terry Pratchett (que no la tenía en muy alta estima) o por ese runrún que acompaña a las obras sin venir a cuento (donde cualquier obra se puede acusar de galimatías o su autor de lo que sea), Alicia en el País de las Maravillas me pareció una obra surrealista sin más.

La Alicia de Disney, pese a ser considerada en su día un fracaso de taquilla, es ahora una de las películas más rentables de Disney, además de suponer el primer acercamiento de muchas generaciones al clásico literario. Fuente.

Lo confieso: siempre me he decantado más, en cuanto a obras infantiles y juveniles, por Peter Pan, pero la relectura de Alicia en el País de las Maravillas me ha permitido darme cuenta de que también posee un mensaje muy interesante. Si en Peter Pan veíamos a unos niños que no querían crecer y una joven, Wendy, que debía aceptarlo, en Alicia en el País de las Maravillas el mensaje es el final de la infancia, el inicio de la adolescencia, el comienzo de todos los cambios, el fin de la moral infantil y el aceptar las extrañas regalas caóticas que se nos imponen a nuestro alrededor cuando crecemos.

Por ejemplo, en un momento dado, Alicia discute la ilógica, pero también la acepta y llega a decir que no se siente como era antes en muchos momentos, tras crecer varios metros o menguar tantos otros. El mundo de las maravillas es tan extraño como el mundo adulto y, a su vez, su colorida y esperpéntica extravagancia es digna de la visión de la niñez. 

El caos, la confusión, la ilógica... todas esas emociones o situaciones son transformadas en metáforas de una imaginación exacerbada. Las dos últimas páginas del libro, con la hermana mayor despertando a Alicia y sintiendo nostalgia por todo lo perdido de la infancia y preguntándose por cómo será la pequeña Alicia de mayor, con todos esos sueños alucinantes en la cabeza, son un pequeño homenaje a ese niño interior que muchos dejan morir. Y me he dado cuenta de todo ello con la relectura.

Alice Madness es una versión todavía más siniestra de la obra original, en esta ocasión en formato de videojuego. Fuente.

Y es que hay libros que permiten nuevas lecturas cada vez que nos zambullimos en ellos. No somos los mismos y ellos tampoco. Una lectura superficial puede hacernos conocer la historia, una relectura puede hacer que la comprendamos y una tercera, incluso, puede hacer que nos percatemos de moralejas, como si fuéramos la Duquesa de Alicia en el País de las Maravillas y estuviésemos obsesionados con ellas. Es la riqueza de la literatura y de la experiencia de leer.

Por tanto, no es de extrañar que muchas personas se sientan decepcionadas en una primera lectura donde esperan todos los dones de Alicia o cualquier otro libro. A veces, hay libros con tantas lecturas que necesitan que nos sumerjamos en ellos de un modo muy especial, muy alejado de todo lo esperado. Muchos ven en Alicia metáforas sobre las matemáticas, sobre la locura, sobre la vida infantil... Y siempre tendrá más secretos guardados, como la sonrisa velada de Cheshire.

No me gustaría terminar este texto sin comentar que las obras juveniles e infantiles, desde mi punto de vista, no se quedan en ese margen de lectura, no tienen un target preparado... Como decía Carlos Ruiz Zafón, él escribía obras para jóvenes hasta los noventa y nueve años, como los juegos de mesa, y es cierto: las buenas historias no tienen fecha caducidad y es más, sus relecturas nos permite descubrir que las obras no permanecen inalterables, como tampoco permanecemos nosotros, como tampoco permanecía Alicia.

La Alicia de Tim Burton, otro acercamiento moderno al clásico de Carroll. Fuente.


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