18 de noviembre de 2017

Stuck in love, un invierno en la playa

Una familia de escritores y sus problemas. De eso va Stuck in love. Fuente.

La escritura como forma de consolarse a uno mismo y a los demás. 

Seguramente, esta podría ser una buena repuesta de por qué escribimos o por qué existe la literatura y es la excusa que justifica Un invierno en la playa (Stuck in love. The Writers).

Ante los Borgens nos encontramos con una familia de los escritores desestructurada (aunque como decía Neil Gaiman, seguramente no existe otro tipo de familias). El debutante (por entonces) Josh Boone afronta esto buscando, entre lo vital y lo lacrimógeno, sobre la vida de estos escritores a los que se intenta humanizar y ambientar con temas como las depresiones, drogas, sexo, miedos…


A través de William (Greg Kinnear), un padre obsesionado con su esposa que le ha dejado, se retrata el amor roto y la vida adulta. A través del hijo pequeño Rusty (Nat Wolff) se habla del primer amor y los desengaños. A través de la hija mediana, Sam (Lily Collins) se abarca el fin de la adolescencia y el rechazo al amor. Los tres son escritores superando miedos más allá de la página blanca, enfrentándose a la vida, intentando avanzar, enamorándose y sufriendo.

Pese a las dosis de comedia, nos encontramos más bien ante un pequeño drama donde los personajes se desarrollan hasta regresar al principio con esa canción tan pegadiza que es Home, pero el regreso no será igual ya que por el camino hemos conocido a la madre que dejó a su familia (Jennifer Connelly), la frágil novia de Rusty Kate (Liana Liberato) y el afable Lou (Logan Lerman). Todo ello con un extraño final: esperanzador, pero agridulce donde son los otros los que complementan a esta familia de escritores.

La premisa de la película es interesante y cuenta con buenos actores, pero quizás el guion va en detrimento. Un invierno en la playa peca de no saber profundizar en algunos momentos (véase el personaje de Kristen Bell) o juguetear demasiado con el pornodrama (es decir, el cine hecho para que llores porque sí), pero al menos se reivindica al ser medianamente entretenida.

Tal vez, hubiéramos tenido algo más si el director lo hubiese querido así, pero prefiere quedarse en una especie de tierra de nadie entre lo que podríamos encontrarnos en un telefilm y lo que podríamos encontrar en una película mejor.

Un invierno en la playa es una película simple, pero efectiva sobre las complicaciones del amor decoradas con la vida de unos escritores que intentan afrontar su vida. Hay cosas peores que la página en blanco, sin duda.

No está mal. Fuente.
P.D.: Me han dado ganas de comprarme un Mac.
P.D. 2: Moraleja: si te deja tu novia drogadicta, pero te llama Stephen King se compensa la situación.

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