26 de noviembre de 2017

¿Quieres que todo el mundo odie tu libro?

El desesperado intento de hacer que tu novela le caiga bien a todo el mundo puede ser un fallo terrible. Fuente.

Una vez leí que la forma más fácil de desagradar a todo el mundo es intentando agradarlos a todos. Y también escuché que el que es amigo de todos es amigo de nadie. Ya sabéis, dos frases que parecen clichés, pero creo que escogen cierta verdad, como las máximas, los proverbios, los adagios o los chistes malos. 

Últimamente, he estado pensando en ello mientras intento escribir. Mi horario se ha transformado en una locura que me lleva a estar tecleando a la una de la madrugada. Mientras, me asaltan publicaciones de "logra más seguidores", "haz que tu libro se venda más", "una lista de diez cosas para tu novela" y pienso que son las baldosas perfectas para lograr un libro que odie todo el mundo: un texto poco arriesgado, medianamente escrito, con los personajes justos, con el giro precocinado, con diálogos sencillos y con la simpleza del mecanismo de un cubo. Sé la peor copia de ti mismo. A alguien podría gustarle, esperas. No, el mundo es más cruel, chico.

Por mi parte, la entrecuela está terminada, ya lo sabéis. Seguramente, sea la próxima novela. Devon Crawford y los Hacedores de la Aniquilación está más que encarrilada. Tendrán que ser sometidas a reescrituras, correcciones, cambios varios, pero ambas obras dentro de la Saga Devon Crawford van realmente bien. Hay algunos giros, algunas sorpresas, nuevos personajes... No es un copia y pega de las dos primeras obras, Devon Crawford y los Guardianes del Infinito y El Tiempo del Príncipe Pálido. Y me alegro. No he cambiado nada para agradar a todo el mundo. He decidido escribir lo que quería.

También me encuentro reescribiendo La Historia. Sí, después de mil años, he vuelto a ella. Ya sabéis que suelo internarme en su reescritura cada equis tiempo. Quizás, esta ocasión es la más arriesgada que he emprendido. Me explico... La Historia comenzó como un guion falsamente cinematográfico a finales de 2007, aunque en 2006 hubiera algún esbozo. Más tarde, en 2011, 2012 y 2013 escribí los dos de los tres primeros actos y decidí que el tercero, de más de mil páginas, se dividiera en dos. Sin embargo, hace poco, al pasarlo a formato libro me lleve una desagradable sorpresa cuando vi que el primer libro pasó de las 530 páginas a una 1070 en formato libro. El acto más corto se había convertido en un ladrillo. Eso (y la reformulación de la propia historia) me ha llevado a pensar en la idea de más libros, pero de menos páginas. Sin embargo, el problema es que yo no quiero pasar la tijera sin más. Si incluyo un final previo, deben haber arcos argumentales que se completan, misterios que se descubren, explorar partes que no toqué en su momento... Y eso estoy haciendo. Básicamente, me siento como si estuviera en 2007, escribiendo por primera vez. 

En ningún momento me he parado a pensar que la novela oscura esté muerta, que el misterio no venda, que los personajes adolescentes hacen pensar al público que se va a encontrar con el fantástico país de la piruleta, que meter cruentos asesinos puede hacer que mucha gente se aleje, que muchas personas pensarán que es un desvarío gótico sin más, que otros lectores no soportarán las alusiones a los poemas románticos de autores como Coleridge, los guiños a la obra de Poe y toda la mitología vampírica... Bueno, ahora puede que lo haya pensado, pero... Me da igual. Yo soy Carlos, ¿por qué debería escribir la historia que escribiría otra persona? Creo que es mejor escribir la que me gusta.

Mi idea es que en 2018 aparezca la entrecuela y en 2019 Devon Crawford y los Hacedores de la Aniquilación. En caso de que todo fuera mal, el próximo año se quedaría en blanco y en 2019 reanudaría todo. Tengo el problema de que no sé qué hacer con La Historia. Siempre pensé que sería divertido publicarla diez años después de su primera escritura, pero ahora creo que es más seguro que sea algo que publique en el futuro, aunque tampoco quiero dejarme llevar por futuros que quizás no lleguen.

En fin, mientras tecleo esto, pienso que algunos deben pensar que es más fácil agradar a los demás que sumirse en estos pensamientos e ideas propias. Al final, tienes que hacer lo que te haga sentir más satisfecho (no digo orgulloso o feliz, sino simplemente sintiendo que no te has vendido o que has renunciado a lo que eres). Alguna vez pensarás en ese escritor de éxito que hace novelas ridículas que venden mogollón, mientras tú esperas a terminar tu historia. Puede que le envidies incluso, pero ¿de qué te sirve? ¿Por qué quieres ser la copia de otro? Tú, si tienes mi suerte, podrías escribir la historia mediocre perfecta para todo el mundo y, al final, seguramente tampoco venderías nada y el resultado sería: nadie te lee, nadie te compra y tú mismo te maldices por no haber escrito la historia que querías. Eso siempre lo he intentado tener claro. En mi caso, simplemente, he llegado el punto en que me da igual. Mientras siga escribiendo, ¿qué más da todo lo demás? Suena triste, pero es que tampoco suelo escribir historias alegres.

Posdata: Esta tarde estaré de 19.00 a 20.00 en el Café Siete de La Laguna hablando sobre cómics y novelas, como ya os comenté esta semana por el blog. ¡Espero veros!

2 comentarios:

  1. Me parece que has dado en el clavo. Si quieres escribir la novela que le guste a todo el mundo, mejor no escribas siquiera. A veces me he hecho esa pregunta, si sería posible que escribiendo algo más "normal" podría conseguir más lectores, luego me miro y digo "NI DE COÑA". ¡Saludos!

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    1. Estoy de acuerdo contigo, Alan. Intenta ser aquello que no se es con tal de quedar bien con un público imaginario es una forma de sacrificarse que no tiene ningún sentido. ¡Muchas gracias por tus palabras y mucho ánimo con todos tus grandes proyectos!

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