2 de octubre de 2017

Narcos. Temporada tres, el fantasma de Pablo Escobar

Fuente.
"Sir, may I ask? What was Escobar like?"
"Never met him".

Decían los creadores de Narcos que la serie ahora se componía de un cincuenta por ciento de realidad y un cincuenta por ciento de ficción. Una vez aceptado esto, todo da igual porque la tercera de Narcos, pese a vagar por los lugares comunes de la serie en sus dos temporadas precedentes, da un par de pasos hacia delante con sus temas shakesperianos. ¿El resultado? Como la droga, Narcos sigue enganchando sin tener que caer en la mera repetición.

La primera temporada trató sobre el auge de Pablo Escobar y la segunda sobre la caída de su imperio. Es difícil liberarse del fantasma de un gran personaje que ha dejado esta serie. Durante varios episodios de la tercera temporada resulta casi imposible no pensar en cómo se echa de menos al Pablo Escobar de Wagner Moura, pero este drama, por suerte, continúa teniendo puntos positivos que terminan superando al propio espectador con varios episodios sorprendentes y llenos de pura adrenalina.



En esta tercera el reparto es más coral que en las anteriores. En el bando de los narcotraficantes, se compone en gran parte del cartel de Cali. Tiene a un grupo de interesantes personajes que vamos conociendo, desde los hermanos Rodriguez hasta Chepe y Pacho, entre otros, que se han alimentado de los despojos del imperio de Medellín y, mientras que Escobar buscaba el poder político, ellos prefieren un perfil bajo, su enorme riqueza y convertirse en los Caballeros de Cali. Porque Cali le pertenece a estos Caballeros sin armaduras, desde la empresa telefónica hasta cada uno de los policías corruptos que han levantado sobre una narcodemocracia. 

Cada uno de los personajes resulta interesante: desde las maquinaciones de Gilberto hasta la evolución de Miguel, pasando por Chepe tomando Nueva York y Pacho recibiendo cierta oferta de continuar con el cartel de México (donde tendrá lugar la cuarta temporada, por cierto). A estos personajes les siguen secundarios, como el líder de los sicarios de Miguel, su hijo detestable David, pasando por Jorge Salcedo, jefe de seguridad que nunca ha usado un arma, además de recuperar a otros personajes como Navegante e incorporar otro nuevo, como la esposa de Salazar y su hijo, entre otros.

Pedro Pascal como el sufrido Javier PeñaFuente.

En el bando de los agentes de la ley, tenemos como representante de la DEA al personaje de Javier Peña, interpretado por el siempre genial Pedro Pascal, cuyo personaje ha ido evolucionando hasta independizarse de la historia real (el auténtico Peña no estuvo tras la caída de Cali). En esta parte (donde se echa de menos al agente Murphy) entran los intereses de la DEA, los intereses personales de cada agente, los intereses de la CIA contra las guerrillas comunistas... Intereses y más intereses que nos llevan al plano de la conspiración trepidante donde cada movimiento es más arriesgado que el anterior.

El guion sigue siendo formidable, acompañado de grandes interpretaciones y una dirección que suele superar cualquier limitación, apoyándose en el uso de la música y el montaje para narrarnos una historia atractiva para el espectador deseoso de descubrir el destino de estos personajes tomados de la realidad y convertidos en seres de una ficción que, aún así, habla sobre esas noticias que aparecen en los periódicos como un mal habitual.

Acción, violencia, redadas, descubrimientos, tensión, poder e, incluso, algunas dosis de humor acompañan a lo largo de esta nueva tanda de diez capítulos que nos llevan a días de violencia, traiciones entre los carteles y el destino de unos personajes que quedan preparados para una futura temporada donde el enemigo a batir estará en México.

Alejándose de cualquier temor que pudiera infundir la pérdida y la alargada sombra de Escobar, Narcos en su tercera temporada prosigue con muchos de sus aciertos, halla nuevos hallazgos en su reparto coral y deja las puertas abiertas para lo que mejor sabe hacer Peña: enfrentarse a una guerra que no se puede ganar.

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