6 de septiembre de 2017

Black Mirror (3x03): Shut up and dance, bienvenido al horror

Hemos visto lo que has hecho... El lema de Shut up and dance, el tercer capítulo de la tercera temporada de Black Mirror. Fuente.
Internet es una revolución, no solo es una herramienta de herramientas formidable, sino que también es un cambio de muchos paradigmas morales y éticos, un nuevo mundo inexplorado donde muchas veces sus horrores explotan en la cara de cada uno y el cibercrimen, los hackers y demás acciones y criaturas plagan sus territorios. ¿Cuáles son los límites? ¿Hay alguno? ¿Qué supone todo ello para nuestra realidad?

Algunas respuestas bastante oscuras las tenemos en Shut up and dance, que es el mejor episodio de la tercera temporada de Black Mirror, lo que viene a significar uno de esos capítulos que te darán que pensar durante días y que siempre que recuerdes lo harás con leves escalofríos. El poder de Black Mirror está, no obstante, en cómo debatimos sobre la serie, algo que consigue la buena ciencia ficción.

Esta nueva apuesta de la serie de Black Mirror recorre, como todas las buenas historias de terror, los miedos comunes de cada uno de nosotros. Uno de los aciertos del género es que podemos empatizar con rapidez en las situaciones que nos presentan. En este caso, se explora el mundo de las nuevas tecnologías, las redes sociales y cómo somos vigilados hasta las últimas consecuencias, ¿lícito o no? Que cada uno responda.


Lo recordaremos todos

Es duro incluso escribir sobre un capítulo que puede parecer tan real como este. Shut up and dance va sobre el chantaje al que es sometido un joven, Kenny, mediante la tecnología. Si desea que un vídeo suyo no sea publicado, deberá realizar una serie de acciones bajo la batuta de un desconocido que le envía mensajes continuamente: entregar una tarta, ir a una habitación de hotel, tomar un coche y robar un banco... Kenny, pronto, se verá dentro de una terrible pesadilla.

Con ciertos toques del episodio de White bear de la segunda temporada (pero mucho mejor resuelto desde mi punto de vista), la historia está habitada por varios personajes que se ven dentro de esta cadena de peticiones, personajes imperfectos como el encarnado por Jerome Flynn (nuestro Bronn de Juego de Tronos). 

Pronto se presentan dilemas al espectador como: ¿hasta qué punto llegarías porque tu secreto no sea revelado? Y uno piensa, ¿por qué el personaje no renuncia por mucho que muestren el vídeo? La respuesta, sórdida y depravada, resulta atroz. Todo ello dirigido con fuerza y pulso por James Watkins (La mujer de negro).

La ambigüedad está patente a lo largo del metraje. ¿Seguro que queremos estar del lado de Kenny? ¿Seguro que los hackers no están haciendo el bien? ¿Cuál es el límite de cada uno de ellos? ¿Y nosotros, los espectadores, que, en el fondo, permitimos todo este mundo que no es otra cosa que un oscuro reflejo de nosotros mismos?

Y llega el punto en que hemos sentido empatía por Kenny (Alex Lawther) y se revela quién es él realmente y nos percatamos de que esos chantajistas con imagen de trol solo hacían su versión de la justicia y nos quedamos con el rostro desencajado tras observar este terror que podría ocurrir en cualquier momento. Leí recientemente que era como recibir una bofetada. Estoy de acuerdo. ¿Es aceptable que cada uno se tome la justicia por su mano? ¿Es la tecnología una aliada para cazar a seres como Kenny? Y es que la historia, con sus artimañas, hace que empatizamos con alguien que no merece ninguna empatía. Enigmas, problemas y debates que se abren con el bisturí de Brooker. Formidable.

La sociedad presentada en cada capítulo de Black Mirror plantea todo lo oscuro que nos rodea: la falsedad del me gusta, las mentiras retuit, la burlona sonrisa de Instagram y todos esos maravillosos barrotes de la celda 3.0 donde habitamos. ¿Celda necesaria? Para los agentes de la ley, una facilidad para cumplir su trabajo. ¿Para los ciberjusticieros? Puede que también, pero ¿quién no podría ser víctima de algo así por algo que no fuese un crimen como el cometido por el protagonista? Y, a su vez, si supiéramos que hay alguien tan terrible como Kenny, ¿no querríamos que lo pillasen antes de que hiciera daño a alguien?

Al final, surgen más preguntas. ¿Qué ocurre con la humanidad en ese mundo? ¿Qué nos depara? ¿Y cómo no compararlo con nuestra realidad? Porque Black Mirror no deja de ser una fábula con mucho de sátira y mucho de realidad. Así, llegamos a la cuestión: ¿podría esto ocurrir en nuestro mundo? La respuesta es... seguramente sí.

Comencé diciendo que Internet era una revolución. La RAE define esta palabra como:

Cambio rápido y profundo en cualquier cosa.

No cabe duda que también Internet supone una revolución para la humanidad y sus conceptos más clásicos: fama, justicia, venganza... Todo ello se ha transformado bajo la visión de este nuevo mundo informatizado del que nadie escapa. ¿A qué precio? ¿Sonreír o llorar? ¿Evolucionar?

Como todo lo mejor de la antología de Charlie Brooker, Shut up and dance es completamente extrapolable a nuestra realidad y nuestro oscuro e incierto... ¿futuro? No, presente. Magistral.

5 comentarios:

  1. Urria (a través de RRSS)6 de septiembre de 2017, 10:12

    Aunque este me dejó con muy mal cuerpo, yo lo pasé peor con el primero de la serie, el del cerdo.

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    Respuestas
    1. El himno nacional es un gran episodio, pero considero que el chantaje, el mundo justiciero, los trolls y demás está más cercano y posible.

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    2. Urria (a través de RRSS)6 de septiembre de 2017, 10:47

      Para mí ambos son los más realistas de la serie, ni siquiera tienen ciencia-ficción.

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  2. Y hay algo más que se plantea, ¿hasta que punto se pude confiar en las ofertas que ofrece Internet? Cuanto que hay en la red no es un virus, un malware para robar los secretos, la información privada que se tiene. Tanta esa el temor a ser espiado por la propia cámara de la computadora, que hay quienes aconsejan tenerla tapada con un papel.
    Saludos.

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