viernes, 24 de marzo de 2017

Star contra las fuerzas del mal o la alocada animación nos da una lección


Disfrutad de la idea de que me perdáis todo el respeto que os podía quedar por mí al escribir sobre esta serie, Star contra las fuerzas del mal, porque sí, sé que es una serie para chavales y yo ya tengo mi edad, pero a mi favor, puedo decir que nunca infravaloro la animación, que es un chute de fantasía y que nunca me tuvisteis respeto, así que no hay nada que podáis perder.

Lo malo de meterte en el fandom y en el mundo de los escritores de fantasía y ciencia ficción (¿hay algo bueno?, preguntaréis los maliciosos) es que, a menudo, te dejas llevar por toda esa gente que se dedica a quejarse de que la industria ya no corre riesgos, de que nada marcha bien, que las historias se repiten, que las editoriales cortan alas, que lo nuevo del género da vergüenza... Ñe, ñe, ñe... Puede que estos temas tengan cierta sombra de realidad y no negaré que hay que discutir y hablar de todo, pero yo siempre quiero verle el lado positivo a las cosas y pensar que se pueden insertar algunos cambios.

Mi cara cuando leo a los entendidos. O la de Star. Fuente.
¿Y qué tiene que ver que nadie del fandom y de los autores de fantasía y ciencia ficción me soporte con una serie de dibujos de Disney Channel? Pues, vaya, que quizás es un motivo más para que yo esté feliz y ellos sigan sin soportarme porque piense que una serie puede suponer algo bueno en la balanza: aventuras, fantasía, realidades paralelas, personajes carismáticos... Ya sabéis, buenos ingredientes para una historia que me guste, pero hay gente que se acostumbra a vivir quejándose y no puede disfrutar de nada distinto. Prejuicios, prejuicios... Es interesante que el mundo de la fantasía y la ciencia ficción siempre haya sido visto como algo marginal y, ahora, muchos de sus "integrantes" sean los primeros que marginan a otras personas de otros géneros o gente que está empezando, ¿sabéis cómo? Siguiendo prejuicios, sus propios prejuicios. No obstante, lo bueno de estar en un pedestal (como están ellos) es mirar con superioridad a la "plebe" sin recordar que la plebe pasa de ellos y que lo malo de estar "tan alto" es que se pueden caer (o pueden ser arrojados, que la camadería dura poco y los idus de marzo fue hace poco) y, si lo hacen, tampoco es que nadie vaya a ayudarles.
Hurm... Un momento, disculpad.

...

Bien, me han llamado de la Asociación de Autores Indignados de la Vida por los Escritores Jóvenes que ven Series de Dibujos y me han dicho que deje de quejarme de ellos. Y yo he dicho: "vale, voy a centrarme en la serie", así que allá vamos.

El Padre Tiempo y los protagonistas de la serie tras parar el tiempo. Fuente.

Star contra las fuerzas del mal sigue las aventuras de una princesa de otra dimensión, pero no esperéis a la dulce doncella de los cuentos de hadas, sino a una auténtica guerrera, una aventurera que bien podría ser una heredera del Doctor de Doctor Who. Una vez llega a nuestro serio mundo se transforma en la estudiante de intercambio de la familia Díaz y la vida de todos ellos cambia, viéndose involucrada en las historias más locas.

Confieso que no sé hasta qué punto también influye que el diseño de los personajes me recuerda a Scott Pilgrim Vs. The World, que es uno de mis cómics favoritos sobre la adultescencia. O que es una canción de amor hacia todas las historias locas de ciencia ficción y fantasía que me encantan. O que en uno de los capítulos que vi, detienen el tiempo y llegan a una dimensión sacada de la obra de Dalí (La persistencia de la memoria) y tienen que convencer al Padre Tiempo de que vuelva a trabajar. ¿Lo pilláis? Ahí está ese admirable "rock & roll" de los cómics clásicos que tanto han tocado autores como Alan Moore y Grant Morrison. Sin olvidar a los personajes con problemas como ¿me atreveré a saludar a una chica? ¿Llegaré a clase a tiempo? Los héroes humanos me encantan.

Vaya, que tengo que seguir viendo Star contra las fuerzas de mal, revisar Gravity falls del modo correcto y continuar sabiendo que vale la pena arriesgarse y ver de todo. Me permite pensar diferente y no olvidemos que el arte engendra arte y es lo que permite hacer cosas diferentes. Devon Crawford y otras de mis historias no serían nada sin la influencia lunática de series así u otras como Hora de aventuras (porque aunque no veáis similitudes, es el espíritu lo que me hace teclear y buscar que todo sea lo más raro posible). Adoro las historias, vengan de donde vengan.


 

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