lunes, 23 de enero de 2017

Richard Matheson y el Hijo de Sangre

¿Qué sería de un post de vampiros sin un poco de sangre? Fuente

Hace poco os comentaba que me había propuesto leer a una serie de escritores este año y uno en los que quería profundizar era Richard Matheson, del cual ya había disfrutado en su día del clásico Soy leyenda (pasad de las películas, leed la obra original).

Recientemente, he comenzado Pesadilla a 20000 pies, un compendio de relatos entre los cuales se recoge aquel que le da título y fue adaptado a la pequeña y gran pantalla e incluso parodiado en Los Simpson, por cierto.

Estoy compaginando su lectura con los exámenes, el trabajo y con la lectura de La carretera de Cormac McCarthy. Leo un relato cada noche. Son apenas diez páginas y la mayoría de cuentos suele dejarte esa buena sorpresa de un gran relato de terror, esa saborcillo que solo el miedo te otorga, ese "voy a tapar con las manos las últimas líneas del relato para no spoilearme antes de tiempo" y es que Richard Matheson sigue siendo el maestro de la última línea, de esa frase con la que nos sacude y nos da una buena sorpresa. Ya en el prólogo, Stephen King, uno de los grandes seguidores de Matheson, reconoce la fuerza en el género de este escritor y guionista que siempre sabía cómo sorprender.

Si Soy leyenda ya era una novela corta de vampiros fenomenal, donde todos nos acabábamos compadeciendo del pobre Neville, Hijo de sangre (en inglés Drink my red blood...) es un relato que toca la obsesión, cómo muchos deciden cruzar la realidad para impregnarse de una fantasía que podría no llegar a serlo. ¿Qué pasaría si un crío inadaptado decide convertirse en un vampiro de la noche a la mañana? Pregunta que un servidor se ha hecho en numerosas ocasiones en algunas obras que tengo guardadas en el cajón.

Y es que la admiración de Jules por los murciélagos bien pudo ser la base para la admiración del personaje de Vincent hacia Vincent Price del corto homónimo de Tim Burton. Si Vincent se obsesionaba con Edgar Allan Poe, las películas de terror y, sobre todo, la figura que conectaba todos esos elementos (Vincent Price), en el caso de Jules tenemos a un joven que queda marcado por la imagen de Drácula en el cine y acaba robando el libro para leerlo hasta aprendérselo de memoria. 

El vampirismo fascina y Jules y nosotros mismos lo sabemos. Ser un hombre lobo parece una maldición incontrolable. Ser el monstruo de Frankenstein es sufrir por nuestra existencia. Ser un vampiro, en cambio, puede tener todos esos elementos, pero posee también una capa llamativa de oscuridad, quizás solo cercana por la falta de moral del genial Hombre Invisible. Un vampiro es decadente, pero también majestuoso, como el Dorian Gray de Wilde. Otros monstruos carecen de ciertos aspectos emblemáticos, pero el vampiro parece conservar un halo que cautiva, algo que nos llama la atención. Puede ser lo peor bajo una imagen de marginado o estrella del rock. Dentro de la propia obra de Matheson, encontramos a Neville huyendo de los monstruos, anhelando no ser uno de ellos..., mientras que Jules es lo que más ambiciona. Rechazado por la sociedad, pretende fundirse con las tinieblas que le pueden dar la bienvenida. Todo ello con ese toque macabro con el que cubre la infancia y la adolescencia este maestro del terror.

La joya, oculta en la sangre, yace en que tenemos a un personaje que de por sí es un marginado, como Oskar (el protagonista de Déjame entrar, libro que cuenta con dos películas por las que quizás os suene), seres que se hermanan no solo con los antihéroes de Stephen King, sino que si regresamos a la obra original de Bram Stoker, con el secuaz de Drácula: Renfield, aquel desesperado enfermo que alimentaba al vampiro con tal de que él también obtuviera el don algún día.

El tercio final del relato de Matheson, cuando el niño se obsesiona con el zoo, con el murciélago vampiro y comienza a pensar que quizás es un chupasangre bajo su forma de quiróptero es simplemente genial.

Y la última línea...

Ah, la última línea...

La última línea es mejor que la leáis.

Resulta un gran placer leer relatos de terror como Hijo de sangre de Richard Matheson y más si solo es uno de los varios de los que se compone este fantástico libro que nos recuerda lo que supone la oscuridad. Si os gusta este tema, id a por el libro y abrazad las sombras, aunque con cuidado, ¿quién sabe qué amo le espera?

Ilustración que aparece en el relato. Fuente.

2 comentarios:

  1. Recuerdo las adaptaciones de Pesadilla a 20000. A aparte de la adaptación de La dimensión desconocida, la remake en la película de La dimensión desconocida y la parodia, fue adaptada en un videoclip. Nuncá iré de No lo soporto tiene una clara referencia a esa historia.
    https://www.youtube.com/watch?v=cc-jx268Pyw

    Hay algo deseable en esa maldición que implica ser vampiro. Creo que está el deseo de ser convertido por una mujer vampiro. El deseo de seducirlas. Incluso el deseo de tener las tres novias vampiresas, como Dracula.

    Interesantes planteos.

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    Respuestas
    1. Me alegro de que tenga un remake u homenaje más.

      En cuanto al vampirismo, siempre consideraré que es un tema fascinante para lectores y escritores.

      Gracias por tu comentario.

      Saludos.

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