lunes, 9 de enero de 2017

Crítica del libro: Apocalipsis (The Stand), el círculo de la muerte de Stephen King

Apocalipsis (The Stand) es la novela más larga escrita por Stephen King, ¿y una de las mejores? Hablo de ella en esta entrada. Fuente.

“La vida era una rueda que ningún hombre podía parar durante mucho tiempo.Y siempre, al final, volvía a rodar”

Apocalipsis (The Stand) de Stephen King es un larguísimo viaje de esos en los que disfrutas más del propio camino que de la meta. Lo leí en apenas un mes, donde devorar más de cien páginas al día me parecía recibir solo un simple bocado. Cada pausa antes de entrar al trabajo o llegar a clase, suponía internarme en el Estados Unidos apocalíptico que creó Stephen King y, durante un par de días, muchos de sus héroes y villanos fueron mis compañeros de viaje. Sin duda, uno de los grandes puntos de la novela de King es que nos hace partícipes de esa odisea que emprenden sus personajes con tal de sobrevivir en un mundo que se ha hecho añicos por culpa de una epidemia de gripe A.

He tardado en escribir esta reseña meses porque me preguntaba: ¿cómo puedes hablar de una novela tan colosal y reflejar cómo hubo momentos en los que tú también sentiste que te enfrentabas al mal o el bien? Al final, la respuesta ha sido la más sencilla, como siempre: poniéndome a escribir dicha reseña, sin más. Podría pasarme docenas y docenas de páginas hablando (y divagando) sobre personajes, momentos y sentimientos encontrados que tengo hacia esta obra, pero creo que más allá del hecho de abrumaros con datos, debería abrirme y compartir lo esencial, lo que os diría en un cara a cara si me preguntáis si deberíais o no leer esta enorme novela que empecé y culminé a finales del verano de 2016 y cuya reseña me dispongo a colgar ahora, en 2017, sintiendo que, tal vez, he esperado lo necesario o lo suficiente para enfriar, hasta cierto punto, las ascuas con las que te deja la bomba atómica de Flagg.



Antes de emprender el viaje


Hay que mentalizarse que, antes de leer esta novela, hay que aceptar que va a ser un viaje en el que no se puede flaquear. Creo que se disfruta más cuando es más seguida su lectura. Si crees que vas a abandonar, puede que cuando la retomes ya no encuentres mucho sentido a la locura y la hecatombe a la que nos enfrenta King. Apocalipsis tiene algunos puntos en los que es casi como una miniserie (tal y como la que se emitió en los ’90), un cómic (Marvel transformó esta novela en uno) o un videojuego: no puedes detenerte. King te va a dar puntos buenos y malos para seguir o detenerte, pero si eres un Lector Constante, como en mi caso, de esos que acompaña a King en sus joyas y en sus juegos, pues no te detienes por nada del mundo.

Las colosales dimensiones de Apocalipsis de Stephen King.
Fuente.
Varios pensamientos cruzaron la mente del escritor de Maine cuando escribió esta, su novela más larga hasta la fecha (1585 páginas en la versión completa). El primero fue el deseo de concebir una historia épica con el paisaje de Estados Unidos como trasfondo; tal y como J. R. R. Tolkien hizo con El Señor de los Anillos y su Tierra Media, Stephen King quería retratar lugares como Nueva York, Maine o Texas con el mismo halo fantástico, épico. Este anhelo fue el mismo que le hizo emprender el camino hacia la Torre Oscura, donde el viaje de Roland nos evoca a la meta de Frodo, igual que aquí lo hace el tormentoso regreso de Stu y Tom Cullen, recordándonos a Frodo y Sam en su travesía a Mordor (aquí, Las Vegas). El segundo pensamiento provino para King de una noticia sobre un virus que había matado a un par de animales, pero que hubiese matado a personas si el viento hubiese soplado en otra dirección; esa noticia fascinó a King y se transformó en el arranque de su novela. Y, sin duda, Apocalipsis es una novela ambiciosa, colosal en muchos aspectos, aunque... no sea mi obra favorita de Stephen King.

La historia, el argumento de por sí, de Apocalipsis (The Stand) es bien conocida. La Gripe Trotamundos, la supergripe A, escapa de un laboratorio militar y pronto expande una pandemia que erradica a la mayoría de la población, dejando el mundo devastado. Aquellos que sobreviven a la enfermedad empiezan a tener sueños y pesadillas. Los bondadosos sueñan con una anciana, Abigail. Los malvados sueñan con el terrorífico Hombre de Negro, Randall Flagg. Muchos, sueñan con las dos caras de la misma moneda. Cada uno de ellos deberá decidir si hay esperanza y reconstruyen la civilización mediante la fe que representa Abigail o deciden que el mundo ya no tiene razón de ser y es más sensato terminar de destruirlo, tal y como defiende el hechicero Randall Flagg. Y, en medio de esta odisea, conocemos a un sinfín de personajes: Stuart Redman, Frances Goldsmith, Nick Andros, Tom Cullen, Larry Underwood, Harold, Nadine, Lloyd, Thrascan… y docenas y docenas de personajes, algunos mejores, otros que se convertirán en nuestros amigos o enemigos en esta odisea.



Durante el viaje


Me ocurrió algo curioso mientras leía esta obra y es que pienso que alberga algunos de los mejores pasajes escritos por Stephen King, pero también considero que es, curiosamente, una de sus obras menos redondas. Por ejemplo, como muchos afirman, los finales de King no suelen ser lo mejor de sus novelas, pero en The Stand se nota que el propio King comenzó a darle vueltas a la idea de Dios, la fe y perdió un poco el norte mediante un deus ex machina de libro (vaya juego de palabras), donde la propia mano de Dios (en serio) se llega a manifestar en el rocambolesco desenlace de Las Vengas, Mordor

En cambio, si dejo de lado el desenlace, hay muchos grandes momentos, como ese Larry (el impresentable cantante, que huye de su pasado y acaba convirtiéndose en un héroe) y que llega a casa, una tarde lluviosa y encuentra a su madre moribunda por la supergripe. Esa imagen, gris y atroz, no la olvidaré. Como tampoco olvidaré al pobre Lloyd, encerrado en prisión cuando empieza la epidemia (con esa rata muerta como compañera). O ese viaje que inicia el gran héroe y mártir, el mudo Nick, que pronto conoce al entrañable Tom. También está la locura del maldito Harold, tan humano, y la de Nadine, la mujer que se condena a sí misma. Un viaje hacia las sombras donde Thrascan, ese pirómano lunático, también participa. Y están las dudas de esa mujer embarazada que es Frances y ese Stuart que se convierte en improvisado guía.

Durante muchas páginas, notas el hedor de la muerte, el cansancio en los pies, el sudor cayendo por tu frente como si fueras uno de los personajes y eso me demuestra el talento de King para esta historia donde aprovechó para mostrar en todo su esplendor al gran villano de sus historias, el caótico Randall Flagg, el Hombre de Negro que también ha aparecido en La Torre Oscura o Los ojos del dragón, entre otros títulos. De Flagg, ese Sauron de aspecto simpático, se disfruta porque es un villano que disfruta de serlo. No hay una historia de cómo se volvió malvado ni guarda piedad, es el mal en estado puro, una fuente inquebrantable de oscuridad, y eso en una época de tantos grises, llega a agradecerse, porque todos acabamos aceptando que hay personas que son malvadas por el mero hecho de que disfrutan del mal que causan.

Y es que para mí la mejor parte de Apocalipsis es precisamente la apocalíptica: ver cómo el mundo se viene abajo en tan poco tiempo, leer sobre una civilización que estalla y se pierde, observar a unos personajes que no llegan a su meta, ver la muerte, sentir que esto podría pasar realmente. El estilo de King se vuelve incluso periodístico mientras narra como científicos y militares se enfrentan al virus, a la vez que la gente de a pie, con sus sueños e ilusiones, que frecuenta una miserable gasolinera perdida en Texas, comienza a contagiar la gripe y muere como animales. En algunos aspectos, las pequeñas escenas que componen este mosaico recuerdan a otras destrucciones, como el inicio de La cúpula o el desenlace de Derry en It (Eso). El lector, como en mi caso, más cínico, disfruta sintiendo esa caída de las piezas como si fuesen de un dominó, esa hecatombe salvaje, esa muerte terrible. Cruzo los dedos por no tener que vivir el fin del mundo, pero aplaudo cuando puedo leer un simulacro de este, escrito por nada más y nada menos que uno de los escritores más talentosos de la historia, Stephen King. Y lo digo sin poner la boca pequeña o sentir vergüenza, King es brillante en muchas de sus obras y representa el tipo de escritor que concibe mundos como escapatoria. Por eso, también me gusta la parte posapocalíptica de los viajes, de la búsqueda de la esperanza y la redención.


El mal encarnado, el Hombre de Negro. Fuente.
Mis problemas se inician más con el comienzo de esa nueva civilización y es cuando noto más dubitativo a King, que se pierde en explicaciones sobre crear asambleas o dar algo de sentido al mundo. El propio King confesó en su libro sobre escribir y sobre él mismo, la fantástica obra Mientras escribo, que llevaba cientos y cientos de páginas de Apocalipsis y él mismo no sabía cómo terminarla hasta que se le ocurrió la idea de la bomba, volar todo por los aires y decidir entonces qué sucedería en adelante. Sin duda, es uno de los momentos más brillantes (y no solo por el fuego) de la obra, donde el final de uno de los protagonistas se me antoja tan cruel y azaroso como la vida misma. Eso sí, antes han tenido que pasar páginas que no sabemos bien adónde nos llevan y vienen otras donde todo se decide mediante visiones, sueños y sentimientos más que por auténticos hechos, que hacen que la inmensa novela pueda llegar a tambalearse para el lector más estricto.

Y, sin embargo, no puedo acusar de Apocalipsis de ser una mala novela, porque hay mucho talento en un escritor capaz de hacerte leer más de mil quinientas páginas y preguntarte por el destino de todos esos héroes y antihéroes en un libro que se antoja como una fantástica miniserie desde su concepción y donde se tocan temas tan valiosos como la fe, la destrucción, la esperanza, la muerte, el amor y el odio; sentimientos encontrados en los que King vuelca todo su talento como escritor, que es mucho, por si había alguien que lo dudaba.


El Hombre de Negro, el demonio de las historias de King. Fuente.
Dentro de los trabajos de King, Apocalipsis no es una de las obras favoritas del escritor (como reconoce en el prólogo, donde advierte sobre el hecho de comprar o no esta novela... Hay que leerlo), pero sí lo es de muchos de sus llamados Lectores Constantes, por lo que el escritor llegó a revisar su manuscrito ya publicado (La danza de la muerte), añadió nuevas partes y concibió Apocalipsis tal y como lo conocemos ahora, como una inmensa novela que llegó a contar con una edición de aspecto bíblico. Algunos de esos añadidos son desde temporales (cuándo transcurre la historia) o escenas como Frances enfrentándose a su madre, que para muchos lectores sobra, pero que para otros (que solo hemos conocido la novela así) nos parece una parte natural de una narración, a veces, lenta, que prefiere tomarse su tiempo, como si fuese una enorme serie de televisión en formato de libro.

Por otra parte, en sus páginas, existe también un retrato de la civilización humana que solo consiguen los grandes escritores. Desde las citas de diferentes poetas hasta las canciones, pero también pasando por la forma de vivir, Apocalipsis es una novela que sirve para que, en el futuro, muchos humanos conozcan los miedos, los sufrimientos, el modo de ser de finales del siglo XX. Es casi una máquina de tiempo para deambular por ese mundo que ya no existe, porque se ha transformado.



Después del viaje


En mi opinión (y aunque es meterme en un lío al compararlas), novelas como It (Eso) superan Apocalipsis por lo que me cuenta, cómo lo cuenta y por no notarse que se pierde (pese a los devaneos con la Tortuga, Eso y demás en la novela de cierto payaso asesino). No obstante, Apocalipsis es también una historia recomendable para las personas que disfrutan del género posapocalíptico al que se ha entregado la ficción reciente, gracias a obras como The Walking Dead, que para mí bebe bastante de los supervivientes de esta odisea escrita por King.

Afirmo también, como curiosidad, que enfrentarte a una gripe mientras (o después) de leer Apocalipsis adquiere otras... connotaciones. Cuando toses hasta asfixiarte, sientes un dolor de cabeza que no se va ni con todas las aspirinas del mundo y tu cuerpo cae derrotado, como me ha pasado recientemente, te ves a ti mismo como uno de los pobres personajes de Apocalipsis y llegas a preguntarte si pronto no empezarás a soñar con Madre Abigail o Randall Flagg. En mi caso, no, no soñé con ninguno. O, al menos, no lo recuerdo. O no por ahora.

En definitiva, como veis, soy incapaz de no mostrarme entusiasmado mientras escribo sobre esta novela, este trayecto, esta odisea (sí, quizás es el término más acertado). Apocalipsis (The Stand) es una historia sobre la esperanza que representa un recién nacido, una nueva civilización, una decisión, y sobre la barbarie, la malicia y la muerte, a la que nos enfrentamos cada día. Y, a veces, merece la pena recordar el largo viaje que emprendemos cada vez que respiramos. La rueda, al fin y al cabo, sigue girando.


La adaptación al cómic publicada por Marvel. Fuente.

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