13 de diciembre de 2016

El escritor que condena su alma si es que alguna vez la tuvo

Las almas escapan cuando no queda más. Fuente

Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable pedazo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.

Segundo volumen de la obra inaugurada
por La sombra del viento.
Fuente.
Leí estas palabras por primera vez en 2008 y no he las he olvidado; como lector por cómo me influyó El juego del ángel; como escritor por el talento de Carlos Ruiz Zafón, pero mentiría si no dijera hasta qué punto un juntaletras puede llegar a sentirse identificado con el inicio de la novela del escritor catalán. 

Hay un momento en el que los juntaletras pierden su alma si es que alguna vez la poseyeron. Nuestras vidas se resumen en ficciones que van a parar a la nada, aunque rezamos, a veces, porque lleguen al todo.

Vivimos fijos en mundos que no existen más que en este que es el que nos rodea. Quizás, porque nos sentimos ajenos a la realidad, decidimos crear una propia y aguardar que alguien sienta algo con esa ficción, algo que sea más humano. Y puede que el sueño de la literatura sea el único dulce que obtengamos.

Luchamos por llegar a ver nuestra obra en papel y esperar que alguien se emocione con ella, pero la sombra de ser un auténtico fracaso o caer en la vanidad puede ser algo que nos lleve hasta la más profunda oscuridad.

Pero ¿qué más da ya? Nosotros sabemos todo de la oscuridad: hemos vivido en la tinta y nos dedicamos a oscurecer la claridad de la hoja en blanco. Somos sombras sin almas que vagamos por caminos de nada. Y sonreímos, lloramos y gozamos con ello. Y hay magia.

2 comentarios:

  1. Si, señor. Bonita entrada. Y la magia que no falte. Un saludo, compañero :)

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    Respuestas
    1. Muchas gracias, Mariví. Me alegro de que te haya gustado y no renuncies tú tampoco a la magia. ¡Un saludo enorme! :)

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