jueves, 27 de octubre de 2016

Una vuelta de tuerca de Henry James: ¿existe peor fantasma que nosotros mismos?

Una vuelta de tuerca es un libro adaptado en multitud de ocasiones a diferentes formatos. Esta imagen pertenece a una obra teatral, dirigida por James Noel Hoban, basada en el libro del que hablaré en esta entrada. Fuente.

Un escalofrío. ¿Hemos visto algo en la oscuridad de la noche? ¿Es la muerte ese pálido reflejo que se cierne bajo el fulgor mortecino de una luna gibosa? ¿Es la blancura de los huesos de los muertos la que nos espera? Preguntas; el miedo, al fin y al cabo, es la duda: ¿existen en la realidad los monstruos o los monstruos somos nosotros mismos? Una vuelta de tuerca es uno de los mayores exponentes literarios sobre esta peligrosa e interesante dicotomía. 

Hace dos años, por azares del destino, tuve la fortuna de ver la película The Innocents (Jack Clayton, 1961; en España titulada -con originalidad- como ¡Suspense!). Este film, con una majestuosa Deborah Kerr rodeada de unos portentosos secundarios bajo el guion coescrito por Truman Capote, nos conduce a una pesadilla clásica de la que luego beberían películas como Los Otros de Alejandro Amenábar. Después de deleitarme con el blanco y negro, las escenas terroríficas, la trama digna de Edgar Allan Poe y el sentimiento trágico de la cinta, me acerqué al libro, que ya se había adaptado varias veces (incluso con una precuela), aparte de en esta cinta: Una vuelta de tuerca, firmado por Henry James. Ya se sabe, si te gusta la película, puede que el libro te guste también, incluso más (quizás).


En 1898, Henry James escribió una obra siempre a descubrir por su capacidad de jugar con la ambigüedad, con el ¿y si...? Porque uno de los mayores terrores que podemos sentir es preguntarnos: ¿es real aquello que experimentamos o nos hemos entregado a la locura sin ni siquiera percatarnos de ello? 

La trama parece sencilla: una apocada institutriz acepta cuidar de unos niños en Bly, una mansión alejada de la civilización. El tío de los pequeños solo le pone una condición para contratarla: que nunca, pase lo que pase, le molesten. Poco después de llegar a Bly, la protagonista descubre que la anterior cuidadora de los niños pereció, junto a su amante, en esas tierras. Pero ¿qué ocultan los dos niños, Flora y Miles, tras sus sonrisas cándidas y sus palabras dulces? ¿Los muertos se han ido o sus garras se siguen abatiendo sobre las mentes de los inocentes? 

Parece terror (y lo es), pero no lo es tanto por las dosis de lo sobrenatural sino por algo más simple: puede que todo sea fruto de la locura de la cuidadora. Y es que el título de este libro nos hace sospechar que podemos hacer varias lecturas de la trama y ahí radica la habilidad de Henry James para que cada uno decida cómo completar ese relato que él dijo haber escuchado hace mucho tiempo y que está basado, por tanto, en hechos reales (una argucia readaptada para las leyendas urbanas, por cierto). Por un lado, podemos pensar que los fantasmas existen, que los niños han sido poseídos, que la casa de Bly está bajo el ataque de fuerzas venidas de ultratumba. Por el otro, podemos creer que la narradora ha perdido la razón, que los niños nunca estuvieron bajo la sombra de ningún espectro, que la mujer no está en sus cabales desde incluso antes de llegar a Bly y que oculta varios secretos bajo su imagen de bondadosa e inocente dama, desde un padre sobreprotector hasta una mentalidad turbia donde se refleja cierto deseo sexual anulado por sí misma. 

Si bien Una vuelta de tuerca carece de la exuberante gracia poética de otros autores a la hora de recrear el terror mediante el cuento (véase sin ir muy lejos al gran Edgar Allan Poe, del que toma prestados otros elementos), Henry James sí logra con su obra algo poderoso: la idea de la incertidumbre, lo turbio, lo inesperado, lo que puede ser, pero nunca sabemos, como la vida misma. Es ese compendio de sutilidad, esa forma de generar terror poco a poco y esa ambigüedad lo que hace de Una vuelta de tuerca una obra a recuperar y descubrir, porque no siempre en el género de terror podemos pensar que nuestro protagonista bien puede ser la víctima o el monstruo. 

Sin embargo, advertidos quedan de que el estilo de Henry James es enrevesado, tirando a veces demasiado por las oraciones yuxtapuestas, pero es parte del encanto de la novela: el acercarnos a un estilo del que actualmente carecemos o del que solo tenemos tenues imitaciones dentro del panorama del mercado literario. Si ustedes aceptan esto, disfrutarán. 

En resumen, Una vuelta de tuerca de Henry James nos habla de la inocencia, la locura y los fantasmas, incluso los que no son ajenos, incluso de los que son propios y se pierden en la oscuridad de nuestra propia alma. Temas con docenas de preguntas que nos embargan en un sentimiento atroz: el miedo. Y siempre lo harán. Fuente de la imagen de portada

4 comentarios:

  1. ¡¡Hola!! Leí este libro con unas expectativas muy diferentes a lo que creía que me iba a encontrar dentro de la novela. Tengo que admitir que cuando lo acabé me sentí muy confusa pero me encantó que fuera un libro que invitara a la reflexión y que pudieras hacer tu mismo/a la interpretación del final y de toda la novela. Además hay pasajes que son verdaderamente terroríficos. Me gustó mucho :)

    Gracias y un beso^^

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    1. Hola, Sandry ^^ Me alegro de que te haya gustado Una vuelta de tuerca. Te recomiendo, si te apetece, el visionado de The Innocents. Me parece una película genial y adapta muy bien la novela de James, dejando la misma sensación de ambigüedad que la obra original. Ya me comentarás si la ves. ¡Gracias por tu comentario! ^^

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  2. Lo leí antes de ver una adaptación, que simplificaba la historia, tomando por válida lo del fantasma. Y presentando a uno de los hijos, al varón como alguien más mayor, un adolescente enamorado de la institutriz.
    El detalle es que es se trata de relatos enmarcados, que el diario de la institutriz es presentado por alguien que la conoció. Y hay quienes sospechan que está enamorado de ella. Por lo que podría haber alterado algún detalle para favorecerla. Tal vez no había locura, sino un plan para apropiarse de la fortuna.
    O tal vez los fantasmas son reales, pero no como muertos que persisten entre los vivos, sino en el sentido de ser la proyección de temores, tanto de los niños, como los de la propia institutriz.

    Una historia muy bien contada, que conserva su vigencia.

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    1. No he podido ver esa adaptación, pero, por lo que me comentas, me quedo con la de Clayton.

      Sea como sea, como bien dices, la obra original perdura gracias a la habilidad con la que se presenta la dualidad del horror.

      ¡Gracias por tu comentario! ¡Saludos!

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¡Muchas gracias por tu comentario!

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