11 de septiembre de 2016

Crítica de cine: Pesadillas, R.L. Stine y los monstruos de los libros (y del celuloide)

Imagen de Goosebumps, adaptación cinematográfica de la serie de Pesadillas de R.L. Stine. Fuente.

Si te criaste en los años noventa y la televisión no te dejó ciego y los libros no te daban asco, seguramente acabases traumatizado con aquella ola de producciones de terror «para chavales» que proliferaron en esos días. Siguiendo el estilo de gran parte del cine de los ochenta de aventuras (pandillas de amigos, seres sobrenaturales, amenazas, momentos de amistad… Ya sabéis, rollo Los Goonies, Lost Boys…) y la literatura de terror en auge gracias a escritores superventas como Stephen King, muchos evocamos con cariño series de aquel momento como Are you afraid of the dark? (El Club de Medianoche en España) o la genial Pesadillas, cuya intro nos dejó sin dormir a más de uno (incluso por encima del cabezón deforme de Expediente X, el cual, un servidor, por cierto, siempre relacionó con Zordon).

Sea como sea, si habéis leído el título de esta entrada y el párrafo anterior, habréis visto por dónde van los tiros y seguramente recordéis aquel inicio del misterioso escritor que dejaba escapar sus manuscritos de su maletín, hojas que luego se dedicaban a atormentar a toda una ciudad bajo la efigie de una letra «g» con forma de bruja y un perro con ojos verde fosforescentes. Así se presentaba Pesadillas, con aquella música entre el mal rollo y lo pegadizo, y muchos recordamos innumerables capítulos que veíamos como aventurillas sin más, aunque alguna acababa dejándonos con ese mal cuerpo que solo un buen relato de terror es capaz. Y es que si bien R.L. Stine no es Stephen King (esta comparación tiene su gracia si veis la película), sí es un escritor que nos mostró el terror a muchos jóvenes gracias a aquellas novelitas que fueron llevadas a la pequeña pantalla en la serie de las que os hablaba.


Y bien, cerrando el baúl de la nostalgia, este comentario va realmente sobre la película Pesadillas (Goosebumps), que quizás sea el primer indicio del comienzo por el inicio de la nostalgia noventera (la cual parece que se seguirá ampliando con cosas como la nueva película de Power Rangers o la recreación en live action de algunos clásicos Disney como La Bella y la Bestia, pero…). Si dejo de divagar como lo estoy haciendo en este post, puedo decir que la película Pesadillas es una aventura con regusto ochentero que sirve de entretenimiento y, aunque no cambiará la vida de nadie, tiene algunos toques de acción, algún sustillo y alguna idea interesante que hace que la cinta, aunque carece del «terror» y la malicia original, sí sea un festival de homenajes para todos los que leíamos y disfrutábamos de la serie original.

El film narra la historia de un chaval Zach (Dylan Minnette) y su madre que se mudan a Delaware, al lado de la casa de un misterioso escritor y su hija adolescente, Hanna (Odeya Rush). Aunque el escritor advierte al adolescente de que no se acerque, el chaval pasa (por supuesto) y se hace amigo de Hanna. Sin embargo, tras una serie de incidentes, el muchacho descubre que el padre de Hanna no es otro que R.L. Stine, el famoso escritor de la serie de libros de terror infantil y juvenil Pesadillas (o Goosebumps), y, al mismo tiempo, otro secreto es revelado: cada monstruo de los libros es real y, por culpa de Zach y su amigo, el cargante Champ (Ryan Lee), los seres fantásticos escapan de las páginas y el escritor, junto a los tres adolescentes, deben evitar que la ciudad sucumba bajo la venganza de la peor criatura concebida por el escritor: la marioneta Slappy. Todo esto os lo destripa el tráiler, así que tranquilos.


El director de la película, Rob Letterman, puede que no sea un portento y el guion de Darren Lemke no explora todo lo interesante de la premisa, pero se agradece algunos momentos inspirados con ese trío protagonista y un Jack Black que, aunque esté algo pasado de rosca en su papel de Stine (que, por cierto, cuenta con un cameo y hay muchos a lo largo de Pesadillas), hace que la cinta sea una película de género fantástico que no den ganas de ignorarla a los veinte minutos (como me suele ocurrir últimamente). A destacar la música de Danny Elfman que, vale, cae en sus manierismos habituales y no recupera la sintonía de la serie (tontería mía), pero consigue algunos temas bastante interesantes.

Hay algunos diálogos divertidos (el momento alérgico, el duelo de Stine vs. King…) y hay escenas lo suficientemente interesantes como para que los monstruos (un poco demasiado CGI) se disfruten a lo largo de la hora cuarenta que dura esta aventurilla que nos transporta a aquellos tiempos donde en la televisión se emitían buenas series juveniles de terror y los libros eran algo más que best sellers sin alma. Nos traslada a aquella época de pesadillas y risas. Vaya, escalofríos.

Los héroes y monstruos de Pesadillas, una película que reivindica el entretenimiento de la obra de R.L. Stine. Fuente.

2 comentarios:

  1. Recuerdo esa serie, recuerdo que la introducción parecía tener un lugar para el humor, con ese especial ladrido musical. Y que la serie tenía sus episodios melancólicos como la protagonista que descubre que murió, que es un fantasma.
    La película es un acierto, incluso con lo que parecen fallidos, que recuerdan a la serie. Y Jack Black como protagonista. Incluso creo que comparte alguna idea con tu novela, la idea del escritor demiurgo.
    Interesante entrada.

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    Respuestas
    1. Ladrido musical que si te pilla con diez años te puede generar un trauma. O es que yo era bastante susceptible (que también). No recuerdo ese episodio, pero vaya, me gustaría verlo de nuevo. No obstante, hay un guiño a todo esto en la película.

      En cuanto a la cinta, sí, es disfrutable. Y sí, creo que la idea del escritor capaz de sacar de su pluma una nueva realidad es algo en común con Hollow Hallows y otras historias. Hay algo que nos lleva a pensar a muchos en esa "locura".

      Gracias por el comentario.

      Un saludo.

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