lunes, 15 de agosto de 2016

Veinticinco

Los años pasan, tic, tac, tic, tac... Y ya hablo como PolloxImagen de dominio público.

Nunca pensé que llegase a cumplir tantos años. ¿Qué queréis? Siempre he ido por ahí de oscurillo y atormentado, pero cuando tenía dieciséis años, los veinte eran como esa barrera que nunca pasarás sin saltar y caerte de boca…, pero no te preocupes, siempre puedes caerte y gatear o volver a levantarte y disimular, como si no hubiera pasado nada. Muy digno todo.

Y, bueno, si algún día tengo el doble o triple de años, seguiré pensando eso: que nunca pensé llegar tan lejos. Como cuando escribí Hollow Hallows, nunca pensé alcanzar casi las ochocientas páginas con esa pequeña historia. Imagino que Stephen King estuvo igual cuando llegó a la mil quinientas de Eso. Nunca sabes lo lejos que te pueden llevar tus pasos y el arte es como la vida, a veces, ¿o la vida es como el arte?

Nunca eres más joven que ahora, que dicen en los anuncios que te envían para felicitarte y piensas: «eso es mentira, eras más joven cuando tenías menos años, no me mientas». Pero, bueno, si me pongo a pensar algo optimista, diré que la edad es más un estado mental que un proceso de degeneración corporal y casi que dé saltitos de alegría y todo (si no estoy demasiado mayor para estas cosas).

Fuera coñas baratas que no llevan a ningún lado, este último año ha sido uno de esos que deberían convalidarte por muchas cosas, entre ellas, experiencia y algo más de sensatez (quizás). «Quédate y muere o márchate y vive», que decía cierto sabio que me hace pensar que solo estoy juntando tonterías en un párrafo donde en vez de ponerme pesimista, debería estar dando las gracias a todas las personas que me han ayudado en estos meses. Y les doy las gracias. Siempre. No hubiera llegado hasta aquí sin alguien que me hubiese dedicado una palabra de ánimo, se hubieran volcado en mis problemas incluso cuando ellos tienen los suyos. Encontrar a alguien que te apoye cuando por la noche despiertas con pesadillas, hallar una mano que te levante del suelo cuando te has derrumbado…, puede ser el mayor regalo que jamás te hagan. Y en ese dolor he pensado siempre que tenía el consuelo de encontrar a esa gente que me ha ayudado. Pienso en todos esos momentos, que pronto cumplirán un año, y sé que esos instantes deciden muchas cosas. Haga lo que haga y piense lo que piense. No sé qué vendrá después, pero sé que cuento con gente y ellos cuentan conmigo. Me equivoque o no, ahora toca luchar por mantener lo que hemos conseguido.

(Qué bonito es todo. Parece que me voy a arrancar a cantar Stand by me o algo así. Es magnífico todo. Parece un discurso de los Oscars. Venga… Le dedico mi No Premio a todos aquellos que sueñan despiertos. Sois los mejores).


No vayáis tan rápido por la carretera,
no vaya a ser que adelantéis
a un entierro de tortugas cojas, amigos.
Imagen de dominio público.
Como soy un tipo que solo piensa en escribir, también he aprendido cosas muy valiosas en los últimos meses sobre la escritura. Algunas ojalá las hubiera aprendido antes, por ejemplo: no pierdas el tiempo pensando que tu obra debe ser más conocida o intentando mostrar tu trabajo al mundo; el mundo pasa de tu libro, más si vives aquí, y tú solo pierdes el tiempo intentando ofrecer tu trabajo en un mundo donde la gente asume que 2,99€ es demasiado caro (y tú te das cuenta de que has empleado más tiempo, recursos y energía en dar sentido a ese libro que ese precio y ese «agradecimiento» que te dan algunos). Además, tampoco te esfuerces en mejorar tu obra o intentar ser original pensando que cualquiera lo disfrutará; no, vives en un mundo donde la gente piensa que juntar palabras es fácil, que no tienen que esforzarse por involucrarse en tu obra y donde es mejor quedarse en lo fácil. Es tu problema. No haberte leído a Alan Moore, Neil Gaiman, Stephen King, Ray Bradbury y todos esos autores que te encantan y que esos «críticos» no leen. Bah, total, y siendo más optimista: ¿qué vas a hacer? ¿Escribir como quiere la gente o escribir como te gusta a ti y quizás le guste a alguien más? Al final, levanta la cabeza y siéntete orgulloso de no ser recordado. La otra opción es quedarte en un rincón, lloriqueando y ¿quieres que la Muerte te encuentre así y sepa lo patético que eres? No.

Vale, sí. Deberían prohibirme escribir estas cosas. Debería ser un poco más optimista. Me han dejado Los ojos del dragón de Stephen King (¡bien!), estoy haciendo cosillas (je), estoy escribiendo como me da la gana (jejeje, triple je), estoy leyendo mucho (bien), tengo personas que me ayudan (lo mejor) y pronto empezaré a estudiar algo que creo que me encantará y de lo que espero poder ejercer (¡profesor!). Pero no adelantaré acontecimientos, por ahora tengo veinticinco y no sé qué vendrá. Como a Devon, no me gustan los spoilers.

En fin, levanta la cabeza, chico, chica. Y sonríe. Muerte te estará esperando pronto o tarde, pero tú no tendrás veinticinco años para siempre. Vive, vive mucho, da gracias y aprende. Lo es todo.

4 comentarios:

  1. Me ha avisado el correo y justo venía a felicitarte. 25 añicos... pero si acabas de salir del cascarón, pollo ;)

    Animo! Y a disfrutar como puedas (y te dejen) de este día.

    Un abrazo, fenómeno.

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    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias por la felicitación, compañero! Disculpa por tardar en dártelas.

      A ver cómo va todo.

      ¡Un abrazo y gracias!

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  2. No hace falta que intentés ser optimista. Creo que actitud pesimista ha sido algo inspirador, que te permitió escribir esa novela de 800 paginas, que yo leí. Tal vez te permita cierto optimismo que haya personas que te ayudan. Así que podes combinar optimismo y pesimismo.
    Feliz cumpleaños.

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    Respuestas
    1. El pesimismo puede ser la gasolina para escribir ciertas cosas y el optimismo las ganas para poder seguir escribiéndolas. No sé si tiene mucho sentido, pero podría ser una buena descripción de mi proceso. ¡Muchas gracias por tu comentario y la felicitación, un saludo!

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¡Muchas gracias por tu comentario!

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