sábado, 20 de agosto de 2016

Cuando todos fuimos Bill Denbrough

Este es un texto que recojo en el Reto del Juntaletras, porque creo que es necesario. He experimentado algunas vivencias relacionadas con camarillas literarias, el rechazo y la llama de la escritura. No suele hablarse de ello. Considero que, a veces, es bueno escribir sobre estas cosas, aclarar las ideas. Así que, si alguien siente lo mismo, no dudéis en escribirlo. Al menos, será como una buena reunión de viejos amigos.

Bill Denbrough en el telefilm que adaptó It (Eso) en los años '90. Bill es uno de los grandes protagonistas de la novela, donde acaba convirtiéndose en una aclamado escritor cuyos ecos resuenan en la biografía del propio Stephen KingFuente.

La «verborrea» de Stephen King en Eso (It) ha sido comparada por algunos con simple charlatanería. Yo no soy uno de ellos. Considero que es pura literatura de la que me gusta, porque contiene los alicientes que adoro, como la ambición de conocer una gran historia desde muchas formas, aspectos y personajes distintos, además de contener pequeños tics que hacen más reales a los seres que pueblan la fantasía (qué humano ese Ben que, cuando se pone nervioso, mete la punta de su lengua en el agujero de uno de sus dientes… y qué poco vemos cosas así en la literatura)… Es decir, Eso es un reflejo de la humanidad y hace que se conforme en torno a docenas de historias, donde no sientes que ningún editor obligue a meter prisa ni a un escritor que teme que no le lean por la extensión de su libro. Escribe y punto, y lees y te encanta. Eso es una de esas lecturas que bien se podrían convalidar por un buen curso de literatura y hace reivindicar esa idea que siempre sostengo que, donde aprendemos muchas veces a escribir (aparte de escribiendo, obviamente), es leyendo un buen libro.

Regresando al tema de una de esas historias que forman parten de la novela, una de las que más me ha gustado tiene como protagonista a Bill el Tartaja, un niño que se acabará convirtiendo en un escritor y guionista de cine aclamado, que rememora sus miedos del pasado cuando recibe una llamada telefónica, la cual le obliga a repensar todo lo que ha dado por sentado a lo largo de los años y…

Un apunte: no voy a hablar de ese secreto.

No voy a hablar ni siquiera más de ese aspecto en esta entrada.

No quiero revelar nada.

Eso es una de esas novelas que merece que cada uno descubra por su cuenta. Deseo que ustedes la conozcan por sí mismos. Eso es una lectura más que recomendable. No quiero contar más, en serio. Y sí, estoy gastando un párrafo para decirlo.

En cambio, quiero centrarme en algo que algunos calificarán como más superficial (o no tanto): la historia de juventud de Billy, cuando empezó a escribir, que seguramente sea más acorde para una columna del juntaletras y su reto.

Portada de la recomendable novela
It 
de 
Stephen King, 
una obra en la 
que se 
encuentran 
cientos 
de historias en torno a una mayor 
Muchos de los personajes de Stephen King son escritores (no, no digo nada nuevo, lo sé) y no es raro que muchos hayamos encontrado en estos personajes algunos recovecos del autor de Maine. Y si recordamos las memorias del autor en el fantástico Mientras escribo, evocamos a ese joven King que iba a seminarios de escritura en la universidad, un chaval que no entendía ni a maestros ni a compañeros que compartían curso con él. No comprendía a los estudiantes presuntuosos, vanidosos, émulos o buscadores de camarillas literarias. Todo le parecía falso, frívolo, deseoso de encajar en la falsa rebeldía… Y eso para un autor joven como él, que creía en la honestidad de sus relatos, por mucho que fueran de horror o fantasía; ese era su gran objetivo y sentía que no hacía nada allí por conseguirlo… salvo porque conoció en ese tiempo a una joven poetisa cuyo material le pareció digno de ser escuchado y leído, se llamaba Tabitha y se acabaría convirtiendo en su esposa y madre de sus tres hijos.

Y es difícil que algunos autores como yo, que he estado en algunos cursos y seminarios similares, no nos sintamos identificados con King (identificado, que no comparado). Nunca he encajado con otros grupos de escritores… Bueno, y en líneas generales, tampoco con mucha gente. Yo era el chico pobre que quería hacerse una Game Boy de madera. Yo era el chico que se inventaba el final de Harry Potter antes de que se hubiera publicado. Yo era el crío que escribía el episodio VII de Star Wars en una vieja libreta negra antes de que BB8 fuera el nuevo juguete de marketing perfecto. Y yo era el que con sus monstruos y su fantasía jamás notaba que pidiera conocer a alguien con quien llevarme ni bien ni mal.

Y ese joven Bill, como ese joven King, relata en Eso su periplo por un curso literario de la universidad. No entiende a sus compañeros, a su profesor hippie ni su arte. No comprende que ese extraño relato de un chaval que se sienta delante de él sea elogiado pese a que carezca de sentido, reciba reconocimiento y se convierta en una performance. Y Bill escribe. No le queda otra.

Escribir como método de alcanzar aquel fuego que nos impulsa a concebir y crear otros mundos. Esa es una de las claves de esta historia. Imagen de dominio público.

Pero surge la magia, el fuego estalla. Bill escribe y percibe que se envuelve en llamas a sí mismo. Mientras concebía aquel cuento, volcando todo el dolor por la pérdida en la infancia de su hermano pequeño, George, Bill se percata de que es como si se quedase sin tempo, como si tuviera que escribir y sintiera que no llegaría a tiempo, como si esos pensamientos a vuelapluma osasen escapar, como si se ahogase, sintiera que el momento se acaba y desease plasmar todo eso en el papel. Y Billy descubre algo que muchos hemos descubierto y es que, cuando sufrimos, cuando más nos duele, es cuando escribimos de verdad. Y contra ese fuego no se puede hacer nada, solo hay que quemar páginas. Es el secreto que no lo es. Y cualquiera que haya escrito, alguna vez se ha sentido así. Vaya, yo mismo me he sentido así mientras escribía esto en unas notas a bolígrafo que después pasaría al ordenador.

El relato que escribió Billy era bueno. No tenía que escuchárselo decir a nadie, él lo sabía, pero lo presentó ante el profesor del seminario. Pensaba que cualquiera se daría cuenta de que era bueno, de que recibiría la vida que volcó en ese papel… Pero el profesor lo odia y Billy se siente como una mierda. ¿Quién no se siente así cuando recibe una crítica, aunque carezca de sentido, sea vaga, necia, banal, llevada por modas y camarillas? Cualquiera que sepa que, le llamen como le llamen, no le queda otra que no sea escribir. Y Bill lo sabe.

El personaje de Billy piensa en quemar su manuscrito. Llamas a las llamas, cenizas a las cenizas, polvo al polvo. Se siente hundido. Y pensamos en ese Stephen King, que arrojó su borrador de Carrie a la basura y el cual fue rescatado por su esposa, Tabitha, que le pidió que lo continuase y que se acabaría transformando en el primer gran éxito de King. E igual que King, Bill tienta a la suerte y no quema el manuscrito. Hace otra cosa: lo envía a diversas revistas. Y una se lo compra… ¡Se lo compra!

Bill se siente radiante, alguien le ha reconocido y fotocopia la carta de respuesta, pegándola en la puerta del despacho del profesor, que no solo admite la renuncia del alumno, sino que le dice con aire socarrón que el dinero no lo es todo, pero, en el presente, mientras piensa en todo eso y los demonios del pasado vuelven, Bill sabe que debe reírse de ese momento. Escribir lo que le gusta es un milagro, que a alguien más le guste ya es una victoria, pese a quien le pese.


Yo sigo esperando ese momento, que algún día pueda llegar a sonreír. He aprendido mucho este año (por ejemplo, a escribir lo que sienta sin preocuparme por nada más). Sin más, he descubierto que escribir es algo más que pensar en otros. Y si algún día escribo una historia como la de Bill, me sentiré digno de recordarla a través de mis personajes. Nunca seré Stephen King, pero mientras perciba la llama, sé que puedo escribir lo que dé la gana, sin tener que preocuparme por otros. El fuego nunca debe apagarse.

2 comentarios:

  1. Creo que nunca se podrá agradecer a Tabitha por haber rescatado ese manuscrito de Carrie. Que fue un inicio de memorables novelas y de libros de relatos. Y hasta de concepto como Los 10 ositos del miedo.
    Sí, los personajes suelen ser escritores. Como es caso del protagonista de Un saco de huesos, que hace una alusión a el protagonista de La mitad siniestra. Tal vez sea una de las influencias de Lovecraft, que tiene personajes escritores y eruditos. Aunque tal vez me esté acordando de la obra del El Círculo, no solo de la de Lovecraft.
    Creo que podes llegar a ser un buen escritor que empezó siendo lector de Stephen King, que fue lector de Lovecraft, que fue lector de Edgard Allan Poe.

    Interesante entrada.

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    Respuestas
    1. Sin duda, Tabitha King merece cierto reconocimiento por saber ver lo que muchos lectores agradecemos: el talento con el que King ha deslumbrado a la literatura en las últimas décadas, con sus más y con sus menos. Ya muchos escritores nos hubiéramos matado por conseguir obras tan geniales como It.

      La influencia de Lovecraft está ahí, en la obra de King, aunque también está Bradbury, Mathenson... Me alegra que, con los años, y fruto de muchas casualidades, me haya convertido en un lector de estos autores. Ojalá algún día todo eso se note. Siempre buscaré en sus páginas, al menos, el refugio ansiado.

      Gracias por tu comentario, ¡un saludo!

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¡Muchas gracias por tu comentario!

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