viernes, 8 de julio de 2016

El vampiro es la estrella del rock de los monstruos


La muerte es un viaje para el que todos tenemos billete, pero es el único lugar donde los vuelos suelen adelantarse.

Hay artistas que mueren jóvenes y nadie se lo cree. ¿Cómo vas a pensar que un chaval de veinte años la palme de la noche a la mañana, por mucho que lleve una vida de drogas, diversión y arte? Santo Cielo… Yo no me pude creer que, a su edad (y no era joven, aunque sí de espíritu), este año, nos dejase una estrella como era el extraordinario David Bowie. Pero si hay gente que aún no se cree que Elvis muriese a su edad, imaginad a alguien como Jim Morrison, Kurt Cobain, Janis Joplin, Jimi Hendrix…



Rock y monstruos


Ah, sí. El Club de los 27. Parece tener una sombra tan alargada como la del Nosferatu de Murnau y es que, en su desgracia, muchos escritores parecen haber visto material para hacer surgir a vampiros reales. El vampiro se alimenta de la vida de los otros para volverse inmortal; el arte se alimenta de la vida del artista para hacerlo inmortal y los que admiramos al artista entregamos cada lamento del tiempo a ellos. Hubo una época en que el monstruo se ocultaba en un ataúd y venía en barcos con tierra, hubo otra época en que el vampiro era un artista de rock y esa imagen permanece en nuestro subconsciente.

¿La culpa fue de Lestat?


Puede que la influencia de una dama como Anne Rice haya sido una de las claves. El talento de Rice para transformar el dolor de la pérdida en una compleja mitología vampírica, que resucitaba el mito y lo transformaba a una nueva época como esta, fue uno de los golpes (y no de estaca) que lograron que el vampiro dejase la levita y la capa para portar la guitarra eléctrica y la mirada soberbia de un cantante como Robert Smith. 

El auge del movimiento gótico, el punk, el grunge y los diferentes estilos en los años ochenta nos condujo a esa búsqueda sempiterna de la sombra, con artistas cuya actitud se hermanaba más con la bestia que con la víctima. 

No tendríamos que olvidar que Lestat fue, seguramente, el primer gran rockero vampiro de la historia y esa idea choca directamente con nuestro imaginario colectivo, ese mosaico que forman nuestras ideas cuando se vuelven (un poco más) locas.

Oscuridad, música, energía, sexo, vida, morir consumido, vivir lo suficiente para que nuestra llama relampaguee, decadencia, fiesta, pesimismo, nihilismo… Son elementos perfectos para el escenario de un buen rockero, pero también para una película de vampiros como The Hunger (con David Bowie, por cierto). Inmortales, eternamente jóvenes, poderosos y amorales, los vampiros son los rockeros de los monstruos.

Para siempre. Fuente.

Los Niños Perdidos de Morrison


¿A qué viene todo esto? A que el pasado fin de semana revisé The Lost Boys, una película fantástica sobre adolescentes, vampiros con aspecto de rockeros, drogas y todas esas cosas sobre las que, a veces, escribo y me lo pasé tan genial que os advierto de que voy a dedicarle seguramente algunos post por el blog. En una escena, dentro del nido de los Niños Perdidos, los vampiros de David, observamos varias veces un póster de Jim Morrison. Una cosa: parece que ya no surgen artistas con esa fuerza en algo tan simple como un póster de su cara. En serio, pensad en cuántos artistas actuales pueden llenar un póster con la fuerza enigmática de un Morrison o un Bowie. Siguiendo con la película, hay una escena donde suena un cover bastante interesante de People are strange, el tema que consagró para muchos a The Doors.

Morrison observando el legado de los vampiros. Fuente.

Así somos los humanos: incapaces de aceptar que esos jóvenes artistas decidan agotar su fuego de un modo tan súbito, el imaginario colectivo decide darles una segunda vida, una de esas que nunca se agota, porque habitará en nuestra infinita imaginación. El espectador y el artista decidimos enfundarnos los colmillos, beber del arte del difunto, rasgarnos nuestras sucias venas y entregarles aún más de nuestra sangre a ese artista para hacer que viva como siempre, como un vampiro, que se alimente de los que vengan tras nosotros, que hallen en la fascinación elementos claves que nos devuelvan el significado de lo que es el arte y la vida, pero también de la muerte.

Puede que la muerte sea ese vuelo que, a veces, se adelante… pero, en ocasiones, no hay motivo para dejar de volar hacia la segunda estrella a la derecha, podemos ser ese Jim Morrison, ese Niño Perdido, ese vampiro que sigue encontrando en la música el consuelo, esa sangre que jamás se derramará en vano.

David, el rock, el vampiro. Fuente

P.D.: Hoy quería colgar alguna de las entradas que tenía en mente, pero esto que te vas al pasillo un momento a darle vueltas a algo y se te acaba ocurriendo otra entrada y piensas que la casualidad, incluso, sirve para que la acabes narrando en una posdata.

4 comentarios:

  1. Un artículo muy interesante. Creo que aciertas al relacionar estas dos figuras tan míticas (una por mitológica y otra por idealizada).

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    1. Muchas gracias por tu comentario, Arantxa. Me alegro de que te haya gustado. Estoy documentándome de nuevo para reescribir una antigua historia y este era un punto que quería tocar.

      ¡Muchas gracias!

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  2. Tal vez habría que rastrear las influencias del romanticismo. Un termina tergiversado. Olvidando que el romanticismo fue un movimiento artístico, tal vez cercano al gótico, con temáticas sombrías, la muerte y el amor muy próximos, personajes enfermizos y pálidos. Tanto que Poe pertenecía a este movimientos, con cuentos como Ligeia. Una mujer muerta que regresa en encarnada en la segunda esposa del protagonista. Salvo que se trate de una alucinación.

    Los vampiros pueden tener un carisma especial, que dificilmente tengan otros seres, como muertos vivos o licántropos, que parecen ser más brutales. Se ha imaginado a vampiros haciendo de actores que actúan de vampiros. Y teniendo fans ansiosas por ser mordidas.

    Y está la pretensión de que los músicos legendarios no murieron sino que fingieron su muerte. Tal es el caso de Morrison.

    Así que hay un notable potencias para vincular rockeros y vampiros.
    Bien planteada la entrada.

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    1. Sí, seguramente acercarlo al romanticismo y el movimiento gótico, teniendo en cuenta sus raíces literarias, sea otro acierto a la hora de encontrar sentido al origen de esta idea.

      Y sí, la visión del vampiro como famoso y estrella es otro de los puntos fuertes de la visión actual del vampiro. No les tememos. Los envidiamos.

      Un saludo y gracias por el comentario.

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¡Muchas gracias por tu comentario!

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