lunes, 13 de junio de 2016

Valerie

“No sé quién eres ni si eres hombre o mujer. Tal vez no llegue a verte. Nunca te abrazaré ni lloraré ni me emborracharé contigo. Pero te quiero. Espero que escapes de este lugar. Espero que el mundo cambie, que las cosas mejoren, y que la gente se regale rosas otra vez. Ojalá pudiera besarte. Conozco cada parte de esta celda. Esta celda conoce cada parte de mí. Excepto una”- VALERIE.

Fuente.

El amor. Nunca nadie debería sufrir los estragos de la violencia por amor a otra persona. Jamás alguien debería “justificar” un acto atroz como el asesinato con el hecho de que dos personas se amen. Si más gente se amase y la violencia no existiese, este mundo sería un lugar mejor.

Ama. A quien sea. Ama y quiere. No odies. Es simple, pero los prejuicios y la rabia de aquellos que no pueden querer a nadie conduce a esos seres a hacer de este mundo un lugar peor, sucio, horripilante, una pesadilla.

Si no hubiesen armas para las bestias que creen que deben infectar con su enfermedad a los demás, no tendríamos que sufrir las amargas noticias que nos llegan sobre tiroteos, persecuciones y agresiones a personas que, por amar, no se merecen la crueldad a la que se les somete de modo sistemático. Ellos son valientes, quieren. ¿Por qué hay gente que cree que debe odiarlos, matarlos?

Hay un segmento muy hermoso del cómic V de Vendetta donde Alan Moore y David Lloyd, en el cual se habla de todo esto: el capítulo once, Valerie. Relata la historia de una joven con ese nombre, una prisionera de un campo de concentración de la Inglaterra distópica del cómic. En esa carta, el personaje de Valerie narra su infancia y su juventud, cómo aceptó su sexualidad, mientras que otros (padres, profesores…) fueron incapaces de hacerlo. Y cuenta también cómo se enamoró de otra mujer y creyó que el mundo le sonreía. Pero la violencia del autoritario gobierno y la persecución hacia los homosexuales de ese mundo (tan tristemente parecido al nuestro), lleva a Valerie a una celda. A raíz de las redadas para apresar a seres humanos homosexuales como si fuesen bestias, el personaje de Valerie se pregunta por qué tienen que odiarles tanto. Y sentimos piedad y amor por ese personaje tan vulnerable. En el que puede ser uno de los capítulos más imborrables de esta obra, Alan Moore y David Lloyd tocan el corazón del lector y nos obligan a abrir los ojos. No lo he olvidado desde que lo leí con quince años. Me acompaña.

ValerieFuente.
Cuando preparaba este texto, cogí el cómic para releer esas páginas, ¿y me creéis si os digo que se ha abierto por ese preciso momento? Así ha sido. No existen las coincidencias y el arte nos socorre cuando la crueldad quiere arrasarnos. En esas imágenes hallamos el corazón que muchos olvidan poseer, el que nosotros notamos latir en nuestro pecho, el que nos dice que la piedad y el afecto pueden salvarnos.

En estos días, todos debemos recordar a Valerie y quererla. Debemos querer a aquellos que son lo suficientemente valientes para esgrimir un beso por encima de cualquier arma. Os queremos. Y nadie podrá cambiar eso. Nunca.

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