martes, 7 de junio de 2016

Elantris de Brandon Sanderson, la muerte de la eternidad

Ilustración de ElantrisFuente.
“La eternidad terminó hace diez años”.

¿Sabes ese momento en que a todo el mundo le encanta algo, pero a ti no y no sabes qué es lo que ha fallado? ¿Es la obra? ¿Son los demás? ¿Eres tú?

Sé que muchas personas adoran ir a contracorriente, que les puede encantar algo, pero como sea algo considerado mainstream (hablar de eso daría para un par de entradas que no me apetecen), prefieren decir: «no, no me gusta» para sentirse únicos, especiales. No me gusta esa actitud, por tanto, no me consideréis un hipster, un hater o como diantres queráis calificarme simplemente porque Elantris no me ha gustado.

Siempre he considerado que, si una obra me gusta o no, lo diré. A todo el mundo le encantó Star Wars. Episodio VII: El despertar de la Fuerza y a mí no. Todo el mundo odia Sucker Punch y a mí me sigue pareciendo una película visualmente atractiva. No es que tenga mal gusto (al menos ese es mi consuelo), pero soy sincero conmigo mismo y siempre me resulta, cuando menos, llamativo el hecho de que algunas obras consagradas en el olimpo de la fantasía no terminen de gustarme. Y en serio, yo iba dispuesto a que me gustase esta novela (como creo que os comenté). No os imagináis cuánto. Entonces, ¿qué ha pasado? Intento explicármelo a mí mismo en este comentario.



Mi acercamiento a Elantris


Brandon Sanderson (Nebraska, 1975) se ha convertido en uno de los escritores más famosos de la fantasía actual. La espada infinita, Nacidos de la bruma, El archivo de las tormentas… Sus sagas han captado el imaginario de todos los amantes del género fantástico. 
El autor, Brandon SandersonFuente.

Debido a sus consejos literarios y su cercanía con los fans, incluso, es una especie de gurú al defender ideas como que se puede contar una historia de fantasía épica sin la necesidad del viaje (algo de lo que se “culpa” a J.R.R. Tolkien, como si el profesor inglés hubiese tenido la culpa de que tuviese imitadores e influenciados); célebre es su enfrentamiento contra el síndrome del viaje del héroe de Campbell

Dado que ha publicado una gran cantidad de novelas en los últimos años, su amistad con autores como Patrick Rothfuss y Joe Abercombrie y sus invitaciones a diferentes eventos, Sanderson ha gozado de una fama y reconocimiento entre los seguidores de la literatura fantástica que, merecido o no, es una realidad.

Su obra que sirvió de debut fue Elantris. Si tomáis la edición que yo he leído, en la portada leeréis esta frase de Orson Scott Card, el creador de El Juego de Ender: “La más bella novela de fantasía que se escribirá en muchos años”. Apartando que esta frase me parece, cuanto menos, cuestionable, y que ambos autores son conocidos por sus obras de género fantástico (y por ser mormones), las buenas críticas cosechadas durante años, me hacían pensar que leer Elantris sería, cuanto menos, un curioso disfrute, ratificado por una primera página genial donde se deja claro el argumento de la obra.

Siento decir que me equivocaba.

Otra muestra del arte inspirado por la novela. Fuente.
¿De qué va Elantris?

Viajamos hasta Elantris, una ciudad habitada por seres poseedores de una magia que los convertía en dioses, pero que cayó en desgracia, rompiéndose ese esplendor y comenzando una epidemia que hace que todos los infectados sean enviados tras sus murallas y dados por muertos.

La premisa es, cuanto menos, prometedora, pero su ejecución, espesa y lenta, hace que resulte todo lo contrario.

Ilustración de la obra. Fuente
La obra se centra en tres personajes: el príncipe listillo Raoden, la princesa moderna Sarene y el manipulador sacerdote Hrathen. Sus capítulos se van alternando a lo largo de las más de seiscientas páginas de esta novela (por suerte) autoconclusiva, con mayor y menor gracia. Algunos capítulos de Raoden resultan aceptables y Hrathen, por sus grises, es más interesante que el resto, mientras que Sarene y su historia divaga entre lo soporífero, la lucha de costumbres y un carácter de chica rebelde estereotipada. He leído que los personajes no son el fuerte de Sanderson y siento decir que, como sabéis, para mí son fundamentales a la hora de disfrutar de una obra.

Volviendo a la trama, el príncipe de Arelon, Raoden, ha sido alcanzado por la enfermedad y es enviado a Elantris, tras que le den por muerto. La princesa que debía casarse con él llega a la ciudad de Arelon creyendo que su esposo ha fallecido y que puede cambiar ese reino, porque resulta que tiene una conciencia más avanzada que el resto y siempre le han reído las gracias. Mientras, Hrathen busca convertir a Arelon a su religión y, si eso supone matarlos a todos, casi que nos importa.

Tres personajes cuyo destino chocará a lo largo de toda la obra en la que es una reflexión sobre el mundo, los seres humanos, el poder de la magia, la lucha por el poder y, sobre todo, el valor de la religión y como esta se puede utilizar para fines oscuros.

En el papel, todos estos elementos pueden resultar llamativos (maldita sea, muchas grandes historias se han contado con menos), pero como ya he mencionado, en la ejecución, es una fría máquina incapaz de transmitir los sentimientos necesarios para que sintamos miedo, emoción, alegría o, lo más importante, interés.

Mapa de Elantris y alrededores. Fuente.

La lectura de Elantris


Como dije anteriormente (y lo siento si esto suena a una carta a uno mismo, intentando explicar qué le ha pasado), llevado por los buenos comentarios, incluido de uno de mis mejores amigos (con el que comparto el gusto por la literatura fantástica y que acertó de lleno al recomendarme La Torre Oscura), y que este año se cumplía el aniversario de su publicación, me zambullí en las páginas de Elantris, pero imaginaréis que fue como arrojarme al mar; no fue así, más bien fue como arrojarme hacia un lago de sangre, por el nivel de espesor y falta de vida que inundan las páginas.

Entre el tedio y el esfuerzo (ese obligarme a seguir, a llevarlo cada día, a leerlo en la sala del hospital mientras esperaba…), he conseguido terminar Elantris con la sensación de si debía haberlo dejado antes. Si no lo hice, fue por sus buenas notas. Pensaba: «¿estaré dejando esta obra justo cuando empieza lo mejor? ¿Será un problema de la traducción? ¿No estaré lo suficientemente implicado en la obra?». Tanta gente no puede estar equivocada. O sí. O, simplemente, es un tema de que cada uno de nosotros somos diferentes y esta la riqueza de nuestra raza en la pluralidad de las opiniones. Y me obligué: seguí leyendo, pero, siento decir que, una vez finalizada, mi opinión no ha cambiado ni un ápice sobre la primera obra del escritor.

Fuente.
Elantris transcurre con esa lentitud que intentas que sea una señal de preparativos de las piezas, un arranque tenue (capítulos largos, aunque en el tercio final sean considerablemente más cortos, a los que se agrega una edición de letra pequeña), y, aunque muchos sostengan que las novelas no deben avanzar de modo precipitado o rápido, sí considero que deben al menos emocionar, porque la literatura es para mí eso. Muchos esgrimen el argumento de que los libros deben crear historias complejas y largas, pero creo que, sin algo que emocione, no funciona. Puedes tener la trama más enrevesada del mundo, pero si no es emocionante, no consigue su propósito. No leo libros por el mero hecho de leer una conjunción de palabras, sino para vivir todas las vidas que jamás podré vivir y sentir lo que eso conlleva.

Uno de los problemas que le he encontrado a Sanderson es por lo que te suelen machacar lectores, escritores y demás cuando te dedicas a esto: el hecho de no mostrar. Sanderson describe pensamientos, descubrimientos, acciones… Párrafos y párrafos, pero no se siente que los muestre, que los deje funcionar, y los diálogos parecen más un adorno (pese a los toques del idioma inventado) que algo que haga disfrutar al lector. 

Y no es porque exija una implicación del lector (que también y es loable), sino porque, aunque la pida, no transmite nada. ¿Para qué necesito saber del entrenamiento de las damiselas con la espada o el cambio del sistema de esclavitud a señoríos si no agrega nada más a la historia, por mucho que se esfuerce? No he visto a la princesa sufrir por ser una mujer ni he visto a los pueblerinos asqueados de su rey, solo veo a personajes teniendo largas tertulias donde la gente de verdad no cuenta.



Sanderson y un ejemplar de Elantris. Fuente.

La etérea complejidad


Supuestamente, Elantris es una obra llena de matices, adulta y rigurosa, pero, a su vez, otros señalan que es una obra trillada. Irónico, ¿eh? De modo honesto, digo que las tramas (religiosa, política, nobleza y demás) deberían llamarnos la atención, se pasa páginas y páginas explicando cada una de ellas, pero al final, los personajes nos dan igual si viven o si mueren y eso es un error, porque omite a la auténtica gente de a pie.

Mientras que autores como Alan Moore o Ray Bradbury nos contaban las revoluciones en obras como V de Vendetta o Fahrenheit 451 a través de los personajes de a pie, aquí se suele preferir la alta alcurnia y sus relevancias por mucho que haya una batalla final donde todo se arregla por arte de magia. Además, la obra, si tan de compleja y seria es, ¿por qué arregla todo con una lucha final, duelo de espadas, magia y fin? ¿Sanderson no estaba tan en contra de Campbell porque buscaba ser único? Si tan original era Elantris, ¿por qué la magia es al final la solución? ¿Por qué debo creerme que nadie sucederá a Dilaf? ¿Por qué debo pensar que esta gente vivirá feliz si solo ha cortado una cabeza de la hidra? ¿Qué hay que celebrar?


Los aones del sistema mágico de Sanderson. Fuente.

Personajes de piedra


Otro defecto son los personajes. ¿Sabes ese fallo de muchos autores de fantasía al poner nombres raros a personajes y no describirlos apenas o dejarles sin una buena personalidad? Pues es lo que hace que tengamos docenas de personajes con nombres inventados y que no recordemos quienes son y Elantris hace gala de ello.

Y si aquellos que recordamos quienes son, nos dan igual, pues más se nota ese defecto llegado el punto en que ninguno puede ser empatizado, desde mi punto de vista.

Raoden y Sarene en otra portada. Fuente.
A su vez, los personajes principales tienen un defecto: Raoden y Sarene no me parecen creíbles. 

Raoden no lo es, porque se me antoja como un príncipe perfecto, estratega, enfermo y capaz de refundar un reino sin despeinarse, por mucho que diga de «oleadas de dolor». Y su trasfondo es nulo, pese a que se le dé alguna pincelada. 

Está en Elantris, sufriendo una enfermedad y va a reconstruirla desde dentro porque sí, porque quiere estarse ocupado, es ambicioso y nosotros nos lo tenemos que creer a través de la que se insinúa como la trama más humana. 

No me creo que este príncipe sea una buena persona, criado en Arelon, por mucho que su personalidad sea la contraria a la de su padre. No me explican por qué. 

Además, todo le sale bien (desde sus estudios, hasta formar una pandilla). Incluso la muerte (y cuando lo leáis, entenderéis).



Una ilustración que bien podría ser Sarene 
y su estrategia con ElantrisFuente.
Podría abrir la mano con Raoden, pero no con Sarene que, bien me temo, es un personaje que es una doña perfecta hasta un nivel insospechado: viene de una ciudad más civilizada, une a un grupo de conspiradores que no confían en mujeres, entrena a mujeres en el uso de la espada, manipula, sabe de todo, habla de cambiar sistemas económicos y políticos (ella es tan democrática que es… Una princesa)… Sabe de todo y todo lo hace bien (no es de extrañar que en algunas críticas se la catalogue de Mary Sue) y lo peor es que este personaje, que siempre está dando discurso, le cae fantásticamente a todo el mundo (porque por muy espigada que sea, todos le sueltan algún piropo) y uno siente que nadie le planta cara ni llega a equivocarse. 

Tenemos que creernos que en un reino machista, de corte medieval, unos conspiradores (todos varones, la mayoría de rancio pensamiento) cambien de opinión porque ella les da un par de discursos muy avanzados. Es algo así como si Daenerys hubiera convencido a los esclavistas o los dothraki con palabras cuando estos tipos son de todo menos de esos que escuchan. No me lo creo. 

Lo peor es que sientes que Sanderson, con los discursos que Sarene le dedica a los otros personajes, en realidad te los está dedicando a ti y hay pocas cosas que me gusten menos que un autor que dé sermones.

Fuente
El personaje más decente (o el menos malo hasta que Sanderson pierde el rumbo con él), seguramente, es Hrathen, pero quizás más porque me recuerda al personaje del inquisidor Glokta de La voz de las espadas de Joe Abercrombie que por el personaje en sí, que, en las últimas páginas, obvia todo lo que lo hacía grande y lo hace de un modo tan súbito que su aire maquiavélico y creyente acaba zozobrando, porque este personaje no toma una decisión por lo que ocurre, sino porque la trama le obliga, porque el escritor se lo ordena. Sanderson, me hablas de un sacerdote que causó una guerra en el último reino que intentó convertir y luego no soporta que otra vaya a empezar y cambia totalmente porque los hechos parecen ser peores, cuando en gran parte de la obra se caracteriza por su pensamiento frío. Pues vale. Bien, pero no.

Y esa esclavitud de los personajes con respecto a Sanderson es cargante. Un ejemplo claro está en cuando Hrathen se hace pasar por enfermo, se cura y así se gana el papel de santo. Bien. Es el único que ha logrado semejante hazaña. Pues, tanto Raoden como Sarene, acaban sospechando de ello y no porque las piezas de la trama les hagan sospechar, sino porque se les ocurre. Y el lector debe creérselo y, en realidad, es Sanderson dando pistas y moviendo a sus personajes sin que la historia lo justifique. Y vemos los hilos. Y eso no divierte.

El sistema de magia


Otra portada de Elantris. Fuente.
Uno de los puntos fuertes de Sanderson (o, al menos, por el que siempre se le cita en las páginas de esos gurús literarios que tanto se leen por aquellos que empiezan a escribir) es su creación de un sistema de magia basado en unos símbolos cuyo glosario acompaña a la edición y que, lejos de ser un sistema que se adapte al lector y que enriquezca el mundo, se nota como una pieza compleja, deudora de los juegos de rol y de otros modos que poco añaden a la trama, aunque sea la causante de la epidemia y la destrucción de los personajes.

Simplemente, las largas explicaciones de Raoden a Galladon más que sentirse que están dedicadas al lector, se sienten como un tránsito que no se disfruta. Resumamos en ¿por qué me voy a aprender este sistema de magia si no hallo un verdadero sentido más allá de esta novela y ni siquiera realmente en ella, pese a lo empeñado que está Sanderson en que entendamos su mundo?

Y es que yo leo para entender mundos, pero también, sobre todo, personajes. Para descubrir sus problemas, sus deseos, sus sueños, sus pérdidas, sus triunfos, sus derrotas. No he hallado nada de ello en Elantris.


Ilustración con dos de los personajes. Fuente.
Puede que la ambición de Sanderson sea (o fuese, por algo es un debut) mayor que su habilidad y su estilo, aún esperando a tornarse en ese que le ha hecho escribir varias novelas más tras esta. Quizás, si Elantris ha funcionado tan bien es porque puede que muchos de sus lectores ya hubieran descubierto antes alguna de sus otras obras más conocidas. Como primer plato a degustar de Sanderson, no me parece el más acertado (incluso me impulsó a una de esas crisis lectoras donde piensas: «no sé qué leer» y acabe saliendo de ella gracias a esa joya que es Neverwhere de Neil Gaiman).

Sanderson ha seguido escribiendo varias obras y sagas desde Elantris que disfrutan de buenas críticas y un gran calado entre los lectores. En mi estantería, espera la primera entrega de los Hijos de la Bruma, pero, por ahora, considero que dejaré un tiempo prudencial antes de nadar en sus páginas. No construiré muros altos como los de Elantris hacia la obra de Brandon Sanderson, pero sí puede hacia cierto sector de la crítica. No esperaré toda la eternidad; al fin y al cabo, esta siempre muere.

6 comentarios:

  1. Es una lástima que sea una novela fallido, porque la idea inicial es muy interesante. Pero si es cierto que los personajes no están desarrollados y todo lo demás que describís, no se trata de un libro con el cual engancharse.
    Bien hecha tu crítica.

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    Respuestas
    1. Tengo la sensación de que es una oportunidad pérdida. Ojo, a muchísima gente le ha gustado y seguramente yo sea parte de una minoría, así que no temas acercarte a él si te llama.

      Un saludo enorme y gracias por el comentario. ^^

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  2. Jorge (a través de RRSS)7 de junio de 2016, 15:02

    No puedo ponerte ninguna pega a la reseña, a pesar de que no la comparto del todo (a mí sí me gustó Elantris, qué coño). Pero, hijo mío, se dice "cuando menos" xD

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    Respuestas
    1. Quizás no me ha cogido en el mejor momento. No obstante, ahí tengo El Imperio Final en la estantería y tampoco voy a renunciar al trabajo de Sanderson que, por algo, debe haber conseguido tanta buena fama (y esta era su primera novela), así que ya te comentaré cuando lo lea. De resto, con bastantes recomendaciones (The Boys, La Torre Oscura...) has acertado ya conmigo.

      Y sobre el "cuando menos", ¡tienes razón! El sábado lo cambié diciendo "me suena raro", pero ahora que lo dices y que también lo dice la Fundéu te doy la razón http://www.fundeu.es/consulta/cuando-menoscuanto-menos-1214/ ¡Disculpa por la errata!

      Espero terminarme este verano los otros dos libros que me dejaste en su momento (sí, después de mil años). A ver si nos vemos con la excusa. :D Yo te tengo que dejar algo de Abercrombie. Creo que La voz de las espadas te gustaría.

      ¡Gracias!

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    2. Tuve las mismas sensaciones con Elantris.
      Desde las ganas con la que empece el libro hasta la decepcion que iba creciendo y que, a pesar de mis esperanzas, no hizo sino crecer durante todo el libro.
      La idea es buena, el mundo es interesante, pero los personajes...puff, parecen caricaturas.El principe valiente y bello, inteligente, sensible, amado por el pueblo al que nada detiene.La princesa progre, que con su impecable retorica convence en 15 dias a todo un grupo de retrogados machistas que han vivido equivocados...Y lo logra porque la princesa es tan inteligente, tan aguda, tan princesa que llego un momento en que tuve que hacer grandes esfuerzos para seguir soportando sus inteligentes reflexiones que dejaban a todos boqiabiertos.Nadie titubea, pasan por horrores como la enfermedad,la muerte de amigos, la destruccion de su pueblo, y nada. Por que el principe y la princesa son asi.Con estar juntos luchando contra el mal ya son felices...

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    3. Gracias, Claudio. No solo por tu comentario, sino por confirmarme que a ti tampoco te gustó esta obra tan celebrada dentro del mundo de los seguidores de la fantasía. Considero que, aunque dicen que rompe estereotipos y es muy original, para mí me aburrió bastante, sobre todo por sus personajes tan tópicos y su falta de auténtico interés en los que sucede, perdiéndose en los métodos y el funcionamiento de la magia. ¡Gracias por el comentario! ¡Saludos!

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