jueves, 25 de febrero de 2016

El escritor que sermonea

"Hay que tener mucho cuidado con lo que se dice en una novela y no sermonear, porque puedes empezar a parecer un imbécil que está bebiendo cerveza en la barra de un bar".
COLM TÓIBÍN.

Fuente.

Leyendo una entrevista de este escritor, encontré esta frase y me coincidió con algo que estaba leyendo en su momento, una novela muy famosa de fantasía donde de repente el autor aprovecha a sus personajes para sermonearme sobre lo bueno de la modernidad frente al feudalismo. Y bla, bla, bla. ¿Os ha pasado alguna vez?

11 comentarios:

  1. ¡Hola! A ver, coincido y no. Dependería de muchas cosas. Un factor inicial sería el personaje. Si el sermón lo da el personaje y va bien con la obra, bárbaro, no me importa y algunos, son muy interesantes. Casona es uno de los grandes para meter sermones, lecciones de vida de manera magistral y sublime, da gusto leerlo. Y hay otros...

    No hace mucho, me leí una novela por Wattpad. Era interesante, tenía muchas fallas de novato, algunas gramaticales, palabras que escribe mal -como confundir eh con he-, pero era pasable y la trama lo valía. Me la leí hasta el final. Treinta capítulos casi de tirón. Y llegó el capítulo final. Perdón por la palabra, pero la cagó y bien feo. Horrible. El capítulo 30 se dedicó a hablar de las razones de la vida, de por qué los protagonistas habían actuado como tal, las cosas que era correcto hacer, que Dios esto, que el Diablo lo otro. Y un horror. La autora quiso aspirar a más y pecó de ambiciosa. Y es que soy una creyente de que, si no es sumamente importante en la trama o es algo que x personaje haría, no debes darle nada digerido al lector. Todos tenemos criterios, valores, ideas bien formadas y somos lo suficientemente inteligentes como para leer entre línes y/o sacar nuestras propias conclusiones. Cuando algunos empiezan con el verso moralizante sólo por llenar espacio puedes ir yendo a freír espárragos. Es horrible. Que si yo quiero sermón me voy a leer la biblia, no voy a buscar un policial u otro género de la novela. Sí, estoy de acuerdo de que si te toca una mamá enojada y tiene que dar sermón porque es fundamental en la trama y bueno, lo pasas, porque es importante, pero hay veces -especialmente en los novatos-, que buscan tan sólo hacer grandes volúmenes y cualquier cosa parece buena y meterse con esas cosas a veces es contraproducente porque es vez de aportar algo, haces más densa la trama y se va todo al diablo.

    Me sucedió con un par de libros que compré que arruinaron la trama con esto de los sermones, especialmente, potenciales finales que quedaron flojos o sin si quiera magia debido a esto ¿será que les cuesta darles un final decente? Ni idea, sé que me he llevado mis desilusiones, eso sí jaja.

    Otro que me gusta su forma de decir estas cosas es Dolina. No lo hace siempre, pero cuando lo hace ¡da envidia! Amo como escribe, la forma en qué lo hace y que utiliza las palabras para hacer incluso, ameno todo esto, y hasta con humor. Si hay algo que adoro de su pluma es esa mezcla de gracia y nostalgia con la que escribe magistralmente. Un tipo inteligente. Pero, no todos pueden jactarse de lo mismo, así que a veces, es mejor evitarlos si no son necesarios pues, puedes convertir una obra de arte en un escrito sin gracia por eso.

    ¡Cuidate!

    Bye!

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    1. Alejandro Dolina. He leído Crónicas del Angel gris y El libro del fantasma. Recomendables.

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    2. Roxana, estamos de acuerdo también en que hay escritores "moralistas" que saben hacerlos y otros que no. Se dice que la lectura es como entrar en un estado de sueño cómplice, el lector imagina y espera que no haya nada que lo saque de ese trance hasta el final. El problema es cuando te encuentras con un autor que, de repente, decide soltar un sermón, te das cuenta, ves los hilos y te saca de una patada de la historia que te estaba contando. Es horrible.

      Sobre el ejemplo de la historia que has puesto, me pongo en tu situación y no sería muy diferente mi opinión, imagino. Aprendí de autores como Alan Moore que no debo juzgar a mis personajes y hacerles sufrir convirtiéndolos en seres maniqueos. No, la literatura de verdad no va de eso, no va de entregar todo masticado al lector; es otra cosa, es un desafío. El lector debe odiar, amar, sorprenderse con los personajes... Por eso considero que es importante dejar la trama abierta para que los lectores encuentren su propia opinión. No hace falta, en ningún punto, que el escritor se ponga a pregonar.

      Me parece correcto, eso sí, que un autor pueda opinar de los personajes, la trama y demás después de la obra, por ejemplo, en un texto extra o en una entrevista. Hacerlo de forma poco disimulada, como me cuentas, me parece como romper toda la trama que has trabajado y empezar de repente a improvisar, olvidando todo lo que hiciste anteriormente. No me gusta.

      Sobre los desenlaces, suelen ser difíciles, pero hay un punto medio entre un buen final, un final decepcionante y, de repente, subirte a la mesa y empezar a soltar un discurso a tu lector.

      No conozco a Dolina, pero entre lo que dices tú y lo que dice el Demiurgo, acabaré leyendo algo de este autor.

      Muchas gracias por tu comentario.

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  2. Me ha pasado con Nathaniel Hawthorne, un escritor elogiado por Borges.
    Ha escritos notables cuentos, como La hija de Rapaccini. Que podría interpretarse como una versión anticipada de Poison Ivy. Pero el cuento incluye reflexiones sobre lo frivolo de mirarse en un espejo, el comportamiento que debe tener una mujer joven. Y llega a acusar de egoista al personaje, cuando se nota que está preocupado por la mujer del título. Eso último me resultó antipatico.

    Saludos.

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    1. No he leído esa obra del autor, pero entiendo que no hay nada peor que un escritor que decide llamar la atención o reprender una actitud que el considera nociva, sin ni siquiera esconderse un poco o ser sutil.

      Es algo personal, pero también es algo que me saca de los libros, como ya he comentado.

      Gracias por el comentario.

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  3. Creo que siempre existen "sermones" en los libros en los que el autor se explaya con sus cuestiones y criterios morales; pero eso sí, hay que intentar esconderlo un poco. Quizá no sacar tu opinión a relucir como los neones de un burdel, sino soltar la cuerda del debate y el lector que tire de ella a su antojo, a favor o en contra.
    Esto se me ocurre de un modo bastante académico. Tenemos a Manuel Vicent, a Rosa Montero, a Elvira Lindo... cualquier escritor que escriba artículos periodísticos en El País(y otros, este es el que me pilla más de cerca) expone su opinión, y la expone claramente, pero difusa entre ejemplos, experiencias personales y lirismo, para que sea el lector quien discurra por el texto y se forme una propia opinión "orientada" por el autor.

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    1. Sin duda, es lo que yo también pienso sobre este tema. Considero que un autor puede hablar del mundo sin tener que juzgarlo, escondiendo su opinión o permitiendo que el lector tenga otra diferente sin que por ello tenga que ser reprendido por el escritor o algún personaje.

      En cuanto al periodismo, ya ahí podemos encontrar de todo. Estudié Periodismo, pero siempre me quedé con los articuentos de Millás. Podía decir algo, bañándolo de fábula, y sin tener que tratar al lector como un idiota, algo que se agradece.

      Gracias por el comentario.

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  4. Yo prefiero que no me den las cosas masticadas, no me gustan los sermones, creo que las ideas y la forma de entender el mundo del autor deben expresarse a través de la propia obra, no de un modo intencionado.

    Al fin y al cabo estamos contando una historia.

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    1. Estoy de acuerdo contigo, Ana. Como os comentaba, hace poco un personaje se puso a sermonear en un libro que estaba leyendo y lo he dejado aparcado precisamente por ese motivo. Espero continuarlo (tiene muchísimas buenas críticas), pero no soporto los sermones, ¿qué le vamos a hacer?

      Gracias por el comentario.

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  5. Felipe (a través de las RRSS)28 de febrero de 2016, 15:02

    Bueno, a veces tiene su gracia ejercer de idiota en una barra, pero encima sin sermones mediante XD.

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