domingo, 2 de agosto de 2015

Delitos de juventud: a more like!

Recupero esta columna de El Juntaletras porque han pasado siete años y supongo que el crimen habrá prescrito aún más. O eso espero.

Voy a confesar un crimen porque creo que después de cinco años habrá prescrito.
Todos tenemos historias sobre amigos. O casi todos. Sea como sea, os voy a contar una que juega con la suerte y la fortuna como pocas veces he visto. Os hablo de jugar a la ruleta rusa con seis balas y salir vivito y coleando. No es un juego de vida o muerte, pero hay algo épico en ella que me hace contársela siempre a la gente aunque hasta ahora, creo que nunca por escrito.
De suerte va la cosa... Fuente.

Corría 2008 y, alguna vez, se tropezaba. La crisis económica comenzaba a lucir su pandero, yo había conseguido una PlayStation de segunda mano y tenía novia. Son símbolos del apocalipsis, sobre todo los dos últimos. Estaba en primero de bachiller y lo recuerdo con cariño, aunque no volvería a vivirlo.
Tres sombreros de copa,
una de mis obras
de teatro favoritas.
Fuente.
En mi instituto se solían hacer las jornadas deportivas: todo un día en que tenías que hacer algo deportivo como ver cómo otros jugaban al baloncesto, ver que los demás jugaban al fútbol o ver cómo los populares se magreaban en algo que supuestamente era baile, pero culminaba en embarazo. Da igual, comenzaba a las nueve y las clases a las ocho y media, por lo que esos treinta minutos fueron los elegidos por mi tutora y profesora de literatura para hacer un examen de Tres sombreros de copa de Miguel de Miguel Mihura. Pensaréis que yo lo había leído sobrado de tiempo. Bueno, lo leí en primero de la E.S.O. y lo releí a última hora el día anterior, pero vaya, ¡no me echéis la bronca! Al final, aquel oscurillo que se sentaba atrás en la clase, lo respondió sin problemas. Era yo. Me caía bien aquella profesora. Recuerdo que aquel día repartió caramelos de miel y se rio de los que no se habían leído la obra de teatro. 
Y entonces llegó él. 
Diez minutos tarde. 
Ese chico que debía parecer una mala influencia era mi amigo desde segundo de la E.S.O. Lo conocí porque no trajo el libro de Ciencias y el profesor (que tenía por costumbre tirar las gorras de los futuros delincuentes por la ventana) decidió que aquel chaval se sentase a mi lado porque yo sí lo tenía. Digamos que es El Amigo (creo que os lo mencioné en El Juntaletras anterior). 
Con cara de trasnochado, sin tocar la puerta, pidiendo el examen y no permiso… la profesora le dijo: 
 —No. Fuera de la clase. 
El Amigo se marchó de clase perdiendo los dos puntos que debía valer el examen del libro para la evaluación final. Era un James Dean. Pero no, no hagáis eso tampoco. No penséis que yo era un santito. Aún recuerdo cuando mi profesora me invitó educadamente a marcharme por estar estudiando Griego en su clase y lejos de pedir disculpas, me marché sin más tras darle las gracias. 
Así que El Amigo era una mala influencia o lo era yo… 
Todos éramos James Dean...
No, todos queríamos ser.
Fuente
Y se fue. 
Pero mi maestra de Literatura era buena. No solo dando clase, imponiéndose entre aquella pandilla de futuros hooligans, sino también como persona. No pasaron ni diez minutos hasta que su conciencia comenzó a decirle algo que hizo que abriera la puerta, buscase al Amigo y le hiciera entrar. Aún así, su voz imperó sobre el campo de batalla: 
—Tienes diez minutos para hacer el examen. 
El Amigo aceptó aquel desafío. Se estaba jugando el pescuezo y yo pensaba “¿al final no se lo leyó?”. Se sentó y empezó a responder…, pero solamente contestó una de las diez preguntas. 
Cuando terminó el examen y salimos de clase le pregunté: 
—¿Al final te leíste el libro? 
 Que conste que me había dicho que se lo leería el día anterior al examen. En una hora. Era un crack y seguro que… 
—Ni de coña. 
Sí, es El Amigo. 
Agregó: 
—Llego tarde y me echa. ¡Encima, me echa! Si lo sé ni vengo. 
—Al menos… ¿Contestaste alguna pregunta? 
—¿Echándole inventiva, te refieres? 
—Sí, haciendo eso. ¿Contestaste? 
Iron Man... 2008. Fuente.
—Solo una. Apuntad ese dato: solo una. 
—¿Cuál? 
—La que preguntaba qué tía tenía no sé qué cosa característica… 
—Ah, esa… Era una barba. 
—¡Mierda! Yo puse un bigote. 
Los dos zanjamos el tema con una de esas muletillas que solo entendemos los colegas: 
A more like! 
[NOTA DEL TRADUCTOR: Expresión coloquialmente inventada que significa “Agustote”. Literalmente: “un montón de gusto”, según el inglés inventado]. 
Aquel día transcurrió normal. Lo bueno de ser un oscurillo es que en el instituto sueles conseguir gente pasable de esa índole. El Amigo era medio heavy y teníamos una pandilla similar. Así que el mayor deporte que solíamos hacer la mayoría era soltar chistes hirientes de la gente normal (aunque el Amigo estuvo en un equipo de fútbol, que conste). Recuerdo que esa tarde fuimos a ver Iron Man… Y mi mente explotó en pedazos. 
(Sea como sea, como dato variopinto, recuerdo que el año anterior a ese, llevé rosquetes para el Día de Canarias y un amigo de aquel entonces y su novia nos fuimos de la fiesta de turno hasta unas lejanas escaleras del patio para comérnoslos. Lo siento por los que no comieron mis rosquetes. Y lo siento si de repente esto suena irónico). 
Pero volvamos al relato en sí. 
Un par de días después, la profesora de Literatura aparece con las notas del examen del libro. Usa la estrategia de todo profesor: darlo al final de la clase para que no la armemos. 
Keith Richards,
otro de mis ídolos de juventud.
Fuente.
Para mí, marcha todo según lo planeado. Aprobado con nota. Iba de listillo en esa época. Sigo yendo de listillo ahora, lo sé… 
Pero ¿cómo le fue a mi amigo? Aprobado. 
Cuando terminó la clase, la profesora le llamó y estuvo hablando con él. Yo fui escuchando todo sin dar crédito (curiosidad periodística o cotillismo extremo, que elija el lector). 
—Amigo [aquí dijo su nombre, pero más vale no reproducirlo], sé que hiciste esto… – La profesora menea el examen de Amigo–. Sé que hiciste eso porque estabas enfadado conmigo por haberte echado de clase por llegar tarde. Leí la única respuesta. Sabías que era barba, pero quisiste ser irónico y pusiste bigote. Sé que lo leíste… así que haré la vista gorda. Solo esta vez. Sé más puntual a partir de ahora. ¿Quieres? 
—Vale. 
Supongo que la cuota de suerte de Amigo llegó aquel día a su premio extraordinario y de ahí aquel milagro. Fue uno de esos momentos que acabas recordando siempre. Yo lo hago y pienso que cuando algo va mal, siempre puede haber algo de fortuna dispuesta a juguetear contigo en el asiento de atrás del coche de la vida. 
Todo esto me recuerda lo más importante que he aprendido de Keith Richards. “La vida está llena de pirañas. Necesitamos amigos tiburones que coman pirañas”. O algo así. Mi Amigo come pirañas como tentempié y a Cthulhu para merendar. 
A more like!
Cthulhu, la merienda definitiva. Fuente.

6 comentarios:

  1. Me encantan las anécdotas de esta época de transición de la vida y más cuando se trata de personas que no han transitado por los caminos habituales. Creo que ya nunca olvidaré el "A more like!" y que "cuando algo va mal, siempre puede haber algo de fortuna dispuesta a juguetear contigo en el asiento de atrás del coche de la vida. "
    Me ha encantado esa frase.

    Feliz domingo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegro de que te haya gustado esta anécdota. La verdad es que siempre me divierte contarla y creo que todos hemos vivido cosas como ese a more like. La adolescencia, a veces, debería significar estar un poco loco sin preocuparte demasiado por el qué dirán. No siempre es tan fácil.

      En cuanto a la frase, me alegro también de que te haya gustado. La verdad es que estos juntaletras tienen cierto estilo que escapa del que uso habitualmente y que me permite hacer cosillas así.

      Muchísimas gracias por tu comentario, me alegro mucho de que te haya gustado esta columna del Juntaletras... A ver si sigo recuperando la sección. :)

      ¡Feliz domingo!

      Eliminar
  2. Keith Richard es admirable, el Rolling Stone esencial y además inspiró el personaje de Jack Sparrow, haciendo un interesante papel como el padre.

    Me agradó la profesora de literatura, que inteligencia para entender a tu amigo.
    Admirable.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Keith Richards es una leyenda y las leyendas inspiran grandes historias y grandes obras de arte.

      ¡Gracias por tu comentario!

      Eliminar
  3. Si no recuerdo mal, esta columna la leí en su día y me hizo bastante gracia. A veces la suerte aparece y los resultados son inverosímiles ;)

    Es curioso, la adolescencia suele estar cuajada de aventuras y estrafalarios acompañantes... más material para historias.

    Un abrazo y...

    a more like!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, esta columna ya apareció en su día, pero mientras hago material nuevo, me gusta ir recuperando las antiguas en El Antro. Y con esta me lo pase genial, es muy desenfadada y, a menudo, necesitamos un poco de eso.

      Y sí, muchas de estas historias luego las he pasado a mis historias, pero creo que no voy a decir nada al respecto para que nadie que me conocía en esa época se ofenda... Aunque a saber, que soy muy charlatán.

      Muchísimas gracias por tu comentario y a more like jejeje

      Eliminar

¡Muchas gracias por tu comentario!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...