26 de julio de 2015

El coraje y la memoria (en recuerdo a J.R.R. Tolkien)

Fuente
"Siempre me ha impresionado el hecho de que sobrevivamos por el coraje indomable de gente bastante pequeña contra dificultades imposibles: junglas, volcanes, bestias salvajes... siguen adelante con esfuerzo, en cierto modo casi ciegos".
J.R.R. TOLKIEN.


Este es un fragmento de la transcripción de una entrevista (se asegura que la última) que dio el profesor J.R.R. Tolkien, del que sabéis que soy un gran seguidor desde que era un crío y del que siento que debo hablaros más de vez en cuando para que me comprendáis un poco más. 

El autor de obras magnas como El Señor de los Anillos responde aquí a la pregunta que le hace el entrevistador sobre si considera que hay algún tipo de alegoría entre Frodo y Jesucristo (y no es el primero que hace tal comparación, por cierto). Esto se lo dicen a Tolkien, que, pese a ser cristiano romano y practicante, odiaba las alegorías. Y consigue con su respuesta mostrar la fe que tenía hacia la condición humana, una fe que vemos también a lo largo de su insigne obra. No hace falta comparar a tu personaje con Jesucristo para demostrar cómo lucha y se enfrenta a terribles pruebas sin perder la fe (aunque quizás, sabiendo de la tentación que sufre Frodo Bolsón en el Monte del Destino, ¿no sería más acertado señalar que Sam, el que se mantiene sin mácula, es el que se podría, si queremos ponernos comparativos, parecer a Jesús? Considero que sería un debate interesante, pero no creo que este sea el post oportuno).

Por cierto, esta semana, mientras escuchábamos la banda sonora de Howard Shore en el coche, charlaba con Elsbeth sobre El Señor de los Anillos. Ella, ya que estoy lo diré, me regaló hace un tiempo una magnífica caja con todos los libros, algo que le agradezco y no sé si sabe cuánto, porque adoro El Señor de los Anillos y mi edición ya había perdido más hojas que un Ent.

En esa travesía a la facultad, donde sigo escribiendo mis novelas, le comentaba que más que un libro o unas películas siempre he considerado que la obra de Tolkien fue un viaje, una larga travesía por la Tierra Media, en la que participé. El mundo y la mitología creadas por el profesor me acompañan desde que lo leí con once años; ha sido parte de mi niñez, mi adolescencia y mi vida adulta. Me ha otorgado coraje, disfrute y alegría durante mucho tiempo. 

Si miro hacia atrás, rememoro aquella tarde de agosto (el mismo verano en que leí Harry Potter), cuando mi hermano mayor me regaló la primera película en VHS y la trilogía de libros en tapa blanda. Las siguientes horas las pasé zambullido en La Comunidad del Anillo ¿y sabéis qué? El día siguiente fue un viernes y, mientras los hobbits se alejaban por los oscuros bosques y caía la lluvia, fuera de mi ventana también llovía, hacía un día gris y era como si aquel libro hubiese teñido mi realidad, porque hay muy pocas posibilidades de que en Tenerife haya lluvia en un mes de agosto. Y era mágico, una manera más de entrar en la ficción. Era 2001. Y esta es solo una parte de mi memoria. Hay más.

Recuerdo ser un niño y volver cada viernes del instituto para ver las películas en mi casa. Si no iba a la excursión de turno porque no sabía nadar, me quedaba en la biblioteca del instituto y me dejaban usar los ordenadores (en esa época en que no tenía Internet en casa) y me ponía a buscar fotos, información y dibujos de El Señor de los Anillos.

Y escribía, escribía un montón sobre El Señor de los Anillos, porque lo leía casi todos los días y quería que mis historias fuesen tan grandes como ESDLA, Harry Potter o Star Wars.

Si el camino de vuelta de clase a mi casa no era Tatooine, era la Comarca y siempre esperaba que algún evento, alguna aventura, cambiase mi vida sin darme cuenta de que esa llamada a la lucha y a la magia ya estaba en los libros, películas y cómics que devoraba.

Me acuerdo de ponerme a leer mis episodios favoritos como Sam filtrándose en Cirith Ungol.

Y evoco aquella época en la que si me metía debajo de la manta pensaba que estaba en el túnel de Ella-Laraña (y sí, esta es una de esas cosas que jamás pensé que os revelaría, ya veis).

Y estos son solo un par de detalles.

Lo siento así. Hoy no es ningún día relacionado con Tolkien (aunque si excavamos entre las montañas de información, quizás...), pero es que no hace falta que sea un día señalado para que podamos disfrutar o alabar la obra del creador de los hobbits.

Guardo un gran amor por la obra de Tolkien (¿cómo no iba a ofenderme cuando algún autor de moda como Patrick Rothfuss le critica con argumentos endebles?). Pienso que es como si yo también hubiese recorrido las faldas del Monte del Destino, hubiese luchado en Minas Tirith, me hubiese maravillado con el esplendor de el Abismo de Helm, hubiese gozado de la gracia de Galadriel y del ensueño de la Comarca... Es algo que considero magnífico, que adoro con cada fibra de mi ser y no cambiaría por nada.

Y si consigo hacer alguna obra que haga sentir algo similar a cualquier lector, además de avivar su fe por el ser humano, me sentiré realmente agradecido, porque nunca dejaré de estarlo hacia un maestro como lo es y será Tolkien.

Gracias, profesor. Siempre.

P.D.: Esto comenzó siendo una de las citas que recojo para El Antro, pero al ver que la anotación crecía y se convertía en una columna del Juntaletras, ¿cómo iba a ignorar la posibilidad de poder extenderme un poco más y resucitar esta sección?

4 comentarios:

  1. Y me parece que eso se da en El Señor de los Anillos.

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    1. Y mucho y muy bien.

      Gracias por tu comentario. :)

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  2. Yo también le tengo un gran cariño a la obra de Tolkien. Recuerdo cómo devoraba “El señor de los anillos”, mi caso fue curioso, me regalaron el segundo y el tercero, pasó algún tiempo hasta que tuve el primero. Ese curioso orden de lectura no me impidió disfrutar de las aventuras con las que su autor nos invitaba a soñar.

    Ver “La comunidad del anillo” en la gran pantalla con mis padres, todos pegados al asiento y con la boca abierto. Lo cierto es que si me paro a pensarlo guardo un montón de recuerdos especiales acerca de este mundo.

    Y por supuesto, “El hobbit”. Unos seres que me fascinaron desde la mítica frase: En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. Me lo prestó una amiga, recuerdo que yo en ese momento estaba ahorrando para comprarlo. Una de mis escenas favoritas era aquella en la que los trolls eran engañados y discutían entre sí.

    Me ha gustado conocer tus momentos Tolkien ;)

    ¡Abrazos!

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    1. Ah, leer con el orden aleatorio... Creo que nunca lo he contado, pero voy a aprovechar que me has dado pie a ello... El Señor de los Anillos lo leí ordenado, luego El Hobbit y El Silmarillion, pero Harry Potter fue distinto. Me leí La Piedra Filosofal y luego me regalaron El Cáliz de Fuego. Me perdí muchas cosas, pero también dejó huecos que fui imaginando y resolviendo. Más tarde, pude leerme La Cámara Secreta y El prisionero de Azkaban. Hoy, que todo parece ir en sagas y que me preocupo tanto por el orden, me llama especialmente la atención cómo pude disfrutarlo aún así y creo que tú lo reflejas muy bien en tu experiencia con El Señor de los Anillos.

      Los grandes libros nos dejan grandes recuerdos, no solo de la obra en sí, sino también de todas las cosas que lo rodean. Creo que es parte de su magia. Evocar qué pensabas, qué te gustaba, qué hacías..., mientras lo leías.

      Y El Hobbit recuerdo que lo disfruté mucho porque cada capítulo me parecía una aventura y no sabía lo que me iba a encontrar en el siguiente. Me acuerdo que me leí el capítulo de los trolls estando enfermo y, aún así, fue un no parar de leer más y más capítulos.

      Yo también me alegro de haber conocido más de tus recuerdos hacia Tolkien. Es genial poder hablar de estas cosas.

      Muchísimas gracias por tu comentario.

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Los textos pertenecen a Carlos J. Eguren salvo cita expresa de los autores (frases de libros, comentarios de artistas...), siempre identificados en el post. El diseño de la imagen de portada pertenecen a Elsbeth Silsby.

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