jueves, 2 de octubre de 2014

Una reflexión sobre los escritores por Ray Bradbury

Este fragmento está extraído de uno de los relatos del compendio El Hombre Ilustrado: Una noche o una mañana cualquiera. No creo que deba insistir en que por fragmentos como este Ray Bradbury es uno de mis autores favoritos. Valga decir que pocos han sabido retratar una crisis a la hora de escribir como el autor de Crónicas Marcianas.


“¿No sabías que quise ser escritor? Oh, sí, uno de esos hombres que hablan siempre de escribir, pero que casi nunca escriben. Y con un temperamento excesivo. Perdí mi empleo. Dejé el negocio de los libros y no pude conseguir otro trabajo, y comencé a rodar. Luego murió mi mujer. Ya ves, nada se queda en su sitio, no se puede confiar en las cosas. Tuve que dejar a mi hijo al cuidado de una tía. Y las cosas empeoraron todavía más. Al fin un día me publicaron un cuento, con mi nombre encima, pero no era yo. […] Sólo sé que yo miraba la página, y mi nombre bajo el título. Por Joseph Hitchcock. Pero se trataba de otro hombre. No podía saber en ese momento y de veras si ese hombre era yo. El cuento me era familiar… Sabía que yo lo había escrito, pero ese nombre sobre el papel no era yo. Era un símbolo, un nombre. Algo extraño. Y entonces comprendí que aunque triunfase como escritor, mi triunfo no tendría sentido. Yo no era ese nombre. Mi nombre sería siempre una mancha de hollín, unas cenizas. Así que dejé de escribir. Nunca estuve seguro, además, de que mis cuentos, esos cuentos que yo había tenido en mi escritorio hasta hacía unas horas, fueran realmente míos. Recordaba haberlos pasado a máquina, pero ahí estaba siempre ese abismo, esa prueba ausente. El abismo que separa el quehacer de las cosas hechas. Lo que está hecho está hecho. Ya no es una prueba, ya no es un acto. Sólo los actos importan. Y las hojas de papel eran vestigios realizados e invisibles. Sólo los actos prueban algo, y ya no existían. Sólo me quedaba el recuerdo, y yo no podía confiar en la memoria. ¿Puedo probar ahora que escribí esos cuentos? No. ¿Puede hacerlo acaso algún escritor? No. No, realmente. No a menos que alguien esté a tu lado mientras escribes, y aun entonces podrías escribir de memoria. Y cuando terminas de escribir, desaparecen las pruebas, sólo quedan los recuerdos. Comencé a encontrar abismos por todas partes. Comencé a pensar que quizá no estaba casado, que quizá no tenía un hijo, o que nunca había tenido un empleo. Quizá no había nacido en Illinois, y mi padre no había sido un borracho, y mi madre no había sido una cerda. No podía probar nada. Oh, sí, la gente puede decirte: “Tú eres esto, y aquello, y lo de más allá”, pero eso no significa nada”.




2 comentarios:

  1. Es curioso que algo como Bradbury haya tenido esa crisis, ese distanciamiento con la escritura. Es curioso para un escritor con tanta pasión por la literatura, que se manifiesta en Farenheint 451, donde se da el cambio del protagonista. O en Crónicas marcianas, en Usher II, un cuento con tantas referencias literarias, que permiten a un lector de Edgar Allan Poe intuir el final, de esa historia de venganza.

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    1. Este fragmento pertenece a un relato de El Hombre Ilustrado que trata sobre un hombre que no cree en nada que no pueda ver y ese sentimiento nace de algo muy simple: quiso ser escritor y le ocurre lo que narra en este monologo.

      Me parece tan cercano y real, siento tanto que yo lo he vivido, que pienso una cosa y es que Bradbury, como cualquier escritor, también tuvo que sentirse perdido.

      Por cierto, Usher II es uno de mis relatos favoritos de este genio (al igual que Fahrenheit me parece magistral, la primera obra suya que leí).

      ¡Muchísimas gracias por tu comentario!

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¡Muchas gracias por tu comentario!

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