domingo, 11 de agosto de 2013

Crítica de Velvet Goldmine; quisimos cambiar el mundo y solo cambiamos nosotros.


Existió una época donde experimentar con la música y el arte en general, reivindicar el mundo bohemio y vestirse como una mujer luciendo purpurina y espectáculo fue algo original, fue un movimiento: el glam. Artistas de toda una época jugaron a cambiar los convencionalismos, ponerse máscaras y cantar canciones que no hemos olvidado. En esa época, la transgresión valía la pena.
En ese momento, un adolescente admirador de esta música acaba convirtiéndose en un periodista que recuerda su tiempo pasado como algo mejor. Era ese chico que alucinaba cuando veía una entrevista de la superestrella Brian Slade en la televisión. Sí, ese chaval homosexual que encontraba un ejemplo en Curt Wild. Era un chico que huyó de su casa buscando una vida diferente, distinta, y deseando ser el mismo. Terminó siendo un periodista buscando a Brian Slade diez años después de su desaparición, cuando fingió morir sobre el escenario.
La nostalgia de la época en la que fuimos libres y soñamos con el arte. De eso trata Velvet Goldmine, un homenaje al rock glam (no obstante, el título del guion era Glam!), a David Bowie y todas esas figuras que representaron el mundo de la música como si fuese un juego de máscaras e imagen, porque acaso ¿el arte no lo es?
También aborda los desengaños y el hecho de que te rompan el corazón, que es uno de los grandes temas de la música que desborda todo este film y que queda reflejada con el personaje de Mandy (una Toni Collette que nos recuerda a Angela Bowie).
Las imágenes que se recuerdan para siempre.
Todo ello a partir de una trama de un periodista que desea encontrar a aquella estrella con la que se sentía identificado. Quizás, el problema del film es la lentitud de algunas partes, no acudir a más fuentes que hubiera hecho más rápida la película y no encontrar un final mejor para todos estos personajes que vieron nacer y enterrar el glam.
El punto más fuerte de la propuesta es la banda sonora, donde se incluyen canciones con Thom Yorke de Radiohead, Placebo, Lou Reed, Brian Eno y otros grandes. Además, el director Todd Haynes intenta copiar el estilo visual y la locura de un videoclip, notándose que se lo pasó bien rodando la película al igual que cada uno de los actores: desde el periodista buscando a su viejo ídolo (interpretado por un más que solvente Christian Bale) hasta un Jonathan Rhys Meyers que consigue crear con su Brian Slade una versión de David Bowie y Ewan McGregor que se convierte en Curt Wild, una mezcla a Iggy Pop, Mick Jagger y Lou Reed (aunque Courtney Love consideró que McGregor se parecía demasiado a Kurt Cobain).
Slade y Mandy, ¿Bowie y Angie?
El mejor seguramente sea ese McGregor que consigue como Curt comerse la pantalla como un ser autodestructivo, decadente, pero brillante. Véase la escena del festival donde acaba dándolo todo encima del escenario como fruto de la inspiración y la locura, o quizás el alcohol y las drogas, a lo mejor el arte.
Hay que comprender por tanto la búsqueda de la imagen y la música como una pasión; la frivolidad y la autodestrucción como concepto clave. Solo así se puede entender un film que desde el principio deja claras sus intenciones de juguetear con aquel espíritu extravagante del glam (ese platillo volante). No es raro que el film tome a Oscar Wilde como uno de sus modelos, un hombre adelantado a su tiempo.
Curt, según McGregor.
Irónicamente, David Bowie no estuvo involucrado en el proyecto, aunque se incluyen numerosos guiños como el propio título (nombre alternativo de una de las primeras canciones de Bowie) o la primera frase que le dijo a su esposa Angela: “Do you jive?”, que es la misma que le dice Brian a Mandy, los personajes fictios. Bowie se negaría por querer hacer una película propia que nunca llegó a ningún lado y porque al leer el guion encontró referencias a una biografía no autorizada y a un libro de su ex mujer.
Velvet Goldmine es un tributo a aquella música que nos cambió para siempre, nos hizo soñar y nos embarcó en un futuro bulevar de sueños rotos.




SPOILER: Se puede sumar al parecido entre Bowie y Slade que el personaje de Christian Bale llega a pensar que Slade ha vuelto bajo la forma de Tommy Stone, cuya forma de vestir recuerda al the thin white duke de Bowie. FIN DEL SPOILER.

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