17 de agosto de 2013

Crítica de Star Wars. Episodio II. El ataque de los clones; a mi yo de once años le sigue gustando


Aún recuerdo que salí corriendo cuando se terminaron las clases para llegar a mi casa lo antes posible y que mi hermana mayor me llevase al cine a ver El ataque de los clones; tendría unos once años. Fue mi primera película de Star Wars en la gran pantalla y me lo pase genial. Permitidme, por tanto, que aún le guarde un gran cariño, incluso cuando la veo de nuevo.
Después de las críticas de La amenaza fantasma, George Lucas se vio en la encrucijada de seguir contando la historia de Anakin Skywalker y aprovechar para explorar más el mito o caer en el puro guiño: las Guerras Clon que mencionó la princesa Leia debían comenzar[1]. Los aficionados llevaban décadas hablando de ese evento, no podía decepcionar (y se añadirían dos series de televisión, cómics, videojuegos y libros para contarlo).

Los Jedi ya no son Guardianes de la Paz.
El ataque de los clones es una mezcla de géneros romance, aventuras, cine policíaco (la investigación de Kenobi), incluso colosal y bélico (la batalla final) e incluyendo dosis de western (con ese Jango Fett cuyo nombre nos recuerda a cierto antihéroe del spaghetti western). No llega a la altura de la trilogía clásica, aunque es mejor que La Amenaza Fantasma e incluye de nuevo un poco de esa magia y misterio que hace que un fan siga a un personaje pese a su leve importancia, véase a la cazadora de recompensas Zam Wessell (que ya podría haber ido al grano en sus últimas palabras) o cosas tan nimias como la espada púrpura de Mace Windu (un Samuel L. Jackson mejor, aunque su jedi no sea el que más inspire empatía).
La interpretación de Christensen no gustó a muchos fans.
Puede que el punto flaco es que el director George Lucas demuestra lo que todos sabemos: puede ser un correcto director, pero como guionista falla en los diálogos. Uno no sabe si ese halo falsamente teatral de alguna conversación está a propósito para recordarnos que es una tragedia o porque a los actores les faltó un mejor guía, aunque Ewan McGregor vuelve a cumplir como un Obi-Wan cada vez mejor, más cercano al gran Alec Guiness.
Quizás, Natalie Portman vuelve a no estar del todo a gusto con su papel de senadora, aunque por otro lado tenemos a un Ian McDiarmid genial como Palpatine. ¿Y qué decir de Hayden Christensen? Seguramente, que siendo tan joven, necesitaba un director que se preocupase más por cómo desempeñaba el papel de Anakin Skywalker, pese a tener buenas escenas como el encuentro con los moradores de las arenas (es ahí donde Anakin se pasa al Lado Oscuro en realidad, bajo la música de violines de John Williams).


Uno de los puntos buenos es que se nos presenta al personaje del Conde Dooku, que con su nombre homenajea al conde Drácula que tantas veces diera vida (¿o no-muerte?) el actor que lo interpreta, el mítico Christopher Lee[2]. Seguramente un villano interesante, que tarda en aparecer físicamente más de una hora, y se muestra bastante ambiguo, aunque gran parte del film gire sobre él (su nombre aparece desde el opening crawl).
Sin embargo, con Dooku se nos presentan algunas preguntas: ¿hubiera estado mejor presentarlo en La Amenaza Fantasma? ¿Hubiera estado mejor incluir a Darth Maul, ese personaje tan desaprovechado? ¿Hubiera sido mejor poner a una guerrera Sith como llegó a pensarse[3]? No lo sabemos, pero siempre es un placer ver a Lee en la gran pantalla y más encarnando con ciertas dosis de personaje trágico a su antihéroe que choca con la imagen puramente perversa de otro villano al que encarnó por la época, Saruman el Blanco en El Señor de los Anillos. Por si fuera poco, Christopher Lee rodó parte del enfrentamiento con espada láser, necesitando al doble en las justas ocasiones (aunque la suya tiene el mango más similar a una cimitarra).

El ataque de los clones es la película más larga de Star Wars y se puede llegar a notar en ciertas subtramas como el romance de Anakin y Padme (ciertamente empalagoso en comparación con el más humano entre Leia y Han), pero se compensa al incluir diversas escenas de acción en varios momentos que hacen la película más espectacular y entretenida por su sentido del ritmo: la persecución en Coruscant, la lucha en camino, la huida en la fábrica de droides, la batalla en Kamino, el estallido de las Guerras Clon (mucho blockbuster actual debería aprender de ello). Por el camino, se quedaron un par de escenas interesantes donde se presentaba a la familia de Padme y que no se incluyeron finalmente (aunque sí en el DVD y similares); curiosamente, la familia de Padme sí aparece en el funeral de La Venganza de los Sith.
Por el camino, tenemos los guiños a la trilogía original (acompaña la música de John Williams, que se inspiró en el Hollywood clásico para su tema de amor Across the stars), incluyendo el origen de los soldados de asalto (basados en las armaduras mandalorianas de Fett) o que el propio Jango se dé un golpe al entrar en su nave, el Esclavo 1, justificando el “fallo” de Una nueva esperanza donde un extra que hacía de soldado de asalto se daba un golpe similar. Nimiedades más alguna que otra explicación que contentan a muchos de los fans (a veces, uno se pregunta si el problema de esta nueva trilogía es que no cumple con las tramas que cada seguidor de Star Wars se inventó mientras jugaba con sus muñequitos de la saga).
Y es que Fett es un personaje que está como inmenso guiño. La escena de los cazadores de recompensas marcó a una generación en El Imperio Contraataca, los fans que querían saber todo de esos cazadores y de ese Fett y parece que Jango está para enseñar para qué servían todos los cachivaches de Boba, saber cómo su hijo supo del ardid de Han Solo para escapar (es el mismo que usa Obi-Wan en el campo de estereoides) y ser el origen de Boba.
Jango Fett, ese cazador de recompensas que homenajea al western.
Tengo una teoría sobre la nueva trilogía de Star Wars y es que son mejores a medida que sale menos Jar-Jar Binks. La Amenaza Fantasma sería la más débil. El ataque de los clones no estaría mal y La Venganza de los Sith es la mejor. Al menos, la presencia de Jar-Jar es menor (por suerte) aunque cause un mayor daño: el gungan da el poder a Palpatine para convertirse en Emperador, crear el Imperio y destruir a los Jedi… aunque, a su vez, todo esto lleva a que Darth Vader acabe como acabe y se cumpla la profecía. En fin, si George Lucas no fue un visionario criticando aquí a los políticos, no sé lo que fue.
Por otro lado, los escenarios, el vestuario y los efectos visuales siguen siendo varios de los puntos fuertes del Episodio II. Desde el hermoso Naboo[4] con la plaza de España de Sevilla hasta el acuático y misterioso planeta Kamino donde aparecen los clonadores, sin olvidar el regreso a Tatooine[5] o la llegada al colosal Geonosis donde comienzan las guerras clon, pasando por conocer los tormentosos suburbios de Coruscant[6] o la monumental biblioteca futurista del Templo Jedi.
El Yoda creado completamente por ordenador hace su debut.
En mi crítica del Episodio I, comenté que se notaba por algunos instantes que el film era una especie de laboratorio de efectos especiales y eso lo tiene El Ataque de los Clones, aunque más disimuladamente, con el caso de Dexter Jettster, un antiguo explorador y mercenario que se queda en cameo de criatura extraña y prueba de CGI además de homenaje al típico soplón del cine negro. Se notan esos 120 millones de dólares invertidos en el proyecto (es la película más cara de la saga hasta la fecha) y se dio un paso de gigante creando a personajes digitales como un Yoda capaz de luchar incluso de empuñar la espada láser.
El ataque de los clones no es una película perfecta, pero sí es un film de aventuras aceptable que sirvió para seguir expandiendo el Universo Star Wars a la espera del Episodio III que tantos enigmas resolvió a la vez que la gran pregunta: ¿cómo Anakin Skywalker, el Elegido, se convirtió en Darth Vader?

"La Guerra Clon comenzado han"


[1] Aquí aparece el senador Organa que explica el apellido de Leia y su relación con la senadora, aunque el personaje queda en un segundo plano en demasiadas escenas.
[2] Dooku significa “veneno” en japonés.
[3] Más tarde, en la serie de Las Guerras Clon, se introduciría a la pérfida Sith Asajj Ventress.
[4] ¿Aunque no hubiera sido mejor incluir ya Alderaan y que fuera el lugar de retiro, en vez de El País de los Lagos?
[5] Y a la granja de Owen Lars, explicando la aparición de Tío Ben y Tía Beru, además de alegrar al fan al ver reconstruido el garaje donde soñaba Luke en 1977.
[6] Se ha hablado de una serie que transcurra en estos suburbios a modo de spin-off. No estaría nada mal si la llevasen bien.

2 comentarios:

  1. Creo que ya lo dije en un comentario en este blog, y esta es la que me menos me gusta de ambas trilogías, creo que porque no me suelen gustar las historias románticas.

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    Respuestas
    1. Bueno, era el capítulo de tránsito. Ahora vendrá el Episodio 3, mi favorita de las nuevas, y la trilogía clásica.
      Todo mejora. xD

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