martes, 30 de agosto de 2011

Microrrelato 87: Altos vuelos

29/08/2011
No es una buena forma de iniciar un microrrelato, pero esto fue lo que hizo él entonces: le señaló y lo dijo claro:

—¡Nadie puede volar!

—¿Qué no, imbécil? ¿Qué apuestas?

—Todo lo que tengo. Nadie puede volar sin que un avión o algo que le ayude…

—¿Cuánto apostamos?

—¡Todo!

—Vale…

Este último fue corriendo por la azotea, saltó el bordillo, sacudió los brazos y, cuando llegó al suelo, fue una papilla de carne y hueso con una sonrisa. “Claro que sabemos volar, lo que nos cuesta es aterrizar”, pensaba mientras le estallaba el fémur con el cráneo.

El ganador del reto se encogió de hombros. Se imaginaba cómo iba a terminar aquello. Era un chiste viejo y malo… Y él se lo sabía.

Claro que la Muerte se sabe todos los chistes malos, muchas veces es testigo de ellos.

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