lunes, 21 de marzo de 2011

Relato: Mi asquerosa sanguijuela


Esta mañana he vomitado sangre. Me espantó ver cómo la sangre teñía el agua, envenenándola. No era sangre limpia. Estaba llena de pequeños grumos y brotes de saliva. He babeado y me he quedado con ese horrible sabor de boca, mientras intentaba que mi cabello no cayese a las aguas infectas. Luego, me he levantado tambaleándome y he tirado de la cadena.
Estoy temblando. En la oscuridad, en la noche, tengo miedo. No sé cómo escapar. Allí está, vaya a donde vaya. No me dejará nunca en paz. Me estará matando siempre. No sé cómo he sido tan estúpida. No lo sé. Largas horas para sentir terror, porque nunca conseguiré escapar, presa de algo que nunca he deseado. Presa de por vida. Nadie se merece esta condena, nadie pudo hacer algo tan terrible como para merecerlo.
Chillo, pero nadie podrá oírme. Sigo dando alaridos hasta que noto que voy a escupir mi lengua y mis dientes… si continúo… Y continúo, pero no escupo ni mis dientes ni mi lengua. El sufrimiento ha de durar más aún. Me callo inmediatamente cuando siento de nuevo las arcadas que me han hecho arrojar ya una vez en esa noche.
Doy un par de pasos, pero la huida de todo hace que mis huesos crujan. He tenido pesadillas. En una, camino feliz, tranquila, soy la de siempre, me siento incluso hermosa de nuevo. De pronto, todo el mundo me admira… Hasta que de repente, mis huesos revientan convirtiéndose el polvo y mi piel sirve de saco para un montón de carne y piel pútrida. Escucho las risotadas de los que me observaban
Pero la realidad es peor.
Protagonizo mi propia historia de miedo y espero no salir de ella con vida, porque nada pinta bien. Nada será mejor de lo que fue. 
Me resigno. 
Moriré, ¿qué más da? 
Tuve una buena vida, ahora y nunca más volveré a ser feliz.
Escucho los ruidos. 
Mis lágrimas caen. 
Este sitio se me viene encima. El monstruo ha despertado y no sé qué hacer, más que llorar y sentirme sola. 
Quiero alejarme, pero soy demasiado lenta. 
Peso tanto que siento que en un momento…

Voy a reventar en mil pedazos. De esa manera, sé que seré mucho más guapa de lo que soy ahora. Llenaré la pared, el techo, el lavabo, la bañera y el retrete de mi sangre, como la vomité. No tendrá grumos de la cena, sino de mis entrañas, mis pequeños huesos, mis propios ojos, mis piernas… Toda yo, abierta en canal, a la mitad, habré reventado.
Esta bestia me bebe la sangre y ensucia mi alma.
Y ahí vienen las pataditas.
Mejor dicho, patadones.
Nunca lo entenderé.
Nunca.
¿Cómo pueden decir que es bueno estar embarazada?

4 comentarios:

  1. Hey!

    El relato me gustó mucho. La verdad es que nunca que nunca había visto el estar embarazada de esa manera. Tal y como lo dices parece que es algo terrible, que seguro que lo es.

    No imaginé lo que era hasta el final, pensaba que era una enfermedad o algo...

    Pues me gustó mucho.

    Hasta pronto.

    Elsbeth Silsby.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu opinión y por el comentario, taio. Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. Hola.

    Mi idea era hacer el terror con lo que menos te puedes esperar. Si miras suficientemente cualquier cosa, puedes reírte o asustarte de ella.

    Un saludo y gracias por el comnetario.

    ResponderEliminar

¡Muchas gracias por tu comentario!

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...