martes, 30 de noviembre de 2010

Relato: Prometo no matarte

“Prometo no matarte”
Prometo no matarte.
Sólo escúchame.
Quiero contarte algo.
He prometido que no volveré a matar.
He arrojado mi revólver y mis balas a un río del que jamás saldrán. He tragado aire y sabía que nunca más volvería a arrebatar un alma con su último suspiro moribundo.
He entregado todo el dinero que gane matando a las familias de la gente que maté. Ellas lo necesitan mucho más que yo, aunque ese dinero no les devuelva a su familia.
He ido a una Iglesia y he confesado todos mis pecados. He estado horas y horas y he sentido como el cura estaba a punto de arrojar las tripas ante mis horribles actos. Aún así, tras rezar, Dios me perdonará.
He sido un horrible asesino a sueldo y he cometido terribles asesinatos, matanzas que no te dejarían volver a dormir nunca. He matado a padres, madres, hijos, hermanos, abuelos… He matado a muchos seres y se los he arrebatado a mucha gente de esa manera. He sido una mala persona. He sido un monstruo. Pero he decidido cambiarlo, redimirme, aprovechar mi segunda oportunidad.
He decidido empezar a ser un hombre honrado, bueno y que jamás matará a nadie. Hasta me he vuelto vegetariano. Hay una tienda cercana que hace unas deliciosas ensaladas.
Lentamente, siento como la sangre empieza a abandonar mis manos.
Es un vicio y otras veces he intentado quitarme esta adicción, pero, claramente, he caído.
Esta vez no.
Voy a ser un hombre bueno.
Te he prometido que no voy a matarte.
¿Y si te digo que todo es mentira?
Deberías saberlo.
Esto es ficción.
Y esto que te apunta en la nunca un revólver magnum del 44.
Adiós.

Las leyes de la robótica de Isaac Asimov

1.Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.

2.Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.

3.Un robot debe proteger su propia existencia (por ser un sistema muy costoso), hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
ISAAC ASIMOV

Microrrelato 36: Cambiar tu mundo y el de todos

29-11-2010
Cerró los ojos con fuerza y su mundo cambió con una facilidad inusitada, lo que hizo que sonriese y quisiera hacer lo mismo con el mundo de todos y no ocurrió nada, lo que le hizo llorar sabiendo que lo que cambia del mundo de todos es lo que todos quieren que cambien. Siempre.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Relato: De aquí a Lima



Siempre tuve muchos sueños, pero la gente que me rodeaba nunca los entendía. Pronto, empecé a entender que los sueños son sólo tuyos y no puedes pedir que la gente crea ciegamente en ellos.
Me empecé a dar cuenta cuando sólo tenía seis años. Fue cuando le pregunté a mi madre…
—Mami, ¿por qué no llueve hacia arriba?
—Porque… Porque no. Lo sabe todo el mundo. Es así “de aquí a Lima”.
Así fue como descubrí que, por muy seguro que parezcan los padres, bajo ese poder, se esconde la duda y el temor a ser más tontos que sus hijos.

Recuerdo que una vez, cuando tenía diez años, mi padre me encontró maullándole a los gatos…
—¡Estaba intentando hablar con ellos! ¿Por qué ellos no pueden hablar conmigo? ¿Les caeré mal?
—¡No seas idiota! ¡Los gatos no hablan! Lo sabe todo el mundo. Es así “de aquí a Lima”.
Fue en ese instante cuando supe que los padres son las criaturas que han perdido completamente la fe en la fantasía y también supe que le caía mal a los gatos.
Nunca olvidaré que mis amigos nunca se tragaron que yo pensase que mis juguetes tenían alma y que yo no los quemaría como ellos…
—¡Son seres vivos! ¡Son amigos míos! ¡No puedo quemarlos!
—¡Son trozos de plástico, idiota! Elige entre tus amigos de verdad, nosotros, y… ¡esa basura! ¡Son machangos, idiota! Lo sabe todo el mundo. Es así “de aquí a Lima”.
Así aprendí como los adultos lo son: matan a su niñez con pequeños y crueles actos de madurez.

Siempre me vendrá a la cabeza cuando le dije a la primera chica con la que estuve… ya sabéis qué… lo siguiente:
—¿Cómo? Pero ni todos los globos del mundo podrían detener la semilla que trae la cigüeña de París. ¡Ningún globo!
—¿Cigüeñas? ¿Semillita? ¿París? ¿Globos? Oh, querido, ven aquí con mami. Lo sabe todo el mundo. Es ¡así! “de aquí a Lima”.
Aprendí que todo eso de la semillita, las cigüeñas y París se había pasado de moda. No me importo demasiado, sinceramente.


Y podría seguir durante cientos de páginas diciendo todas las veces con las que me he topado con esa frase “de aquí a Lima”. Siempre rompiendo mis sueños, mi ingenuidad, ¿mi inocencia? No estoy seguro, quizás he aprendido demasiado de este lado del mundo y es hora de dar un par de pasos más y decidir a vivir mi fantasía.
Afortunadamente, acabo de cruzar la línea fronteriza de un lugar con un gran cartel. Dice “Lima”.
De aquí en adelante, quizás me reencuentre con mis fantasías y mi inocencia.
Mira… Llueve hacia arriba, los gatos me dicen “¡Hola, maramamiau!”, mis juguetes se alegran de que no los quemase y las cigüeñas van cargados de críos hechos en París… Y mil cosas más… ¿Puedes verlo?
A partir de ahora, estaré con mis sueños, más allá de Lima.

Hitchcock y el suspense


“Imagínese a un hombre sentado en el sofá favorito de su casa. Debajo tiene una bomba a punto de estallar. Él lo ignora, pero el público lo sabe. Esto es el suspense”.

ALFRED HITCHCOCK

Microrrelato 35: Acribillado a quemarropa.

29-11-2010
Carlos Javier Eguren Hernández
Mientras el dolor se extendía en medio de la calle, los disparos seguían llegando sin piedad desde el cielo, antes de que yo cayese moribundo, maldiciéndome por aquella lluvia y por no llevar paraguas.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Relato: Paradojas temporales


Mi vida es asquerosa.
Me despierto cada mañana y me siento incapaz de levantarme de la cama. ¿Por qué iba a levantarme y hacer algo? El mundo sigue igual conmigo o sin mí.
Esto es una mierda.
Nada tiene sentido.
No quiero suicidarme porque sea la nueva moda adolescente. Quiero morir, porque vivir duele demasiado.
¿Por qué?
Cuando abro los ojos, lloro. No sé por qué. Puedes estar triste porque sí. Mis padres no me quieren. No tengo amigos. El chico al que quiero, no sabe ni que existo. No soy nada.
Mi vida es deprimente.
Vivo con demasiadas pastillas.
Soy un malgasto, todo lo es en mi vida.
La vida…
La vida no tiene ningún significado, es una pérdida de tiempo.
Mi madre me ha obligado a salir.
Hace tiempo que no voy a clase.
No existo para nadie.
No quiero salir.
No quiero entrar.
No quiero nada, excepto lo evidente.
Quiero morirme.
Me ahogo respirando aire fresco. Lloro por fuera de la puerta de mi casa. Mi madre con esto me quiere ayudar, pero sólo es cruel dejándome aquí fuera. ¿No ve que así sólo me destroza? Lloro como la desgraciada que soy… Me duele tanto…
—Hey, chica. Buenos días. ¿Qué tal? ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? Dios, ¿lo sabes a caso? ¿Entonces? ¿Por qué no haces salgo sensato y dejas de quejarte tanto? ¿Por qué no vives un poco la vida? No te pases demasiado tiempo pensando en la muerte, cuando mueras no podrás pensar en la vida y, preferiblemente, entre pensar en la vida o la muerte, creo que gana la vida.
>>Venga, chiquilla. Vive la vida. Te queda mucha gente con la que reír y llorar, sentir que tu corazón late al compás del de otra persona a la que amarás, leerás libros que te emocionen, escucharás música que te revivirá… Vive, chica, por favor.
Y miré a aquella anciana sin entender del todo lo que había hecho.
Antes de irse, la viejecita me dijo:
— ¿Por qué no pruebas lo que te dije? ¿Qué tienes que perder? Hazme caso, me siento como si hubiera sido tú.
¿Quién era esa anciana? ¿Cómo sabía tanto de mí?

*
Mi vida es feliz.
Me despierto cada mañana y me siento bien por levantarme de la cama. ¿Por qué quedarme y no hacer nada? El mundo significa algo por todos nosotros.
Esto es maravilloso.
No sé si tiene sentido, pero ¿qué más da?
No temo morir, porque he tenido una vida larga. No obstante, quiero seguir viviendo, tanto tiempo como el que pueda.
¿Por qué?
Cuando abro los ojos, sonrío. Creo que porque sí, puedes ser feliz porque sí. Mis padres me quisieron. Tengo amigos. Tuve a alguien que me quiso. Mis hijos me quieren. Algunos han muerto. Me esperan. No temo morir.
Mi vida ha sido alegre y feliz.
La muerte ya llegará. No me quita la vida y menos el sueño.
No lloraré por eso.
La muerte…
La vida no tiene ningún sentido sin la muerte.
En mi futuro, es extraño que gente con mi edad viaje.
El turismo del futuro no es a lugares, sino a épocas.
He decidido ayudar.
Hay gente que vigila.
Pero ¿pueden evitar algo que sé que es inevitable?
Si en el pasado, sé que lo hice, ¿cómo iba a hacerlo desde mi futuro?
Paradojas temporales.
Respiro aire fresco. Me encuentro con una niña que llora desconsolada. Me rompe el corazón verla, destrozada en estas calles del pasado, asfaltadas en lágrimas. Considero que debo decirle algo que siempre resuena en mi cabeza:
—Hey, chica. Buenos días. ¿Qué tal? ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? Dios, ¿lo sabes a caso? ¿Entonces? ¿Por qué no haces salgo sensato y dejas de quejarte tanto? ¿Por qué no vives un poco la vida? No te pases demasiado tiempo pensando en la muerte, cuando mueras no podrás pensar en la vida y, preferiblemente, entre pensar en la vida o la muerte, creo que gana la vida.
>>Venga, chiquilla. Vive la vida. Te queda mucha gente con la que reír y llorar, sentir que tu corazón late al compás del de otra persona a la que amarás, leerás libros que te emocionen, escucharás música que te revivirá… Vive, chica, por favor.
Y miré a aquella niña, que me miraba sin entender.
Antes de irme, me dije:
— ¿Por qué no pruebas lo que te dije? ¿Qué tienes que perder? Hazme caso, me siento como si hubiera sido tú.
Esa niña era yo.

Microrrelato 34: ¿Qué piensas que es?

27-11-2010
Carlos Javier Eguren Hernández

Siempre, absolutamente siempre, detrás de mí, contoneándose, hermosa, oscura, sensual, escurridiza, incapaz de abandonarme, tan borrosa y otras veces tan nítida… Ella: mi sombra.

Woody Allen y la política


"El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabó la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago”.
WOODY ALLEN.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Planetary (Go!) de My Chemical Romance.


Me temo que tarde o temprano tenía que poner este tema.

Hay días en los que necesitas ánimos, no estás del todo bien. A todos nos pasa. ¿Qué se le va a hacer? Por mi parte, poner música y, no de esa que te den ganas de arrancarte las venas a mordiscos, sino de las que te dé fuerzas. Ése es el caso de Planetary (Go!) de My Chemical Romance.

Relato: Odioso. Penoso. Odioso


La vida es horriblemente simétrica.
Esto que voy a decir es muy relevante así que no os lo saltéis ¿vale? Bien, incluso queda esta primera frase como una primera frase ingeniosa y molona, seguro que ahora todos queréis conocerme por la chispa que tengo. Esto último, también es relevante. Continuemos.
Cada mañana, voy en un autobús o una guagua (como prefieras llamarlo). Tarda media hora en llegar a la parada (el autobús o la guagua, como prefieras llamarlo). Es mucho tiempo, en media hora me daría tiempo de construir mi propio cohete e ir a Marte y de paso a dar una vuelta por Plutón (sin exagerar. Si no lo hago es porque, simplemente, no me motiva).
No tengo paciencia. Debo estar siempre haciendo algo (si me interesa ese algo mejor que mejor). Por eso, suelo leer, pero la fauna y flora del autobús o guagua (como prefieras llamarlo), suele interferir en mis planes de leer libros. Desde luego, no les importa si me mareo por leer en el autobús o guagua (como prefieras… bueno, eso, ya sabes), sino sí harán el suficiente ruido para que no pueda concentrarme o sí conseguirán sacarme de mis casillas, mirándome mal por hacer algo tan horrendo y mal visto como es leer (sí, soy un degenerado ¿pasa algo?).
Bien, como creo que iba diciendo, estaba leyendo y me topé con una madre y su renacuajo. Acababan de entrar. Vaya por Dios… A ver quién los aguanta. Preferiría que viniese ahora un mar de… de cosas muy feas y me pateasen mi bonito culo. Preferiría escuchar ahora esa música tan horrible que tú y yo sabemos (sí, esa tan horrenda), una y otra vez, hasta convertirme en un devorador de mundos o alguna cosa así. Esperaba que no se sentarán delante de mí, pero mis dotes funcionaron como siempre: se sentaron en el asiento que había ante mí. Es decir, mis habilidades “adivinativas” funcionaban como siempre: MAL.

Ese niño…
Era un niño odioso, pensé de manera preconcebida.
Era un niño odioso, confirmé segundos después.
Intenté seguir leyendo, pero rápidamente, las elocuentes y fascinantes (para nada repetitivas palabras del criajo) me sacaron del mundo de las letras para tocarme la moral (por no decir esa otra cosa tan maleducada):
—Dímelo. Dímelo. Dímelo– creo que era la única palabra que sabía decir. Fascinante–. Dímelo. Dímelo– ¿qué quería? Todavía no he pillado que quiere esa cosa–. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo– un discurso muy, muy complejo (sin duda)–. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo– tomó aire para seguir, yo también–. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo– sí, desde luego no tenía asma. A mí ya me estaba dando una fatiga–. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo– y finalizó con un emocionado, elocuente, poderoso y que pasaría a los anales de la Historia–: ¡Dímelo!– por cierto, también dijo–. Mami, dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo. Dímelo.
Ni Shakespeare hubiese escrito un discurso tan emotivo.
Los niños…
Los niños son, francamente, insoportables.
Yo, como nací con diecinueve emocionantes años marcados por mi sexualidad salvaje y el vodka (sí, he practicado tanto mi descripción para que parezca que es cierta), pues no fui un niño.
Por cierto, la madre (que sí, estaba viva) al final contestó:
—No.
La conversación debería haberse zanjado. Yo debería haber podido seguir leyendo el libro hasta que llegase a la parada antes de coger el tranvía que me llevaría a la universidad. Eso hubiera sido el paraíso… Eso y un lamborghini (o como se escriba), pero no se puede tener todo… Sin embargo, el niño (como no podía estarse callado y yo debía caerle muy mal) habló:
—Dímelo, mami, dime cuándo vendrá papá. Mami, dímelo, dímelo, dime cuándo vendrá papá…
Dios…
Soy una persona horrible.
Estaba harto de un niño cuyo padre se ha marchado. Eso debe ir contra los Diez Mandamientos, por lo menos. Eso debe ser el superpecado mortal mortífero de la muerte.
Dramón familiar.
Liada…

Joder, seguro que ese crío vivirá sin su padre. Dramón. Sin un referente paternal, deberá fabricarse uno hecho con latas de refresco y que se oxidará, y cuando se oxide se quedará solo y su mami siempre se lamentará por su papi.
Oh, Dios… Me odio, ¿por qué me he reído de este niño desdichado?
Ese niño…
Era un niño penoso, pensé de manera preconcebida.
Era un niño penoso, confirmé segundos después.
Guardé silencio y, de paso, ya que estamos, el libro que “me estaba leyendo”. Entonces, el niño vuelve a hablar y me quedo callado, marcado por el dolor.
Entonces, escucho la siguiente parte del drama:
—Dime, mami, dime, por favor, dime cuándo viene Papá Noel.
Ese niño…
Desde luego, un niño muy odioso.
Era un niño odioso, pensé de manera preconcebida.
Era un niño odioso, confirmé segundos después.

Todo cambia, según el punto de perspectiva, el tiempo que pase o tu capacidad de medida o… Vaya, tú ya lo sabes ¿no?
Odioso.
Penoso.
Odioso.
La vida es horriblemente simétrica.

Microrrelato 33: Miedos y espejos.

16-11-2010
Carlos Javier Eguren Hernández

Y tuvo muchísimo miedo cuando se miró al espejo y se vio cómo era realmente, su horrible alma era sólo una sombra de su fría hermosura.

La felicidad y lo que somos, por Víctor Hugo


"La felicidad suprema en la vida es tener la convicción de que nos aman por lo que somos o, mejor dicho, a pesar de lo que somos”.
VÍCTOR HUGO


viernes, 26 de noviembre de 2010

Microrrelato 32: Perdido en la nada

16-11-2010

Y buscando las palabras sólo supo que había perdido, antes que nada, su única guía y brújula: la inspiración.

¿Paranoico o feliz?


"Soy un paranoico al revés. Siempre sospecho que la gente está planeando algo para hacerme feliz"

J.D. SALINGER.      

Friends de Band of Skulls


No conozco a penas al grupo Band of Skulls, pero es de esas bandas (nunca mejor dicho) que no te importaría saber un poco más de ellas.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos...


“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, era la edad de la sabiduría, era la edad de la estupidez, era época de fe, era época de incredulidad, era estación de Luz, era estación de Oscuridad, era primavera de esperanza, era invierno de desesperanza, teníamos todo ante nosotros, nada teníamos frente a nosotros, todos iríamos al Cielo, todos iríamos directo por el camino inverso –en suma, el período era tan parecido al presente, que algunos de sus más ruidosas autoridades insistían en declararlo sólo en términos superlativos”.
CHARLES DICKENS 
(Historia de dos ciudades).

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Microrrelato 31: Las últimas horas.


16-11-2010

En sus últimas horas, el señor A. decidió hacer lo que nunca había hecho: vivir y, al menos, así supo qué perdía con la muerte.

Sobre el periodismo y arreglar el mundo, por Ben Bradlee


"Nos hacemos periodistas por el deseo de arreglar las cosas torcidas".
BEN BRADLEE
[Entrevista de
Juan Cruz]

martes, 23 de noviembre de 2010

Relato: Sólo es una broma

Caí al suelo como un peso muerto. A ver, siendo sincera, si lo pienso, es lo que era. La sangre brotaba por una brecha en mi frente, cegándome. Mi cuerpo desfallecía. No podía aguantar mucho más. Estuve durante unos instantes bien despierta y antes de que volviesen a atacarme, ya había cerrado los ojos y había empezado a pensar en cómo había llegado a esto. Supongo que es cierto eso de que ves una película antes de ir a morir. Supongo que es esto… Vaya asco de película.
*
Era… Algo raro. Tenía dos hermanas mayores y una pequeña, ¿era yo la mediana? Exactamente, no. ¿Qué era? Algo raro. Mis padres no podían tratarme con el cariño de la pequeña, con la dureza de la mayor ni con la indiferencia de la mediana. Por  tanto, tuve que ganarme rápidamente un estilo propio: la que estaba fastidiando todo el día.
Me encantan las bromas, aunque mis padres no las compartiesen. Pase de hacer cancioncillas con palabrotas que aprendí de mi abuelo paterno a tirarle del pelo a mi hermana mayor y a la otra a tirarme a su espalda y obligar que fuese mi caballo. A la pequeña se la dejé a un vecino por fuera de mi casa a mi vecino, como regalo. Por esas cosas, me gané muchas broncas.
Era algo raro, pero algo raro muy cercano a la hija problemática. Molaba. Era divertido. Era la chica de las bromas, era diferente. Era algo raro.
*

Estudiaba Filosofía. ¿Por ser una chica rara? ¿Por gustarme las bromas? ¿Por cabrear a mis padres? Digamos que era una suma de todas esas cosas y porque, sinceramente, me encantaba pararme a pensar y se me ocurrían cosas rarísimas. En serio. Siempre me he imaginado viajando al espacio y riéndome de las alienígenas. Ah, y nunca he necesitado drogas para pensar en ese tipo de cosas ¿sabéis? Soy una chica sana, aunque me encanta comer gominolas. ¡Podría cenar gominolas! ¡Son deliciosas!... Eh, esto no viene a cuento de la historia. Perdonad por irme por las ramas. Dios, me siento como Holden Caulfield.
Todas las carreras universitarias tienen asignaturas aburridísimas. Te quedas sentada en un asiento. Colocas una mano como apoyo de tu cabecita y empiezas a escuchar al profesor diciendo:
—Blablablablabla…
Y todo ese tipo de cosas aburridas.
Suelo tirar de un lado para otro las llaves del coche y de mi piso, por la mesa, para pasar el rato.
No me di cuenta de que perdí las del coche y luego las recuperé hasta ahora, que estoy a punto de morirme o no sé, ya estaré muerto o… Ni idea.
No diré que asignatura era, porque aunque esté a punto de morirme o ya haya muerto, tampoco quiero que el idiota del profesor se dé cuenta de que lo estoy criticando por aquí. Más que nada, porque no merece mi atención. He dicho.
Me aburría mucho en clase, había otras asignaturas divertidas, pero aquella en particular me mataba. Suelo hablar muy bajito con la gente que se me sienta al lado. Si no les conozco, también  les habló. Suelo ganarme a la gente haciendo el indio, diciendo alguna tontería. De pronto, ellos ya son mis amigos. Soy una chica muy amigable.

*
Era martes. Noviembre. Sí, el día estaba muy gris, muy oscuro. Me gustan los días así, aunque tampoco demasiado, ya que tengo que conducir para volver a casa. Conducir lloviendo me cuesta, porque mi coche se hace añicos.
Mis padres y mis hermanas se vengaron de mí regalándome un coche de segunda mano. Ese tipo de coches tampoco suelen ser un asco, pero el mío sí. Porque a la segunda mano habría que sumarle unas cuatro u ocho o mil millones más. Por ahí. Lo digo con exactitud.
Todo comenzó cuando arranque el coche, antes de que empezase a llover. Tuve que arrancarlo cinco veces y soltó ese eructó antes de empezar a moverse. Iba a una velocidad desenfrenada (evidentemente). Alcanzó los dos kilómetros por hora. Por lo menos. Luego conseguí que acelerase y, después, cuando intentó salir otro coche,  e intenté frenar pues… No puede y chocó contra una pared.
No alcanzó suficientemente velocidad el coche.
Sí para firmar el acta funeraria de esa cosa que yo llamaba coche.
Salí intacta, mucha gente se fijó en mí, dije:
—No es para tanto, me pasa todos los días.
Se rieron o se quedaron con una cara puramente esperpéntica y… Sea como sea, seguí mi vida pensando en lo mucho que cabrearía aquello a mis padres. Fue muy gracioso. Bastante. Me largue a tirarme en los jardines un rato, aún riéndome.
Ahora que sé que le habían cortado los frenos, pues casi que no es tan gracioso ¿no?

*
Era finales de noviembre cuando me ocurrió la segunda cosa que no me imaginaba que venía a cuento con lo anterior y al final, por fastidiar, sí venía.
Vivo en un piso. Conseguí independizarme con el dinero que gane trabajando en un barucho del tres al cuarto. Mis padres no se lo tomaron muy bien, pero siempre me ha gustado fastidiar a la gente. De todas formas, no es un piso totalmente mío. Lo comparto con una chica que estudia Filología inglesa. A penas suelo verla, está todo el día yéndose a Londres a aprender hablar. No se ríe conmigo. Tiene un humor muy británico… Ah, sí, y el aliento por las mañanas le huele a pis de gato. Británico, pero pis de gato.
A veces, tengo que entrar por la ventana. Es un primer piso, no me da problemas. Suelo hacerlo porque pierdo las llaves con facilidad, suelo dejármelas en clase, pero cuando entré me di cuenta de que se me habían perdido. Suele ocurrirme, como entrar por la ventana. En ocasiones, finjo entrar borracha por ella, cosa que hizo que la cotilla vecina de en frente llamase a la policía y la señora filóloga tuviese que ayudarme. Sí, finjo estar borracha porque realmente no lo estoy, no bebo, pero me gusta hacer que estoy borracha. Cosas mías.
Bueno, me gusta cantar en la ducha. Soy una de esas criaturas que canta como a un pulpo se le da patinar. Sí, sé que es un asco de metáfora. Quiero decir, si eso de que si cantas mal haces que llueva, pues yo haría que cayese el Diluvio Universal tres veces. Una y otra y otra vez.
Me gustaba ponerme a cantar para fastidiar a mis hermanas, a mis padres, al vecino… a todo el mundo. Soy la cantante más horrorosa del mundo, pero me da igual. Me encanta cantar como una loca en la ducha.
La pibita que estudia Filología Inglesa ha aprendido a ponerse tapones en los oídos o donde sea, incluso cuando no estoy en la ducha. Supongo que no me soporta. Será que estoy más buena que su belleza caballuna.
Me gustaba cantar con tanta fuerza que el día en que se me cayó el secador en la bañera, no escuchó el ruido. Sólo me horroricé como cuando era muy, muy, muy pequeña y no había aprendido a cómo soltar chistes ni cosas de esas, como mucho sabía decir:
— ¡Tontolelculó!
Pensé que yo era eso cuando me asusté y estuve a punto de resbalar, pero después de unos segundos no sentí nada. Me hubiera chamuscado en mil pedazos y seguro que eso dolía, pero es que no me dolía, nada. ¿La muerte no conlleva dolor? ¿Qué estaba pasando?
Tarde un minuto en darme cuenta que el cable del secador se había soltado al caer y que por eso no me había chamuscado. No estaba conectado a la luz. Le había jodido el secador a la chavala que le apestaba el aliento a pis de gato, pero seguía viva. ¡Genial!
Y ahora, por favor, pasemos a otra cosa. ¿Te parece bonito que yo esté en la ducha a punto de arder electrocutada mientras tú miras? ¿Y mientras yo estoy en bolas? ¡Debería darte vergüenza!

*
La última cosa que me ocurrió y que pensé que no había venido a cuento fue cuando resbalé por las escaleras de la Facultad, cuando me marchaba sola. No había nadie más. Casi me reviento la cabeza contra los escalones, pero puse el tobillo y se hizo añicos, pero seguía con vida.
Caí al suelo como un peso muerto. A ver, siendo sincera, si lo pienso, es lo que era. La sangre brotaba por una brecha en mi frente, cegándome. Mi cuerpo desfallecía. No podía aguantar mucho más. Estuve durante unos instantes bien despierta y antes de que volviesen a atacarme, ya había cerrado los ojos y había empezado a pensar en cómo había llegado a esto. Supongo que es cierto eso de que ves una película antes de ir a morir. Supongo que es esto… Vaya asco de película.
Como veis estoy al principio del relato, ¿a qué molan estas movidas?
Luego…
Bah, estoy muerta.
Va a cabrear mucho a mis padres y mis hermanitas.
Mola.

*
—Thank you… Perdón, amiga, suelo hablar en English de manera instantánea, soy filóloga inglesa y… Thanks por traerme del entierro.
—De nada. Era lo menos que podía hacer por la amiga de una amiga.
—Ella era una chica very special, un poco insoportable con sus jokes y con eso de ponerse a cantar en el baño. A veces, no me porte bien con ella, I know, but… No se merecía lo que le pasó. Era una buena girl. Me caía bien. God, is very sad!…
—Más triste que un pulpo intentando a aprender claqué… Lo siento, hago chistes malos cuando estoy nerviosa.
—Me recuerdas un poco a ella. Creo que todos los estudiantes de Filosofía os parecéis un poco. ¿Quieres tomar algo?
—No, disculpas. Vivo en un apartamento destartalado, en las afueras. Si llegó tarde y no había nadie, seguramente entren y lo destrocen.
—Oh, eso is terrible! Sorry… Ahora sobra una habitación, ¿quieres venirte a vivir aquí? Creo que a ello le hubiese gustado.
—Oh… No sé si puedo aceptar algo así, es demasiado…
—No te preocupes. Recuerdo que lo último que me dijo ella es “Haz cosas buenas a la gente. Es algo poco frecuente hoy en día. Tanto que parece una broma”. Todavía recuerdo lo que ella me said.
—Yo también. No me conocía demasiado, pero soltaba chistes y de repente ya eras amiga suya. Recuerdo que jugaba con unas llaves y...
—¿Y? ¿Y qué dijo?
—No, realmente no lo recuerdo.
—Bueno, voy un momento a cambiarme. I feel que este día me ha destrozado. Estoy dead.
—¿Muerta?
*

Alguien me robó las llaves de mi coche de mil manos. Le cortó los frenos. Me devolvió las llaves antes de que me diesen cuenta de que me habían desaparecido.
Alguien me robó las llaves de mi piso y entró en él, espero a que regresase, fuese a la ducha y lo diese todo cantando para tirarme el secador en la ducha.
Alguien me empujó por las escaleras de la Facultad cuando pensaba que estaba sola, me rompí un tobillo y me abrió la cabeza a golpes que simuló con los de una caída.
Ese alguien era la chica que estaba a mi lado en aquella clase aburridísima. Recuerdo que era muy rara y que, para ganármela, le dije:
—Esta clase es un aburrimiento. ¡Mátame, por favor!
En su boca no es gracioso. Por eso dice que no lo recuerda.
No tiene mi gracia ni mi cuerpazo ni todo lo que yo era.

Está loca. Cree que todas las personas que dicen que están muertas o quieren morirse es de manera literal. La muy bruja. Se cree que hace bien matándolas, liberándolas del dolor. Se cree un ángel de la muerte. La muy zorra. No sé si sus padres la zurraban de pequeña, los niños se reían de ella o su abuela le escupió la primera vez que menstruó diciéndolo que era un monstruo por eso. Quizás sólo está loca y punto. La gente está tonta al buscarle tanto sentido a los asesinos. Están locos y punto, ésa es la verdadera broma.
De todas maneras, la british con aliento a pis de gato la ha adoptado y seguramente la mate.
Sí, es una broma bastante graciosa.
Mi última broma.
Venga, ríete.
Sólo es una broma.

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