domingo, 31 de octubre de 2010

Thriller de Michael Jackson

Hoy es Halloween y escucharéis esta canción más de una vez. Si puedo contribuir a ello, eso haré.
En 1982, Michael Jackson grababa la canción Thriller , que vería la luz en su disco, con el mismo nombre producido por Quincy Jones, en 1984. Fue compuesta por Rod Temperton.
El vídeo musical es tan emblemático que contribuyó a que este fuese el disco más vendido de la Historia. Aunque no fue el primer single, su aparición hizo que el disco reflotase tras varias semanas en las que había comenzado a perder fuelle tras el éxito Beat it y Billie Jean.

Relato: Noche de Halloween en Nueva Orleans

Noche de Halloween
en Nueva Orleans

"Mares y cielos de mi sangre tuya navegamos los dos. No me despiertes. No te despiertes, no, sueña la vida".
Manuel Altolaguirre
 
Es domingo por la noche, 31 de octubre de 2010. Día de Halloween en Nueva Orleans, la maldita fiesta nacional de un lugar que parece hundido en fantasmas, vampiros, hombres lobo, zombis y demás chorradas. Una estupidez, pero harán una fiesta y seguro que hay tipas con vestidos cortos de bruja y cosas así, no será difícil ligarse a una que este lo suficientemente trompa. Será una buena noche.
*
Es el Día de Halloween, 31 de octubre del 2010 d.C. Es Nueva Orleans, la capital pecaminosa de los extraordinarios monstruos que te asustan en tus pesadillas. El mejor lugar para pasar esta noche. Noche en que los muertos regresan. Un día sagrado que los humanos han ido, lentamente, desangrando para perderle el miedo, sin darse cuenta de que es inútil ante seres como yo. Será una buena noche.
*
No tengo coche. El último duró bastante poco, si soy sincero. Conducir borracho es algo malo, os lo aseguro. Hacedme caso: tenéis que aguantar un rapapolvo, un curso de rehabilitación y blablablá… En fin, por algo existen los autobuses y la parada no está muy lejos de casa.
*
Avanzo con rapidez. El último duró bastante poco, si soy sincera. Es mi naturaleza y he dejado de luchar contra ella. Hacedme caso: si tenéis que hacer algo malo, que sea contra alguien que haya hecho cosas peores… Me dirijo hacia mi destino, bajo la fría noche.
*
En diez minutos estará ese autobús. La parada está solitaria. Afortunadamente, no me tocará aguantar a ningún borracho ni ninguna loco. Nada de eso… No hay nadie…
Espera… Tras los matorrales…
Esa sombra.
*
Desde la oscuridad, como una sombra más. Sólo hay uno. No me gusta los enfrentamientos, prefiero que vengan ellos. Puedo hacerlo… Siempre puedo con ello.
Avanza… Tras los matorrales…
Ese idiota.
*
Es una chica. Es guapa. Cuerpo delgado, algo bajita eso sí. Tiene un suéter de cuello alto gris y unos vaqueros rotos. ¿Va descalza? Debe ser algún disfraz de Halloween que no termino de entender.
Me gusta su cara, me recuerda a una muñeca de esas de porcelana. Joder, eso ha sonado algo gay. Mi abuela tenía de esas. Me daban algo de miedo, pero me gustaba jugar con ellas hasta que mi padre me lo prohibió. En fin, me gustaba esa luz inmortal y esos ojos paralizados, de un color claro, que te llegaba al alma.
Ella es así. Con el caballo rubio de mechones grisáceos oscuros cayendo sobre su rostro y haciendo que te quedes sin aliento.
Es una chica. Es guapa.
*
Es un chico. Disfrazado de vampiro. Capa negra, muy falsa. Tiene una parte alzada, como las capas de los personajes de las películas antiguas. ¿A eso lo llama levita? Debe ser de segunda, tercera o cuarta mano.
Tiene la cara de los viciosos, Dios no ha creado otra desde el principio de los tiempos. Se puede ver con claridad. La llevo viendo desde hace tiempo. Me da asco, aunque me han hablado de su virtud para caer más y más abajo, siempre me han dado asco. Los seres humanos siempre pueden caer, siempre. Es extrañamente fascinante.
Él es así. Otro de los tumores de esta sociedad muerta de cáncer, un monstruo que no termina de morir. Un muerto viviente.
Es un chico. Disfrazado de vampiro.
*
Tomo aire y sonrío levemente. La verdad es que no hace ni un minuto desde que la he visto y ahora sólo puedo pensar en ella. Sus fríos ojos están clavados en mi mente. Qué guapa es… Creo que nunca había visto a una chica así.
Aunque suele pasarme. A veces, estoy por ahí y de repente me encuentro a una tipa y digo: “Joder, me encantaría conocerla” o “Tiene que ser idiota, pero yo me la tiraba. Tampoco la necesito para hablar”.
Ésta es diferente. Tiene algo curioso. No sé como describirlo.
Bueno… Creo que sí… Creo que podría tirármela y al día siguiente darle los buenos días sin que me dé asco.
Sí, podría.
—Buenas noches… ¿Hace mucho que esperas?– rompo el hielo.
—Hola. Bastante. Tengo frío, mucho frío– y sonríe, volviéndome loco.
*
Esbozo una sonrisa y notó que tiembla. No lo conozco de mucho, sólo un minuto y diez segundos, pero ahora sólo puedo pensar en él. Su mirada viciosa, su boca medio abierta, babosa. Qué asqueroso es… Muy asqueroso.
Me ocurre con frecuencia. A veces, me detengo mientras vago por el mundo y me doy cuenta de que siempre puede haber un ser más asqueroso. Pienso: “Ésta es la culmen de su repugnancia… hasta el próximo”.
Él no es diferente. Sólo peor. Lo describo como una bestia que sonríe.
Sí… Desde luego debo hacerlo… Será limpiar un poco un mundo demasiado sucio. Demasiado. Por eso existimos los que somos como yo.
Sí, lo haré.
—Buenas noches… ¿Hace mucho que esperas?
—Hola. Bastante. Tengo frío, mucho frío– y sonrió, fingiendo que tiemblo.
*
Decido tirarme a la piscina aunque este vacía. De los cobardes no se ha escrito nada, ¿no? Si esta temblando, yo le puedo dar mucho calor. Al menos, durante cinco minutos… o más, qué le den al puto autobús y a la puñetera fiesta.
Me acerco a ella. Me siento como si fuera a estallar por dentro. Es esa sensación nerviosa. Tiemblo levemente. Respiro profundamente. No puedo borrar la sonrisa de mi rostro. Ella sólo sonríe, como una muñequita. Es tan perfecta…
Podría cruzarme la cara por lo que voy a hacerle, pero aún así lo hago. Abro los brazos y la estrechó entre ellos. La fundo en un abrazo. Deja de temblar. ¿Estaría actuando para tenerme? ¿Necesitaba actuar para tenerme?
— ¿Menos frío?– preguntó. Yo sí que estoy caliente.
—Sí– dice como una niña.
*
A medianoche, él decide acercarse a mí. Las lápidas de los cementerios están llenas de nombres de valientes… y también de monstruos. Abandona su mundo para estar conmigo. No sólo abandonará eso.
Se acerca a mí. La elegancia de los vampiros como Bela Lugosi o Christopher Lee se ha quedado en una parodia en él. Es una sensación de asco. Sigo temblando. Respiro. Soy una criatura adorable para él, su presa. Es tan repugnante…
Podría destrozarle el cuello por lo que va a hacer. Rompérselo con un simple gesto. Mis manos se abren, mientras me abraza. No me conoce. Lo hace. ¿Era consciente de que me abrazaba? ¿Era consciente de lo que estaba haciendo?
— ¿Menos frío?– pregunta. Yo soy fría.
—Sí– digo, a punto de terminar.
*
Ella posa sus manos en mi cuello. ¿Me va a besar? ¿Va a ser así de fácil? Esta muñeca es un poco guarra si lo hace… Y yo soy un puto crack si hago que caiga tan rápido. Algo de sexo nunca viene nada mal.
*
Mis manos acarician su cuello. Cree que le voy a besar. No le daré ese gesto de misericordia. Tendrá familia, amigos… Yo también los tuve y era buena, no recibí nada a cambio además de esto. Es mi obligación hacerlo.
*
Siento escalofríos. Notó un movimiento veloz. Me va a besar. Ya sueño con ella desnudándose lentamente. Conmigo avanzando feroz… Dios… Ya noto el calor y… Me estoy asfixiando… ¿Qué estoy viendo?... Mi vista… se nubla.
*
Siento un escalofrío. El escalofrío veloz de la muerte. Mis labios se acercaron a él para que sean su sueño en el infierno. Es un movimiento feroz… Que el Demonio lo reciba… Le queda un minuto… Beso su cuello… Salvaje.
*
Besa mi cuello… Pero no lo siento… No sé qué me pasa… Siento que peso como tres mil kilos más… Súbitamente… Me voy hacia el suelo, ella cae sobre mí… y no sé qué está pasando… Después, veo un montón de sangre, un trozo de piel que cae y… Oh, mierda… Me ha mordido.
*
El mordisco es fuerte… Siento la sangre… Es cálida… Es horrible, pero es sangre… Como el vino, la sangre depende de donde se guarde, del cuerpo, del barril… Aún así, es algo… Caigo sobre él y siento como sus huesos se quiebran, es su final… Bebo su sangre… Es afortunado.
*
Me muero y muero como un pardillo, sin enterarme de una puta mierda. Sólo sé que me muero. Vaya mierda, pensaba que…
*
Bebo y bebo como el monstruo que soy, en medio de la confusión y un placer salvaje. Sólo sé que bebo… Antes de marcharme. Es mi vida.
***
—Como informábamos al principio del informativo, un chico de veinte años, identificado como A. K., ha aparecido asesinado en una parada de autobuses durante la madrugada de Halloween.
La policía baraja que podría formar parte de una tribu urbana: los chupasangres. Este grupo se creen vampiros hasta el extremo de beber sangre. Esto se debe a que el chico fue encontrado disfrazado de vampiro.
El brutal asesinato ha afectado a todo el barrio de Nueva Orleans, donde su oscura mitología les hace pensar que podrían ser chupasangres de verdad. ¿Es el comienzo de una ola de asesinatos?
Seguiremos informando.

sábado, 30 de octubre de 2010

La noche en que fuimos invadidos por marcianos

LA NOCHE EN LA QUE FUIMOS INVADIDOS POR MARCIANOS
¡¡¡PÁNICO!!!
¡¡¡HORROR!!!
¡¡¡MIEDO!!!
¡¡¡MUERTE!!!
¡¡¡TERROR!!!
¡¡¡DESTRUCCIÓN!!!




¡¡¡…VENIDOS DEL ESPACIO!!!



Fuimos invadidos por los marcianos el 30 de octubre de 1938. Supongo que lo sabréis, aunque quizás no os hayáis dado cuenta… No al menos del todo. Hoy se cumplen setenta y dos años desde que los marcianos nos invadiesen. No es una mala fecha para que lo recordemos.

Halloween de Misfits


Si no conocéis a The Misfits, en serio, no sabéis lo que os estáis perdiendo.
Este grupo de música capaz de mezclar géneros como el rock, el heavy metal y el punk, se convirtieron desde su nacimiento en 1977, en uno de esos grandes e inolvidables grupos que no puedes dejar de escuchar.

Relato: Lo que está por llegar

El pestazo era insufrible, cualquiera que lo hubiese olido, el vómito hubiese brotado inesperadamente. La atmósfera interior era de un calor terrible, ilimitado, pero ¿quién podía sufrirlo? 

No puedes saber lo que le pasó. Hace mucho que no puede saberse. Se había hinchado, para deshacerse. Los gases de un ser pútrido, emanados por éste, creaban una atmósfera repulsiva. Él o ella, quien fuese, se había quedado midiendo en algo más de 1,90 y se había fragmentado en pedazos cuyo peso mayor era un kilo y el menor, dos gramos. El pelo de todo su cuerpo era reducido, a la vez que el de su cabeza estaba cubriendo el suelo y la tierra. Su rostro se convirtió en una mueca aplastada y huesuda, cuya piel se había ido despellejando tras volverse verdosa, secando y cayendo; dejando un ojo hundido en las profundidades y otro desaparecido, por debajo de cejas y pestañas ausentes. Mientras, su nariz cayó a un lado y su boca torcida se había consumido hacia su interior, con los dientes caídos y tragados, y la lengua reducida a pedazos. La saliva se había convertido en sangre y pus reseca. Su cuello estaba consumido, al igual que el resto de su cuerpo del cual sus huesos empezaron la fuga, rompiendo la piel pútrida. Sus piernas eran una ilusión y su brazo derecho era ahora tres pedazos de grasa negruzca. La barriga era un montón de pellejo. Toda la piel se volvió azul, luego blanquecina y después empezó el amarillo y el rojizo, amarronado, de la muerte.

Finalmente, con un crujido, cada vez más y más fuerte, estalló en docenas de gusanos, cucarachas y otros insectos ávidos de seguir comiendo el resto del cuerpo asqueado. El horror de la muerte sepultado por un simulacro de vida.

Era un cadáver en putrefacción, pero realmente… ¿Quién era?

Tú… cuando hayas muerto.

viernes, 29 de octubre de 2010

Relato: Una buena persona

Era primera hora de la mañana, la misma que adornaría los medios de comunicación, ansiosos de rellenar un par de columnas, unos minutos de voz, otros de sonido… Era una mañana inolvidable.
Después de cambiarse de ropa, darse una agradable ducha y ponerse un vestido que realzaba su figura perfecta, se marchó. Se dirigió fuera. Era hora de irse.
La vieja vecina, detrás de la cortina de su sucia ventana, miró a la joven. La muchacha era alta y delgada como una modelo, caminaba con el estilo de una estrella de cine. Lucía una sonrisa demasiado inocente como para llevar un florido vestido tan corto. Las sandalias hacían un leve ruido, mientras se alejaba del viejo edificio. Su cara redondeada parecía brillar con sus ojos castaños. Sus pecas se disimulaban con su melena rojiza, movida con la fuerza del viento de la mañana. Para la vecina, era pecaminosamente hermosa.
La joven se giró. Vio a la vecina. El corazón de la anciana latió con demasiada fuerza. Los ojos la paralizaron, la de la que no hacía mucho que había dejado de ser una niña. Entonces, la muchacha, sin dejar de sonreír, la saludó amablemente:
— ¡Buenos días!
La señora hizo un amago de saludo, aún asustada. Luego pensó que la joven le recordaba a ella. Ojalá dejase de tenerle tanta envidia a esa muchachita, que le recordaba a ella de joven. La había querido odiar porque era todo lo que ella ya no era: joven e inocente. La anciana respiró profundamente… En fin.
Más tarde, cuando la anciana descubrió una bolsa de basura dejada fuera de un portal de uno de aquellos vecinos extraños que nunca salía, la policía llegó. Alguien se entregó en comisaría. Dentro de la bolsa encontraron lo prometido por la persona que se dejó detener: el cadáver de un anciano.
Las autoridades no tardaron en descubrir que aquel hombre mayor y solitario, antaño no lo fue. Le gustaba estar con gente, especialmente si eran niños e incluía estar encerrados en una habitación oscura y sin nadie, absolutamente, nadie más que la inocencia y él.
Aquel vejestorio siempre consiguió escapar, excepto de su asesino. Quien lo mató le hizo sufrir durante horas con cortes bañados de alcohol y gasolina, quemando partes de sus cuerpos y haciendo cortes de navaja, antes de avanzar hasta la mutilación. El señor mayor murió por el dolor de las heridas, no por ellas en sí mismas.
Su sangre, cuando la bolsa de basura negra se abrió como un libro aquejoso, bañó el suelo y las escaleras. Lenta, muy lentamente, con el movimiento sensual de la sangre.
El asesino del anciano, por cierto, era una chica. Una antigua víctima que vivía obsesionada con su agresor, que nunca pagó por su crimen. Era una chica que lucía siempre una sonrisa, pecas, una melena pelirroja, un vestido corto florido y sandalias que apenas hacían ruido.
La anciana vecina, que la viese marcharse esa mañana, que la perdonó en silencio por ser lo que la vieja ya no era y encontrar el cadáver, dijo a los medios de comunicación:
—Parecía una chica muy normal… Me dio… Los buenos días… Parecía… una buena persona.
Y es que la chica no sólo sonreía porque se había librado de su pasado con sangre, aunque así lo sellaba para siempre, sino también porque quería ser una de aquellos criminales que sus vecinos siempre decían:
—Era muy normal. ¡Siempre me daba los buenos días! No podía esperarlo. Parecía una buena persona.
Desde luego, fue una primera hora de la mañana excelente para adornar los medios de comunicación, ansiosos de rellenar un par de columnas, unos minutos de voz, otros de sonido… Era una mañana inolvidable.
O quizás, tan solo, una mañana más.

jueves, 28 de octubre de 2010

Relato: ¡Batea!


Entre mares de nubes blanquecinos, montañas de cristal se alzaban impetuosas. La luz blanca jugaba a nuestro alrededor, cegadora. Después de tanto tiempo, habíamos llegado. La paz se respiraba con el aire limpio, impoluto. ¡Oh! ¡Y las estrellas! Ellas te sonreían como la gente que te quiere: con amor, dulzura y luz, pero efímeras ante el fin. Era agradable soñar.
—Se prepara y… ¡batea!– dijo la mujer.
Desperté, abrí los ojos. El derecho estaba cubierto de una capa turbulenta grisácea, el otro estaba casi ciego. La sangre resbalaba por la frente. No podía moverme. No era un dolor de cabeza normal, era un dolor penetrante, como un corte frío. La asesina me partió la cabeza con un bate de béisbol. No era una mala manera de morir soñando. Lo malo realmente era morir.

Microrrelato 16: El lobo y la luna.

27-10-2010

Imagen de dominio público.
El hombre lobo no podía serlo.

Ya no aúlla a la luna llena, porque las luces y el humo turbulento de la ciudad, no le dejan verla.

Ésa es la verdadera maldición y es la que da auténtica pena.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Relato: La asamblea de monstruos


La asamblea de monstruos se encontraba consternada, asustada.
La Momia se secaba sus lágrimas con sus propios vendajes. En sus siglos de existencia no había visto nunca nada así. Era peor que los saqueadores.

El hombre lobo aullaba como un perro triste. Si hubierais visto lo que él había visto, os pasaría lo mismo. Os lo aseguro.

El monstruo de Victor Frankenstein sentía que sus tuercas se iban a oxidar con tanto llanto. Las lágrimas, por cierto, venían de serie. Cosas de estar hecho de cadáveres.

El típico asesino en serie dejó caer su guante de cuchilla, su motosierra y su machete para poner cara de horror y gritar como una de sus víctimas.

La bruja mantuvo temblorosa su bola de cristal. Ni siquiera durante los tiempos de fuego y persecución del pasado se sintió así.


El jefe de la asamblea, el conde vampiro sólo pudo decir:

—Última vez que se os ocurre encender esa caja tonta en una reunión, ¿entendido?

¿Qué estaban viendo?
¿Informativos o programas del corazón?
Te lo dejo a tu elección... entre otras cosas que tú decides.
Si lo piensas, sé sincero, ¿no sientes miedo?

martes, 26 de octubre de 2010

Microrrelato 15: Llámalo tristeza o como te dé la gana


Imagen de dominio público.
13-10-2010

Y la Momia estaba triste y lloraba, secando sus lágrimas en sus húmedas vendas, quedándose sin ellas; y porque se quedaba sin vendajes que la ocultasen, estaba triste. 

Quizás todos nos arrancamos la piel cuando nos lleva la congoja y nos lleva porque nos arrancamos la piel, pero no todos somos momias.

Relato: La prometida de la calavera


Su nombre no importa. Lo que importa es lo que está a punto de hacerte.
Era una niña buena. Era una pequeña hermosa. La más bonita que hubieras visto nunca. Nadie podía olvidar sus vivos ojos castaños, su sonrisa de diamante ni sus andares de princesita. Algo por lo que siempre hablaban de ella era su larga melena rubia, nunca le habían cortado el pelo y le llegaba hasta cerca del suelo. Tenía sólo unos siete años.
Eran otros tiempos. Una época que te obligaba a unirte a otra persona sólo por dinero incluso cuando eres una niña. Desde que el mundo es mundo, la gente tiene el terrible error de confundir el sentimiento del amor con eso que llaman dinero.
Así fue como la disfrazaron de novia con apenas ocho años, entre llantos y gritos. El hombre tenía muchas veces su edad. Y la quería… no por amor, la quería como se quiere un objeto. Tuyo, sólo tuyo.
Era de noche. La noche de la luna de miel. Huyendo del vejestorio, vagó velozmente por la vieja y fría mansión. Llevaba consigo una vela. Buscaba ayuda como el sol busca a la luna, como un ideal imposible. Vestida aún de novia, con las ropas manchadas de sangre, llevaba el pequeño candil. Corriendo como un alma en pena, llorando, en vano.
Eso fue antes de tropezar con su vestido roto y que la vela prendiese fuego su pelo, luego su rostro y finalmente su cuerpo. Ni siquiera todas las lágrimas pudieron apagar las llamas que la devoraron con la fiereza con la que su “querido” esposo la quiso para él.
El rostro de la niña se convirtió en una calavera calcinada con una mueca de horror para la eternidad… Y aún así, las lágrimas caían por ellos. Llorando hasta más allá de la muerte, con una tristeza infinita.
Era una fantasma que no lo entendía. Era una pequeña fantasmagórica. La más terroríficamente bonita que hubieras visto nunca. Nadie podía olvidar el velo que ocultaba su rostro y, quien viese bajo de él, una calavera contorsionada por el dolor, acompañados de su andar de espectro tirando de una cadena: su pasado. Algo por lo que siempre hablaban de ella en vida se había perdido: su pelo se redujo a cenizas que rodeaban su delicado cuerpecito. Tenía sólo unos siete años… para siempre.
Cuando de noche escuchas un súbito ruido, un grito o un llanto sin explicación, puede que sea ella. Dicen que, desde entonces, una pequeña novia con el traje reducido a harapos grisáceos vaga por el mundo como una canción triste que busca alguien que la continúe. No se ha cansado de buscar ayuda. Tal vez, era demasiado pequeña como para comprender que estaba muerta.
Sea como sea, lo que importa es lo que está a punto de hacerte.
Está detrás de ti.
Mirándote.
Ese escalofrío es ella tocándote.
Y pidiendo ayuda.
¿Se la darás?
Yo la he ayudado con este relato a encontrarte.
Ahora tú decides.
No la olvides.

lunes, 25 de octubre de 2010

Relato: Al final del pasillo...

Es el lunes de la semana de Halloween. Tu casa guardaba un sepulcral silencio, sólo roto de vez en cuando por lamentos. Ya sabes, los mismos sonidos que más de una vez no te han dejado dormir tranquilamente, cuando piensas “¿y si hay algo ahí?”. Es inquiétate, horroroso, capaz de hacerte temblar.

Sí, fue entonces, mientras estabas haciendo otra cosa, cuando en tu cuarto se escuchó una voz tenebrosa que susurró, como cadenas arrastrándose por el suelo:
—Buuuuuuuuuuuuuuuuuu…
Pensaste que debía ser algún mueble viejo sin importancia… o simples imaginaciones tuyas.
Algo respondió con un rugido.
—¿No te cansas de eso?– gruñó alguien, desde debajo de tu cama. No, no eras tú, evidentemente. Por sus fauces resbalaron esas cucarachas horribles que has llegado a encontrarte por sorpresa. Sí, las mismas que han hecho que más de una vez casi te diese un ataque al corazón.
La criatura de la boca infectada de bichos hablaba con un niño de menos de diez años, que vestía con ropa muy antigua, porque llevaba mucho, mucho tiempo siendo un crío. No lo conoces, aunque es familia tuya. Los tuyos quisieron olvidar a aquel pequeño. Él no les olvidó a ellos. Se detuvo como una ráfaga fría ante dos luminosos ojos que esperaban debajo de la cama, en la negrura, raspando el suelo con sus grandes garras.
—Es lo que debo hacer– dijo el renacuajo. Fue antes de empezar a mover las cosas de tu mesilla de noche. Suele hacer que te preguntes: “Pero… ¿No había dejado esto en otro sitio?”. Es cuanto menos desquiciante.
—Podríamos sacar conversación– farfulló con sus grandes y afilados colmillos podridos el monstruo del rostro deformado. Sus luminosos y fieros ojos se fijaron en el pequeñajo–. Por ejemplo… ¿Sabes que en Halloween es el día del año en que se registra la mayor cifra de envenenamientos a niños?– el chiquillo guardó silencio, la pregunta se convirtió en una retórica–. Parece ser que los psicópatas dan dulces envenenados.
El pesado (en más de un sentido) monstruo de debajo de la cama aguardó que el crío le respondiese. Simplemente, le dio la espalda a la bestia que quieres creer que no existe. El chaval le dijo antes de cruzar la pared:
—Imbécil, ¿por qué crees que estoy aquí?
Y el niño cruzó la pared de tu habitación, mientras su mandíbula caía carcomida por el vomito del veneno. Quería aparecerse al final del pasillo. Ser una sombra que te inquietase cuando caminases por él sin encender la luz. Obligarte a tocar el interruptor y, en el momento en que pensases que ya no estaba, seguir ahí.
El juego de aquel pequeñajo era asustarte, hacer que se te cayese tu vaso de agua, resbalarte con él, y caer partiéndote la crisma. Juntarte con el montón de dulces envenados con el que mataste a aquel niño. Puede que tú no seas ese asesino, pero para el niño sí. Todos lo somos por olvidarle… Y si eres el asesino y lees esto…
Viene a por ti.
Corre.
Al menos morirás haciendo ejercicio.
Ten cuidado.
Buenas noches. Espero que el monstruo de debajo de tu cama y el fantasma del final del pasillo te haga pasar una buena noche, entre ruidos y escalofríos. Dulces pesadillas… por toda la eternidad.



Especial de Halloween 2010: ¿Qué es Halloween?


Madrugada del lunes 25 de octubre del año 2010.
Saludos:
Hace años que vago por este mundo. Cosas de la inmortalidad. Huyes de sitios que odias y terminas echándolos de menos y regresando, porque no sabes cuándo será la próxima vez que desearás verlo. Cosas de la inmortalidad, de nuevo.
Ha pasado algo más de un doce meses desde que me marché del lugar al que ahora me dirijo. “El Antro de los Vampiros y Otros Monstruos”, un sitio donde se reúnen todo tipo de seres. Mi hogar.
Suelo transitar por este extraño mundo acompañada de mi discípula, pero me temo que ha vuelto a marcharse. Siempre está sedienta. Regresará, porque es un monstruo y junto a mí, se siente menos desgraciada. El mal acompañado del mal se siente más normal. Puedo decíroslo a ciencia cierta…, pero centrémonos antes de que me vaya por otros lares.

Aún recuerdo la primera vez que lo visite y la historia que me contaron. Vuelvo para compartirla con vosotros. Espero que os guste y, si no, os fastidiáis porque no os voy a devolver el dinero, básicamente debido a que no habéis pagado nada ¿entendido?
He dejado las cosas claras.
Bien, prosigamos.
Este relato sobre el origen de Halloween se lo escuché a un viejo vagabundo en “El Antro de los Vampiros y Otros Monstruos”, por el año 1900. He de decir que la noche de Halloween era perfecta para escuchar ese tipo de relatos y más para un vampiro que por aquel entonces era joven y sabiendo de su maldición, aún no sabía si el resto de los monstruos serían tan reales como él. Acabaría creyéndolo cuando habló con aquel mendigo. Voy a contaros su relato.

Desde hace tiempo, cada 31 de octubre, los monstruos celebramos la víspera del Día de Todos los Santos. Esto último (la víspera de Todos los Santos) es lo que significa la palabra proveniente del antiguo inglés “Halloween”.
Esta fiesta de origen celta. Según los viejos druidas…
—Los espíritus se marchan de los cuerpos una vez han muerto, pero regresan este día, el fin de nuestro año. Retornan en busca de alimento y aciaga la hora en que no les atendamos.
Gracias, señor druida. Puede seguir adorando a ese roble tan simpático, mientras dejan todo listo para consultarle a vuestro dios de la muerte, como soléis hacer cada año. ¿Vale?... Bien, ya veo que estáis de nuevo dale que te pego con las plegarias. No os piséis las barbas…
Continuemos.
Los celtas acabaran convirtiéndose al cristianismo… Más o menos. Algunos mezclaron su fiesta del fin del año celta con la del Día de Todos los Santos, que se celebraba al día siguiente. No era raro, por tanto, que los antiguos celtas se dedicasen a dar algo de miedo:
—¡Trancad las puertas! ¡Hoy vienen las brujas en busca de los niños!
—¡Cuidad vuestra alma! ¡Los muertos vuelven hoy!
—¡Rezad, porque vais a necesitarlo! ¡Los monstruos, los monstruos!

Cabe destacar que a los druidas se le ocurrió aquella idea gracias a cierto grupo de monstruos, como el mendigo que me relató esta historia (o yo mismo), que decidieron echarse unas risas a costa del miedo de los mortales… Si somos sinceros, no pensábamos que llegaríamos a tanto.
Así, el aire cristiano rápidamente se mezcló con el antiguo paganismo. La fiesta fue plagándose progresivamente de mis queridas brujas, mis añorados fantasmas, mis feroces licántropos y demás monstruos que, por una vez al año, somos admirados por todos. Una noche donde todos los mortales piensan que los monstruos que ven son disfraces. Pobre de ellos.

El avance imparable de nosotros, los monstruos, ha hecho que está fiesta pierda su raíz puramente cristiana. Ellos, los creyentes en Dios empezaron a rezar por sus almas y la de los muertos, al unísono, desde antes del año 1000. Nosotros hemos estado haciendo que caigan todos en el pecado desde mucho antes. Hemos estado infectando a varios países por donde nos hemos extendido para llevar a cabo nuestra fiesta. Así, la fiesta de Todos los Santos, cuando las divinidades festejaban en el cielo y los creyentes rezaban por sus seres queridos perdidos, se convirtió en el horror en que los muertos volverían de su tumba. El temor a la muerte de los mortales fue, evidentemente crucial.
—Por una noche, los monstruos podíamos convivir entre los mortales y reírnos con ellos. Sí, algunos fueron asesinados y demás para mantener el miedo y la diversión, pero era una madrugada también para recordar qué era la vida, mientras les evocábamos la muerte a los vivos– me dijo el hombre sin rumbo.

Su relato pronto se centró en una esperanza. Era una mujer alta y verde, que sostenía una antorcha. Era Estados Unidos, el destino de inmigrantes de diferentes nacionalidades. Fueron irlandeses los que introdujeron muchas de sus leyendas a aquella fiesta. Hasta los monstruos decidieron marcharse de la vieja Europa y probar suerte en Estados Unidos. Eran tantos que la fiesta no tardó en extenderse por todo el mundo.
—¿Es un sitio mejor?– preguntó la bruja a la hada. Observaban a la gran dama, aguardando a los huidos de sus hogares.
—Al menos es otro sitio– dijo la hada, sentada sobre un ataúd que iba en la bodega y sólo se abría cada noche para tomar un aperitivo.
Arriba, alguien aullaba a la luna llena.

Como veis, la fiesta no había hecho más que empezar y no tardaron en sumarse criaturas como el tramposo Jack O´Lantern, aquel cuya cabeza de calabaza de horrorosa mueca estaba impregnado de la luz de una vela. Sí, de ahí viene eso de las calabazas en Halloween, que también sirven para guiar a ciertas almas errantes hasta sus hogares. Sobre Jack O´Lantern…
—Mejor que no lo conozcas. Por algo ni Dios lo quiso en el Cielo ni el Diablo en el Infierno– me dijo el contador de historias venido de tierras lejanas, allende de los mares.

La fiesta no tardó en hacer furor entre esos seres tan terroríficos, lunáticos y extraños llamados… niños, quienes veían fascinante el miedo por un lado y, por otro, lo pasaban pipa yendo de casa en casa y diciendo:
—¿Truco o trato?
Y recibían ricos dulces con los que sus tripas amenazaban con reventar. He de decir que las brujas se lo pasaban bien. Tal y como me dijo una, hace tiempo que las hechiceras no comen niños. Les cogieron bastante respeto después de cierto encuentro con dos críos llamados Hansel y Gretel, una bruja y un horno. Ésa es otra Historia.

Sobre el origen de esa tradición, digamos que los monstruos convencemos a los chiquillos para que hagan cosas raras, desde asustarse a matar. Depende de cómo nos pille el día. Así, los monstruos que no salíamos de casa, éramos visitados de vez en cuando por niños. Algunos eran comidos, otros no. ¿Qué se les va a hacer?
—Toma, un hueso de santo, niño.
—Señor… ¿Se ha arrancado ese hueso de su brazo?
Y el esqueleto envuelto en su gabardina cerró la puerta de un portazo, indignado, se arrojó sobre su tumba:
—¡Niños maleducados! ¿No han escuchado eso de “A caballo regalado no se le mira el diente”?... ¿Dónde demonios he puesto mi fémur?

Además, los que vivían en cementerios eran visitados por sus familiares y eso nunca está mal. Hay muchos fantasmas que les gusta que se acuerden de ello. También mucho espectro presuntuoso que le encanta que le adornen la lápida. Otros se lo pasan pipa con sólo ver a su familia comer dulces con forma de calavera, sobre su lápida. Era una costumbre extendida en México cuyo origen estaba ligado a ciertos aquelarres de poderosas brujas.
Esta fiesta ha llegado de muchos y a multitud de lugares. Por ejemplo, en Galicia, se mezclan meigas, celtas y cristianos en sus raíces bañadas por la sal del mar y el agua de la lluvia. No es raro que allí se celebren fiestas similares al “truco o trato” o que, como en Andalucía, se hagan representaciones de su antihéroe por excelencia, Don Juan Tenorio.

—Sí, ya sé que da algo de pena que estas tradiciones se estén olvidando, pero es que todos aquellos que hemos vivido desde sus orígenes, no podemos vivir para siempre… como yo– me dijo el vagabundo.

Los niños y los no tan niños no tardaron en convertirse por una noche en (más aún) monstruos con caretas y extraños disfraces. He de decir que esto es quizás lo más raro que les ha pasado a los verdaderos monstruos en mucho tiempo. ¿Por qué diantres, de repente, pasa eso? Quizás, disfrazándose, estaban decididos a convertirse ellos también en monstruos y perderles el miedo, sea como sea…
—¡Soy una momia! ¡Dame golosinas!
La niña de siete años corría detrás de un extraño señor vestido de negro. Lentamente, éste se giró. Su rostro estaba oculto bajo un sombrero. Se lo quitó. La niña vio un rostro podrido cubierto de trapos desechos y bichos hambrientos. Los ojos de cristal de la criatura reflejaron a la pequeña muerta, muchísimos años después. La criaja salió corriendo. Se convertiría en una momia cuando muriese con cien años. Mientras, la de verdad se largó de regreso al museo de arte egipcio. Adoraba Halloween.

Cabe decir que ciertos criajos empezaron a tomarse en serio lo de “truco y trato”. O le dabas dulces o…
—¡Te destrozamos la casa, peludo de mierda!
Y el niño disfrazado de zombie fue encontrado reducido a huesos en el lecho de un río. La moraleja es nunca cabrees a un hombre lobo, pues no sólo la luna llena los enfurece. También los pequeñajos sin ningún respeto…


Así, una noche al año, muchos mortales y monstruos disfrazábamos de las fuerzas oscuras. Las brujas podían ir por la calle con la cabeza bien alta (o el sombrero de pico), los zombies esperaban comida en el cementerio, los fantasmas danzaban felices, los vampiros podíamos beber sangre hasta saciarnos y los licántropos aullar a la luna. Sea como sea, eran buenas noches donde el verdadero mal solía ser el que imponía el mayor monstruo de todos: los humanos.
Lo más triste quizás sea que hayas vivido tanto tiempo como para ver como una fiesta que comenzó hace tantísimo tiempo ha degenerado a comprar muchas cosas y a convertir el miedo en algo frívolo.
Muchos bichejos se metieron en el mundo ese del cine para ganarse la vida. Eran bestias de verdad y veían una oportunidad en las grandes pantallas. No se imaginaban que el género degeneraría en dar sustitos y hacer que muchos se acostumbrasen tanto que perdiesen el miedo. No los maldigo por eso, había que ganarse la otra vida como fuese.
Pero así son las cosas, los mortales han decidido negar nuestra existencia sin imaginarse lo cerca que estamos de ellos. Tanto que podríamos chocar.


Halloween se ha grabado a fuego lento como el horror y la sangre, evocarlo no estaría mal. Recordar por qué debemos tener miedo. Es así todo lo que se nos pide desde otros horizontes por donde los monstruos vagamos. Nosotros, los seres terroríficos, tenemos como objetivo llenaros de ese miedo e incertidumbre.
—Y ésta es la historia de Halloween– dijo el anciano que aparentaba sólo treinta años.
—¿Por qué me la has contado? ¿Crees en ella?
—Te la he contado porque tú deberás contarla un día a mucha gente y creo en ella como sólo puede creer alguien que ha vivido cerca de tres mil años: relativamente mucho. He de guardar letargo por un tiempo, estoy cansado.

Y el anciano de aspecto joven se marchó cubriéndose con un sudario negro, aquel Halloween de 1900. “El Antro de los Vampiros y Otros Monstruos” siguió atestándose de monstruos que hablaban de cientos de sustos, pero yo sólo podía evocar las palabras de aquel ser antiguo. Seguramente, perteneciendo a mí misma raza de condenados.
Al menos os he contado lo que él me contó y gracias a ello sigue vivo. Tal vez sólo quisiera que escucharais su historia para poneros una marca. Quizás regresará a por vosotros un día, cuando el viejo vampiro resurja.
No me dijo su nombre. Daba igual. Los vampiros llegamos a vivir tanto tiempo que terminamos viéndonos, tarde o temprano, de nuevo.

Todo eso es Halloween, el regreso de los monstruos de vez en cuando. Lo que yo mismo he hecho retornando para contaros esto.
Mientras, yo, me marcho de aquí como ya me he marchado antes. Tengo muchas cosas que hacer. Es la Semana de Halloween y vamos a pasarlo muuuuuuuuuuuuy bien y eso puede significar algo malo para vosotros, mortales.

¿Quién soy yo? Bueno, sé que algunos de vosotros me conocéis desde hace mucho tiempo y no pensabais que me volverías a ver por estos lares, pero ¿qué le vamos a hacer? Lo malo siempre vuelve y no iba a perderme Halloween y menos en este Antro que llevo regentando desde 1900.
Si os preguntabais si os echaba de menos… No sabéis cuánto. Se coge cariño a la carne.
Pasad una buena noche haciendo cosas malas.
F.D: Jack el Vampiro,
rumbo a Nueva Orleans.



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