4 de diciembre de 2010

Relato: Vi la luz al final del túnel... dos veces

“Vi la luz al final del túnel… dos veces”
Cuando Joe Wetting despertó no tardó en darse cuenta de que estaba sobre las vías del tren en un túnel…
Y eso que Wetting estaba muy, muy confuso. Las imágenes eran turbias, muy borrosas, oscuras. Era como si, sobre su pensamiento, hubiese caído un bote de tinta: asqueroso y muy negro todo. Le costaba respirar, por la nariz le caía la sangre.
Comenzar a moverse le costó mucho. Intentar no dejarse dormir de nuevo, más aún. Le chirriaban todo el cuerpo. No saber qué le había pasado lo estaba devorando. ¿Qué diantres había pasado? Estaba muy, muy confuso (y lo repito porque es que estaba realmente confuso).
Intentó pensar…
Su cabeza.
Le dolía muchísimo la cabeza.
Era un dolor penetrante, cada vez más y más fuerte. Sintió que perdía las fuerzas súbitamente ante aquel ataque.
Fue un acto reflejo y, para él, fue heroico: giró la cabeza a un lado y vomitó hasta la última papilla.
Estaba muy borracho.
Quiso ponerse de pie dos veces… “Quiso”, porque “conseguirlo” era otra cosa. Una vez, se cayó hacia delante y se rompió la camisa y el pantalón. La otra ocasión, consiguió apoyarse contra una pared. ¡Lo consiguió, qué gran hazaña!
Mientras, Joe miraba a su alrededor con los ojos entrecerrados. Se restregó los ojos y se los ensucio más. Dos preguntas se mezclaron en su mente: “¿Dónde estoy he metido ahora las manos, joder?”. Se puede descifrar algo así cómo: “¿Dónde estoy ahora?” o “¿Dónde he metido las manos ahora?”. El improperio lo podéis poner donde queráis.
Tardó aproximadamente cinco minutos en recordar lo que eran las vías de un tren, un túnel y él mismo (ya que estaba de paso).
¿Las vías de un tren?
Debía estar soñando.
Cerró los ojos.
Media hora después los abrió y se dio cuenta de que seguía en el mismo lugar donde los había cerrado. Si era un sueño, era muy repetitivo y cansino. Se sentía como la Belladurmiente en el País de las Maravillas o algo así… Estaba durando demasiado todo aquel rollo. Se levantó como pudo.
Se podía mover ahora… un poco mejor (lo que supone no estar en el suelo cada dos segundos, sino cada diez de media), aunque ya el dolor de la cabeza era insoportable. Sentía su boca pastosa y le dolían los huesos. Eso significaba que ya debía ser el día siguiente y la resaca parecía haber comenzado. Era, según él: “el reloj biológico. Para las pibas, es para saber cuándo preñarse. Para los tíos, es cuando nos ha llegado la resaca… Joder, me duele la cabeza… Aghs”.
Su mente aún seguía bañada de un mar de niebla alcohólica, pero una idea empezó a cobrar sentido.
Estaba muerto.
Seguramente, después de los cinco chupitos hizo un acto heroico. Se recordaba a sí mismo apartando a un tío enorme de una chica. Seguramente, ese gigante cabrón hubiera estado fastidiándola toda la noche. Él llegó ahí, en plan héroe y seguro que quedó genial. Después, cuando ella se derritió por él, Wetting decidió marcharse de allí para quedar aún más como un viejo vaquero: “Salvo a la chica y me largo sin beneficiármela. Soy un buen tipo”.
En algún punto de esa historia que recordaba a golpes, olvidó que le dieron en la cara y le rompió la nariz. Lo que sí quiso recordar es que, seguramente, borracho heroicamente, creyó ser un vaquero maloso de los que roban en los trenes para dárselo a los pobres, por lo que sólo es un antihéroe incomprendido. Como ese personaje histórico… Robin Ho… No se acordaba, bueno… Pues como Robin, el compañero de Batman.
En su mente, algunas cosas de ese estilo cobraban un perturbador sentido.
Como todas las malas ideas, en un principio, parecían buenas.
Mentira, estaba muerto.
Estaba pensando en eso antes de irse a la paja antes que al grano… O una metáfora semejante que pensó si es que a lo que hacía ahora se le podía llamar pensar.
Luego, vio una gran luz que impregnó todo el horizonte.
Y empezó la llorera.
¡Era el túnel de luz que ven los que han muerto antes de morir!
Lo recordaba. Lo leyó alguna… seguramente, lo vio alguna vez por la tele.
Joe empezó a llorar como una magdalena mientras comenzaba a caminar con dificultad hacia la luz.
Estaba muerto, pero había muerto como un héroe.
Lloró por su hermosa y épica historia: Joe el Salvador. Harían una película de él seguro donde lo interpretaría un tío molón de verdad, desde luego… Sería majestuosa, ganaría trece mil Oscars y esas cosas…
Muerto como un puto héroe, ¡por el amor de Dios!
Sí, eso.
Eso pondrían en su lápida:
JOSEPH WETTING
V
(1990-2010)
“Muerto como un puto héroe
¡por el amor de Dios!”


*

Bill Corey y Shawn Williams eran dos grandes amigos que les encantaba emborracharse los viernes. ¡Ah, también estaba Joe, que era como un enorme botella andante!
Shawn no bebía, pero le gustaba ir con Bill y Joe cuando ellos bebían. Bill y su amigo Joe se emborrachaban y Shawn “cuidaba” de ellos. Shawn estaba loco, así que no le hacía falta emborracharse. Seguramente, era como Obélix, cayó en una marmita de poción (whisky) de pequeño y ya no podía volver a tomarla. O eso es lo que siempre contaba Shawn para hacerse el rey de la fiesta a base de chistes malos.
—Tíooooooooooo, ¿cuándo crees que saldrá Joe de ahí?– preguntó Bill, algo cansado, aunque si podía tragar algo más de beber seguramente se animaría de nuevo. Tanto Shawn como él estaban sentados sobre una montaña polvorienta.
—Cuando se aburra, Billy, cuando se aburra– repitió Shawn, riéndose. Pensaba que repetir las cosas, a veces, le daba un toque solemne al asunto–. ¿Viste cómo aquel gigantón le partió la nariz de un codazo cuando Joe quiso “darle a la percutora” con aquella morena feucha? ¡Ja!
—Joder, y tanto, aún me estoy riendo– dijo Bill y empezó a reírse hasta que vomitó por tercera vez esa noche–. Joder… ¡Me estoy muriendo de risa!
Pero Shawn ya estaba fascinado con otra cosa. Tenía los ojos casi por fuera de las órbitas y la boca abierta de par en par. Después, empezó a saltar, pateando el suelo, como si, según sus palabras, fuese:
— ¡Un canguro poseído! ¡Soy un canguro poseído por el espíritu de… de alguien que salta mucho!– gritaba a más no poder–. ¡Ha salido el sol y me ha poseído! ¡Boing, boing! ¡Canguro poseído!– y se detuvo, añadiendo con dramatismo–: Joder, ¡ya se ha vuelto de día! ¡Es de día y estamos sobre la puñetera montaña donde hay un puñetero túnel!– se levantó y empezó a dar saltos sólo porque sí–. ¡Voy a dar vueltas por la tierra porque me mola!– se tiró por el suelo y empezó a rodar–. ¡Me mola y mucho porque soy la Emperatriz del Cairo! ¡Sí, sí! ¡Ay, tierra, tierrica rica!– mientras se tiraba tierra encima. Shawn estaba loco, ¿ya lo he dicho antes? Lo reitero. Lo extraño es que, en su mente, aquellas cosas tenían su lógica.
Debido a su “espectáculo saltarín”, Shawn estuvo a punto de caer hacia abajo, justo a la boca del túnel… Pero se detuvo en el momento exacto.
Bill se estaba partiendo de risa hasta que la montaña empezó a quejarse de su presencia, temblando a más no poder.
Un rugido metálico, cada vez más y más fuerte, algo infantil, se hizo presente en ese instante. Parecía que las entrañas de la tierra estaban gritando. Bill sólo pudo preguntar…
— ¿Qué es eso?– preguntó Bill, muy confundido–. ¿Es Joe?
Shawn se pudo serio, con aquel toque de los bustos clásicos. Puso incluso los ojos en blanco y no se volvió su piel gris, porque no tenía ganas. Entonces, dijo:
—No, gilipollas– y empezó a dar más saltitos, olvidando toda su recién ganada solemnidad–. ¡Es el tren! ¡El primer tren de la mañana!– gritaba, más que el primer hombre que vio un tren en su vida. Se quedó observándolo fijamente hasta que le encontró un parecido con… lo leeréis ahora–: ¡Míralo, Bill! ¡Joder, William Corey, juro por el amor de Elvis que parece un enorme falo metálico!– y empezó a dar vueltas sobre sí mismo, clamando al tren–: ¡Vete, falo metálico! ¡Vete y deja a la montaña en paz!– alzó sus manos y se sintió con el poder de un sacerdote, aunque rápidamente, cambió su papel–. ¡Deja que acabe de chillar con ese “chucu-chu-chu”! ¡Déjala que está destrozada, leches! ¡Ja, ja, ja! ¡No has esperando ni a que te hiciera el desayuno!– y cuando el tren empezaba a alejarse, empezó a despedirse–: ¡Adiós, falo metálico del amor! ¡Ja, ja, ja!– y se río con muchísima fuerza–. Mira, si hasta estás dejando sangre detrás y una cazadora como la de Joe… Ja, ja… Eh, espera un momento.
Joe Wetting tuvo dos túneles hacia la luz… Uno de verdad y otro mientras vagaba a la deriva de la existencia.

*
Bill Corey no volvió a tomar una gota de alcohol en su vida.
Shawn Williams se arrepintió de muchas cosas y se hizo sacerdote.
En la tumba de Joe Wetting dice:
“JOSEPH WETTING
V
(1990-2010)
“Querido hijo, hermano y amigo”.

Por ningún lado está la palabra “héroe”.


6 comentarios:

  1. Muy divertido el relato, Parece algo que se le ocurriría a Moore también, no sé si alguna vez has leído algo de él, pero es de un estilo parecido en sus buenos momentos.
    Me ha gustado bastante y muy original lo del doble túnel.
    Me ha recordado a que yo suelo ser siempre la que se queda sobria con mis amigos. Por suerte siempre me quedará el té, por malo que esté.

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  2. ¡Hola, Misery!

    Me alegro con eso de que te haya divertido. Aunque cuenta la historia de un error y de muchos cambios, considero que debía enfocarse en un sentido hasta cierto punto "gracioso" para que el "golpe final" fuera un buen golpe.

    Creo que te refieres a Christopher Moore, de él he visto varios libros y me han llamado la atención, pero la falta de dinero me ha impedido pillarlos. De todas formas, este año me he propuesto leer todo lo que he querido leer siempre (bueno, este año y el próximo) y creo que algo de Moore caerá. ¿Qué me recomienda?

    Cabe decir que en un primer momento pensé que te referías a Alan Moore, que es el escritor al que un día pretendo llegar aunque sea a los talones de sus zapatos o la punta de su barba.

    Gracias por lo del doble túnel, se me ocurrió una vez mientras veía ese videoclip de "Prodigy". Aunque no sea un grupo que me entusiasme, tiene un par de canciones muy buenas y recuerdo que mis hermanas mayores los escuchaban cuando yo era un renacuajo y me sentía fascinado por ese rollo decadente y extraño que tenían.

    En cuanto a todos borrachos menos uno, puedo decir que he llegado a sentirme identificado aunque el té... ¡aghs! xD

    Muchísimas gracias por su comentario y su opinión =)

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  3. Hola, Azufre. Me alegro de que te haya gustado la idea. Gracias por tu comentario =)

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  4. Hey!

    Como está?

    Espero que bien! La verdad es que el relato me gustó muchísimo, está muy guapo! Y la verdad es que tuvo que ser terrible que le pasara eso...

    Al final no le pusieron en la lápida la palabra héroe, pero bueno, lo que le pusieron es bonito!

    No sé cuando muera, espero ser una ancianita muy arrugada... xD

    Así que, como ya sabes, me gustó muchísimo el relato, está muy bien! Un estilo un molón de escribirlo, me gustó, escribes muy bien!

    Bueno, sea feliz y siga colgando cosas tan molonas!

    Besitos!

    Elsbeth Silsby.

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  5. Hey, Els!

    Estoy bien, gracias. Espero que tú también.

    Muchas gracias por tu opinión y considero que terrible o no, eso es algo que juzga el resto de la gente. Yo puedo tener mis ideas, aunque realmente incluso para mí se acerque al terreno de la comedia y, al final, te dé una cachetada para que asumas que podría pasar.

    Muchísimas gracias por su comentario, su tiempo, su opinión y por todas esas cosas.

    Cuídate =)

    Hasta pronto.

    =)

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